
Lunes 11 de febrero de 2008
AL PARECER LOS llamados rostros de Chilevisión recurren a la imprudencia para rellenar sus espacios. Imprudencia que se está traduciendo en estupidez. Ahora fue el turno de Felipe Bianchi, quien para comentar la información entregada por El Mercurio sobre el sueldo de Claudio Borghi (trece millones de pesos), dijo: "Este es el primer paso para la envidia". Imagino que Bianchi jamás ha revelado lo que gana en el canal de Sebastián Piñera. Imagino que debe ser una cantidad lo suficientemente obscena para creer que Borghi y él pueden ser sujetos de envidia. Al lanzar aquella frase se incluyó en un selecto grupo del que le costará salir.
Lo que dijo Bianchi, o mejor dicho sus temores o recelos sobre cuánto gana tal o cual, tiene que ver con una cuestión bastante antigua: las diferencias económicas provocan violencia social, violencia moral, violencia política en el caso de algunas revoluciones. Y lo que verdaderamente antecede a la violencia es la envidia.
En la Biblia existen varios ejemplos. El que más recuerdo es el de Isaac y sus innumerables hijos, que envidiaban tanto a José que terminaron vendiéndolo como esclavo. No creo que Felipe Bianchi llegue en su vida profesional a algún grado de esclavitud en Chilevisión, aunque con Piñera nunca se sabe. Si no, pregúntenle a sus pilotos.
Lo que Bianchi pasó por alto fue precisamente las diferencias económicas entre los chilenos, o si prefieren, la famosa distribución del ingreso. Desde este punto de vista, si yo revelo mi sueldo mensual (que a duras penas alcanza los 600 mil pesos), no ocurre nada, porque lo que gano, lo ganan otros chilenos, con mayor o menor esfuerzo. Pero si Andrónico Luksic, Nicolás Ibáñez o Piñera sinceraran sus ingresos, se produciría un hecho político que no sólo llevaría a la envidia, sino a la violencia. Tal vez por eso nadie dice lo que percibe. Es tan obsceno y violento que las consecuencias serían insospechadas en el plano social.
Para Bianchi es más relevante que se diga lo que gana tal o cual, básicamente por un asunto de pudor malentendido. Entiendo su temor a las consecuencias políticas, sociales y hasta personales de publicar cuánto vale su show, pero lo que debería escandalizarnos es por qué unos ganan tanto y otros tan poco y no que un diario de derecha se meta con el sueldo de los entrenadores de fútbol. De hecho, al comentario de Bianchi sólo le faltó un remate del tipo "y con esto, ¿adónde vamos a llegar, Dios mío?".
Me alegra entonces que El Mercurio esté induciendo a la violencia social o política en las páginas de Deportes. Ojalá que el editor de la sección -Bianchi ocupó ahí el mismo cargo- no sea despedido por ello. Porque tras una revelación de cuánto se gana, pueden surgir otro tipo de revelaciones aún más interesantes, como de qué forma se amasa una fortuna. Sin ir más lejos, todos saben que Piñera hizo la suya gracias al negocio de las tarjetas de crédito.
En otras palabras, no es cuánto ganas, sino cómo lo ganaste, y eso la mayoría de las veces es lo que realmente cuenta.