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  El pragmatismo puede ser una virtud

  Se escucha decir que "lo político" domina ahora sobre "lo técnico". Hay que evitar las simplificaciones. Nada garantiza que el hecho de privilegiar lo político asegure buenos resultados. Todo dependerá de la calidad de las decisiones.

Martes 19 de febrero de 2008

CUANDO EDMUNDO Pérez Yoma fue designado ministro del Interior, la percepción dominante fue que él reunía varias de las características que se necesitaban para rediseñar la gestión gubernamental con el fin de darle mayor organicidad y coherencia. Fue evidente que asumía como jefe de gabinete con amplias facultades de conducción, con la tarea de secundar eficazmente a la Presidenta Michelle Bachelet en la compleja misión de mover el Ejecutivo en una dirección clara y productiva, en la que, en lo posible, no hubiera zonas de indefinición o de conflicto interno.

En los 43 días transcurridos desde que asumió, Pérez Yoma ha confirmado que es un hombre de acción, que entiende que la tarea de gobernar implica fijar prioridades, actuar con realismo, anticiparse a los conflictos, tomar posición frente a los problemas. Ejemplo de esto último fue su decisión de apoyar HidroAysén, lo que implicó optar frente a las posibilidades concretas que tiene el país en materia energética. El punto de partida era que, aunque haya polémica con los grupos ambientalistas, La Moneda no puede abstenerse de elegir un curso de acción en este ámbito estratégico.

Se supone que el Transantiago ya no será problema este año, pero no faltarán otros. La sequía es uno de ellos. El conflicto mapuche es otro. Quizás habrá nuevas turbulencias económicas de origen externo. Y siempre surgen los imprevistos y las emergencias. Lo que importa es el criterio con que se enfrenten las dificultades y la voluntad de encontrarles el mejor remedio posible. Para ello es determinante el sentido de orientación. Hay que aprovechar la capacidad instalada del Estado, para lo cual los ministros y los jefes de servicio tienen que combatir la inercia del burocratismo.

Se escucha decir que "lo político" domina ahora sobre "lo técnico" en la gestión gubernamental. Hay que evitar las simplificaciones. Nada garantiza que el hecho de privilegiar lo político asegure buenos resultados. Todo dependerá de la calidad de las decisiones, de la posibilidad de que ellas resguarden el interés nacional adecuadamente, lo cual no libera a quienes las adoptan de pedir consejo a los expertos. El ejercicio del poder exige integrar todos los factores, incluido por cierto el conocimiento calificado.

A veces se confunde la preeminencia de la política con la subordinación al partidismo. En realidad, es precisamente lo contrario. Reivindicar el valor de la política significa trascender el espíritu de capilla o de bando, defender resueltamente el bien común, alentar los grandes acuerdos. Ello no quiere decir que los partidos no tengan un papel relevante que cumplir, pero este consiste precisamente en contribuir al logro de las metas nacionales, que en el caso de Chile son, ni más ni menos, que aquellas que pueden acercarlo al umbral del desarrollo.

Lo deseable es que los partidos de la Concertación entiendan que lo que está en juego es, en primer lugar, la perspectiva de progreso del país. Eso definirá el balance final del Gobierno de la Presidenta Bachelet. Si contribuyen generosamente a ello, ganarán la confianza de los ciudadanos. Ojalá no lo pierdan de vista los parlamentarios de la coalición.

El Gobierno será evaluado por sus obras. En áreas como Obras Públicas, Energía, Vivienda, Educación, Salud y seguridad ciudadana, la gente quiere ver frutos concretos o, por lo menos, un horizonte de realización de los proyectos prometidos.

La gestión de Gobierno exige también articular un discurso que dé cuenta del rumbo que lleva el país, que explique a los ciudadanos las motivaciones de determinadas decisiones, que aclare el sentido global de la labor del Ejecutivo. Se pueden adoptar resoluciones apropiadas, pero si falla el mensaje, las resoluciones parten con déficit. No pocas dificultades surgen de descuidar la necesidad de que el Gobierno tenga una sola voz, además coherente, respecto de las cuestiones fundamentales.

En el ámbito de las comunicaciones es imperioso corregir las malas prácticas. Los ministros del equipo político no están obligados a comentarlo todo ni a opinar de cualquier cosa que les pregunten. Está claro que ciertas improvisaciones causan estragos. Ese es un foco de contaminación de la agenda que debe ser neutralizado.

Se alude a veces al pragmatismo como sinónimo de utilitarismo. Pero puede ser también un principio de búsqueda de la eficiencia, de esfuerzo por conseguir resultados en el marco de una perspectiva política y programática definida. En suma, una forma de concebir el realismo político. Todo parece indicar que ese es el empeño del ministro del Interior.

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