
Martes 12 de febrero de 2008
El que fuera secretario privado de Isabel II en la década de 1990, Robert Fellowes, negó hoy cualquier implicación en una conspiración para asesinar a la princesa Diana de Gales.
Lord Fellowes, cuñado de la princesa y que permaneció al servicio de Isabel II durante 22 años, testificó hoy en la investigación judicial sobre la muerte de la princesa, que falleció el 31 de agosto de 1997 junto a su novio, Dodi Al Fayed, al estrellarse su automóvil en el túnel del puente parisino del Alma.
Mohamed Al Fayed, dueño de los grandes almacenes Harrods, mantiene que Diana y su hijo, Dodi, fueron víctimas de una conspiración de los servicios secretos británicos en la que, según el magnate egipcio, habría participado Fellowes.
Al Fayed, que tiene previsto testificar en la investigación judicial el próximo lunes, ha asegurado incluso que Diana tenía miedo de Lord Fellowes.
"Se ha sugerido, concretamente en una carta del señor Al Fayed, que se dijo que había estado presente en la embajada británica a las 11 en punto de la noche el 30 de agosto de 1997, dirigiendo el centro de comunicaciones para enviar mensajes al GCHQ (centro de escuchas del Gobierno)", dijo Ian Burnett, abogado de la investigación judicial.
"En otras palabras, se ha sugerido que estuvo estrechamente afectado en el asesinato de su cuñada", añadió.
Fellowes, que está casado con la hermana mayor de Diana, lady Jane Spencer, negó que hubiera estado aquella noche en París y aseguró que se encontraba en Norfolk (este de Inglaterra), donde asistió a un acto en una iglesia de la localidad.
En su declaración, el ex secretario privado de la monarca británica indicó que las estancias de la reina Isabel II fueron sometidas regularmente a barridos para detectar posibles escuchas.
"No diría que hubiese una preocupación constante, pero sí, necesitábamos una confianza a intervalos regulares de que no se estaba produciéndose ninguna escucha", añadió Fellowes, que explicó que los barridos habían sido llevados a cabo por los servicios de seguridad.
Explicó que las interceptaciones de conversaciones telefónicas de Diana y el príncipe Carlos de Inglaterra, que dieron lugar a sonados escándalos conocidos como el "Squidgygate" y el "Camillagate", motivaron reuniones e intercambio de correspondencia entre los jefes del MI5 y el GCHQ en 1993.
Sin embargo, el entonces ministro del Interior, el conservador Kenneth Clarke, bloqueó una investigación al respecto.
En el "Squidgygate", la princesa Diana de Gales fue sorprendida, cuando aún era esposa del príncipe Carlos, en una conversación íntima con un supuesto amante que se dirigía a ella como "Squidgy", un apelativo cariñoso.
El "Camillagate" fue la transcripción de una conversación entre Carlos y su eterno amor, Camilla Parker Bowles, en la que el heredero al trono confesaba a la que ahora es su esposa su ardiente deseo de convertirse en su "Tampax".
La investigación judicial, que empezó el pasado octubre, debe establecer si la muerte de la princesa fue producto de una conspiración o de un trágico accidente.
Dos pesquisas policiales previas, una en Francia y otra en el Reino Unido, concluyeron que el suceso se debió a un accidente causado porque el conductor, Henri Paul y que también murió en el siniestro, conducía muy rápido y bajo la influencia del alcohol.