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  Obama arrolla a Clinton, pero el empate sigue…

Martes 19 de febrero de 2008

Tras ocho triunfos consecutivos, desde el empate del Súper Martes, cualquiera podría creer que Barack Obama está en una posición cómoda para el resto de las primarias demócratas. Pero al ver los resultados, él y Hillary Clinton prácticamente siguen empatados: Obama a la cabeza del proceso, con mil 223 delegados, y luego la senadora por Nueva York, con mil 198 delegados (incluidos los superdelegados, según cálculos de la BBC). Esto ocurre, en parte, gracias a la ventaja que Clinton mantiene por sus victorias en los estados más grandes y por las preferencias de los superdelegados. Éstos no están sujetos a la fórmula de elección de las primarias; representan en torno a 20% de la Convención Nacional Demócrata que elige al candidato del partido; el grupo incluye a ex presidentes de EEUU, gobernadores, congresistas y unos cuantos funcionarios partidarios.

El virtual empate ha sido facilitado por la fórmula demócrata de realizar una repartición proporcional del número de delegados, en relación con el porcentaje obtenido por los candidatos en un estado (no es el ganador se lleva todo de los republicanos). Aunque la seguidilla de triunfos de Obama era esperable (dado el perfil del elector demócrata en los últimos estados en que se realizaron primarias), su éxito ha revelado que su mensaje está llegando a diferentes grupos, rompiendo patrones de conducta que hasta hace poco beneficiaban a Hillary. Obama está transformando sus pequeños triunfos en grandes señales a quienes aún no votan.

De todos modos, para cargar la balanza en su favor entre los superdelegados que todavía no han hecho pública sus preferencias, Obama requiere un triunfo en un estado grande. Los críticos de su campaña dicen que algunas de sus victorias más contundentes en verdad no sirven para mejorar las posibilidades de un demócrata en noviembre, porque estos triunfos han ocurrido en zonas muy conservadoras que, históricamente, no han apoyado a los candidatos del partido. En cambio, los populosos estados de Ohio, Pennsylvania y Texas, que suman más de 500 delegados, pueden resultar clave ante los superdelegados indecisos, en caso de que ambos candidatos lleguen al final sin mayoría absoluta.

Pese al gran momentum que Obama disfrutó los días previos al Súper Martes, el senador por Illinois no pudo lograr un triunfo en un estado populoso y de peso en la historia electoral norteamericana (excepto en el suyo). Debería ganar por lo menos en uno de estos tres grandes estados que quedan por disputarse si desea propinar un golpe más contundente y desmoralizador a su adversaria. De todas formas, aunque las encuestas siguen indicando que el impresionante avance de Obama todavía no queda reflejado en un cambio de opinión sustancial en estos estados pendientes, tampoco se puede descartar que los pequeños pero consecutivos triunfos lleven a desgastar la moral (y el bolsillo) de quienes apoyan a Hillary.

Es lógico imaginar que la contienda en Ohio, Pennsylvania y Texas será muy intensa y emocionante, porque a estas alturas ni Hillary puede prescindir de una victoria ni Obama puede seguir posponiendo un triunfo en un estado populoso.

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