
Domingo 17 de febrero de 2008
Hace más de una hora, Pedro Gutiérrez espera que abran el portón para entrar a Caleta Mansa. No puede hacerlo a pie, porque la costa queda a más de cuatro kilómetros y su camioneta está cargada. El pescador decide no esperar más, toma una roca y golpea el candado, que se parte en dos. El portón de madera se abre de par en par. Ahora no sólo Gutiérrez puede entrar a su querida caleta, sino también otras 20 personas que, junto con él, esperan acceder a Agua Dulce, una playa cuyo acceso, durante los últimos 13 años, ha sido sistemáticamente restringido para quienes la disfrutaron toda una vida.
La bautizaron como Agua Dulce porque a pocos metros del mar hay un pozo de agua apta para beber. Ubicada en la Región de Coquimbo, entre Huentelauquén y Puerto Oscuro, Agua Dulce fue por años el lugar de veraneo favorito para toda la provincia del Choapa. Vecinos de Canela, Illapel, Salamanca y Los Vilos se daban cita en la playa, y la gente del sector, en especial los habitantes de Canela, solía trasladarse hasta allí con camas y petacas para celebrar carnavales, fiestas y hasta lunas de miel: "Al principio íbamos con carpas de saco. Era lindo, porque se pasaba súper bien, toda la gente venía. Cuando me casé, mi luna de miel fue allá", recuerda Lucía Cortés, mientras escapa del calor en la única plaza canelina.
Hace 13 años, sin embargo, la Comunidad Agrícola de Huentelauquén vendió los terrenos aledaños al balneario a la Inmobiliaria Agua Dulce, propiedad de Alfredo Larraín, quien cerró los accesos con el objetivo de construir un complejo habitacional, el que hasta hoy no se ha concretado. Y lo que al comienzo pareció una buena idea para incrementar el turismo y el comercio del lugar dejó a los vecinos sin su playa más querida.
La única construcción existente en los terrenos que dan hacia Agua Dulce es una pequeña casa, al lado del portón de madera tantas veces forzado por los turistas impacientes. La vivienda es de propiedad de Diego Zamora, actual cuidador y ex presidente de la agrícola que gestó la venta de los predios. Él vigila con celo quién entra y quién sale por el camino que lleva a la playa, ayudado por sus perros y uno que otro tiro al aire. Pero Mario Gallardo, agricultor de la zona, advierte que aquel camino lo construyeron los propios veraneantes que hasta hace diez años solían visitar Agua Dulce: "La playa fue siempre de los canelinos, toda la vida. Yo desde chico estuve preparando la playa, haciendo el camino. Ahora nos cierran las puertas. Hace 13 años que no puedo ir a la playa, y eso que la conozco como la palma de la mano".
El polémico camino es el que antes usaban los visitantes como acceso vehicular, pues Agua Dulce queda a más de cuatro kilómetros de la carretera. Aunque algunos intentan pasar a pie cuando Zamora se los permite o logran escabullirse entre las rejas, la mayoría trata de acceder a la playa a través de un camino ubicado más al sur, llamado El Peñón. Pero, una vez junto al mar, en el camino hacia el balneario hay otro obstáculo: las rejas que instaló la inmobiliaria llegan hasta los roqueríos, y no queda otra opción que romper las vallas o devolverse.
POLÉMICO ACCESO
La legislación chilena, a través del Artículo 589 del Código Civil, otorga el derecho al uso y goce de todas las playas del país. Dicho artículo señala que las playas de mar son bienes nacionales de uso público, cuyo dominio pertenece a la nación y todos sus habitantes.
Si bien el problema en Agua Dulce es el acceso al camino que lleva a la playa los propietarios no están obligados a liberar el paso por sus terrenos , muchos vecinos reclaman que ni cuando están en la playa pueden disfrutarla sin ser amedrentados por los cuidadores. "Nadie sabe quién es el dueño acá, nunca dan la cara. Mandan al señor del portón a tirarnos los perros y hasta nos han amenazado con armas de fuego. El año pasado venía de la caleta pasando por acá con dos de mis nietos y un tipo empezó a tirar balazos al aire y dijo esta playa es mía, la compré yo y aquí no quiero ningún mugriento ", cuenta Samuel Castillo. El pistolero era un jardinero del dueño que se había arrogado el título de "dueño de la playa", tal como lo ha hecho Diego Zamora. Cuando LND intentó conversar con este último, su respuesta fue un violento portazo.
Ya en Caleta Mansa, una de las cuatro playas de la comuna, Pedro Gutiérrez se ve preocupado. Sabe que romper el candado del portón le traerá problemas. Por de pronto, ya recibió un llamado del alcalde de mar, quien vela por el cumplimiento de los permisos de pesca que otorga la Armada, y asegura que "pronto los carabineros van a llegar acá a pedirme explicaciones".
