Más allá de los mensajes llamando a la transición política en Cuba que han emitido diversos gobiernos ante el anuncio de renuncia a sus cargos hecho hoy por Fidel Castro, el sistema vigente comunista hace 49 años en la isla y el embargo atosigante en su contra mantenido por Estados Unidos desde los 60, gozan, al menos por ahora, de muy buena salud.
El parlamento cubano realizará el próximo domingo 24 de febrero la reestructuración del Consejo de Estado en un trámite marcado por la renuncia del Presidente, Fidel Castro, quien encabezó ese órgano desde 1976 y no participará de la reunión.
Las expectativas sobre la reelección o no de Castro para ese puesto terminaron hoy cuando el mandatario anunció su renuncia a los cargos que ejerce decisión que deja las puertas abiertas para una renovación de mandos.
De ese Consejo es vicepresidente primero Raúl Castro, quien sustituyó a su hermano Fidel en la presidencia desde el traspaso del mando con carácter provisional, el 31 de julio de 2006. Por ello, pude esperarse que Raúl Castro sea elegido para encabezar ese consejo.
No es predecible, no obstante, si el puesto de Comandante en Jefe -muy simbólico- sea utilizado o no como tal nuevamente en la nomenclatura política cubana como un gesto de respeto al jefe máximo retirado, pero en sus funciones también parece indiscutible que el hermano menor de Fidel Castro ocupará la responsabilidad.
La renuncia del presidente cubano a ser reelegido coloca también en un plano destacado a otras figuras del gobierno: el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Pérez Roque, ambos experimentados en el ejercicio de sus respectivas posiciones.
Tanto Fidel Castro en una de sus reflexiones, como Raúl en un discurso durante su presidencia interina, dejaron claro que existe el objetivo de la "dirigencia histórica" de la revolución de dar paso a una "nueva generación" que se ponga al mando.
En una carta que publicó el 8 de enero y cuyo fragmento incluyó en el mensaje de hoy, Fidel Castro expuso que "mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir".
Embargo vigente
En tanto en materias económicas, y tal como lo ratificó hoy el segundo del departamento de Estado norteamericano, John Negroponte, el embargo contra Cuba aplicado por Estados Unidos está lejos de levantarse.
Pese a la renuncia, el bloqueo a la isla caribeña seguirá vigente, al menos de momento, debido a una serie de disposiciones legales que impiden al presidente, George W. Bush, revocarlo y sólo otorgan esa competencia al Congreso.
Son disposiciones previstas en la Ley Helms-Burton de 1996, que endureció el embargo o bloqueo económico, comercial y financiero a La Habana y que establece claramente que mientras un miembro de la familia Castro esté en el poder, el presidente de EEUU no podrá decidir el fin de la medida coercitiva.
Dada la situación, la revocación de Ley Helms-Burton y del embargo unilateral que está vigente desde el 7 de febrero de 1962 tendrá que discutirse y aprobarse en el Congreso, algo que se considera más fácil con Raúl Castro al frente del país y que ya se intentó en alguna ocasión, aunque sin éxito debido a la fuerte presión del "lobby" cubano en el exilio.
La Helms-Burton, que impide que empresarios extranjeros con negocios en EEUU hagan inversiones en Cuba, fue promulgada en marzo de 1996 después de que aviones de la Fuerza Aérea de Cuba derribaran dos avionetas de la organización de exiliados cubanos "Hermanos al Rescate" sobre aguas internacionales en el estrecho de Florida.
Varios años antes, en 1992, Washington ya había endurecido el bloqueo inicial con la conocida como Ley Torricelli, por la que se prohíbe entrar en puertos de EEUU durante seis meses a barcos que hayan comerciado con Cuba.
Más recientemente, en 2004, Bush promulgó nuevas normas que aumentan las restricciones de los viajes a la isla y el envío de remesas a ese país.
Los expertos coinciden en que las compañías estadounidenses que llevan tiempo preparándose para su desembarco en la nueva Cuba sin Fidel Castro, deberán tener un poco de paciencia y esperar a que sea posible el restablecimiento de relaciones económicas y políticas normales.