
Martes 19 de febrero de 2008
Barrios como el de Anacostia nunca salen en las fotos de la capital neoimperial estadounidense. De Washington son famosas las imágenes de la liturgia del poder, del culto a la propia historia: el Presidente en la pulcra rosaleda de la Casa Blanca, la cúpula iluminada del Capitolio, la belleza geométrica de los monumentos de mármol en el Mall. Pero a escasos minutos en coche, cruzando el río Anacostia, aparece el rostro de una de las ciudades más segregadas de EEUU, los barrios afroamericanos postrados en la pobreza y la violencia.
La Ketcham Elementary School, una escuela primaria con 360 alumnos fue colegio electoral para las primarias. No se veía a ningún blanco en las calles, excepto una pareja de jubilados, de una organización caritativa de Virginia que trajo material donado para los alumnos. En Anacostia, como en todo Washington, con casi 60% de población afroamericana, rige un toque de queda nocturno para menores de 17 años. Si la policía los ve deambulando, les puede poner una multa o detenerlos.
"¿Cómo puede Barack Obama cambiar un barrio en el que nunca ha vivido, que ni siquiera ha visitado?, se pregunta Dirk. "Lo mismo que Bush. Jamás ha pisado estas calles. No he visto nunca una caravana presidencial por aquí interesándose por cómo puede cambiar esta zona". Neil, ingeniero jubilado, confiesa que va a votar a Obama porque "es más justo", aunque advierte que lo tendrá difícil para ganar. "Los Estados Unidos son un país racista. Esa es la única razón por la que quizá no lo consiga. Sí, le ayudará el voto joven. Pero los trabajadores mayores de 60 son racistas".