La ley, supuestamente, dispone que los pescadores de Caleta Mansa no deberían tener inconvenientes para llegar a su lugar de trabajo. "Los propietarios de terrenos colindantes con playas de mar, ríos o lagos deberán facilitar gratuitamente el acceso a éstos para fines turísticos o de pesca, cuando no existan otros vías o caminos públicos al efecto", señala la legislación. Pero Héctor Martínez, otro pescador del lugar, afirma que no es la primera vez que tienen conflictos para pasar: "El cuidador nos cierra la puerta, no nos deja entrar o salir. Y nosotros mandamos el candado abajo porque no tiene por qué tenernos cerrada la puerta. Todo el tiempo estamos con el mismo problema".
CANELA SE ORGANIZA
Pero 2008 será recordado porque los canelinos dijeron basta. Luego de 13 años de esperar, reunir firmas e incluso enviar cartas a la Presidenta, los vecinos decidieron agruparse a través de Radio Asunción FM y exigir una solución definitiva para el acceso a playa Agua Dulce. La semana pasada organizaron una manifestación frente al portón de la inmobiliaria: "Nos llegó una carta a la radio diciendo que se habían reunido para luchar por el tema de la playa y aprovechamos los contactos con los corresponsales de provincia hasta que nació la protesta. Se reunieron más de dos mil personas, 300 automóviles, se cortó el transito por más de media hora, se botó el portón y la gente pudo ingresar por fin a la playa", explica Darwin Cortés, locutor de la emisora.
Aunque fueron noticia en algunos diarios y aparecieron en la televisión regional, los canelinos no consiguieron tener su playa de vuelta, al menos por este año. Pero aseguran que no cejarán en su protesta. "Es que es un reclamo de 13 años y la gente ya se cansó. Esto no puede seguir así, es sólo cuestión de voluntad política; habiendo voluntad, yo creo que la playa se puede abrir", asegura Sergio Cortés, otro vecino.
Voluntad política o no, lo cierto es que para restablecer un acceso directo a la playa Agua Dulce se han barajado distintas opciones que aún no dan frutos. En 1997, el intendente de la época intentó iniciar un proceso de expropiación, pero el anterior alcalde de Canela, Norman Araya (entonces PC, después PPD), se negó a apoyar la medida aduciendo que el proyecto inmobiliario que supuestamente se construiría en los terrenos de Alfredo Larraín sería una importante fuente de ingresos para la comuna. El actual alcalde, Nathan Trigo (PC), es suspicaz: "Desconozco cuál habrá sido el compromiso, pero usted sabe: mientras más grande es la limosna, hasta el santo se pone medio desconfiado". Y los pescadores de Caleta Mansa también desconfían: "Yo no sé por qué no colocó la firma si la gente de Canela lo eligió para eso. Nosotros nos preguntamos por qué no firmó. ¿Tendría arreglos con los dueños?", se pregunta Héctor Martínez.
SOLUCIONES EN ESPERA
El lunes pasado, la secretaria regional ministerial de Bienes Nacionales de la Región de Coquimbo, Mónica Bazán, y autoridades municipales de Canela se reunieron con dirigentes de la Comunidad Agrícola de Huentelauquén dueña de los terrenos colindantes a los de la inmobiliaria para discutir la construcción de un camino alternativo que permita el acceso vehicular. Asimismo, Trigo y el diputado Renán Fuentealba se reunirán el 3 de marzo con el ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar, para proponerle que dicha cartera expropie los terrenos.
También a raíz de este caso, la diputada Adriana Muñoz propuso una modificación al Artículo 13 del DL 1.939, manifestando que "en aquellos casos en que la distancia entre el camino público y la playa y las condiciones del predio colindante lo justifiquen, el intendente podrá establecer que por el acceso gratuito puedan circular vehículos livianos".
Ninguna de estas posibilidades, afirman en el municipio, contempla la participación de la Inmobiliaria Agua Dulce, que se han negado sistemáticamente a participar en algún acuerdo. "El problema es la inmobiliaria de Alfredo Larraín, que mantiene su puerta cerrada y no permite que la gente entre a bañarse, en circunstancias que en Año Nuevo o fines de semana se pueden ver ahí más de 600 carpas, y para ellos sí que no hay restricción alguna. Ni siquiera se les aplica el Código Sanitario", se queja el alcalde Trigo.
Mientras se encuentra una solución, los canelinos siguen anhelando su querida playa. Como pide Patricia Ossandón, otra vecina, "que la playa se abra, que sea libre. Como era antes, como ha sido toda la vida". Eso es lo único que quieren. LND
