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  Crisis del crédito cambia la vida cotidiana en Estados Unidos

  Crisis del crédito cambia la vida cotidiana en Estados Unidos

  Los estadounidenses han demostrado ser sorprendentemente ingeniosos para gastar el dinero, pero eso parece acabar.

Jueves 21 de febrero de 2008


En los años 1950 y 1960, a medida que aumentaba la popularidad de las tarjetas de crédito, muchos comían afuera cuando surgían ganas de hacerlo y a comprar televisores nuevos en el momento, en lugar de esperar el día del pago.

En los 80, muchos estadounidenses confiaban sus ahorros al mercado de valores, utilizando las ganancias para gastar por encima de sus ingresos. Hace poco, de manera más exuberante, millones pidieron prestado contra el valor de sus casas.

Pero ahora los días sin freno del crédito y el riesgo pueden haber terminado su carrera en los Estados Unidos -al menos por un tiempo y quizás por mucho más- mientras en varios hogares se inicia un período de austeridad involuntaria.

Con los empleos cada vez más escasos, los precios de las viviendas desplomándose y los niveles de endeudamiento inflándose, el mismo país que fue pionero de la hipoteca no-money-down (sin depósito inicial), se enfrenta a un imperativo desconocido: más estadounidenses tienen que vivir solamente de lo que ganan.

"TODOS QUIEREN SER RICOS"

"Nosotros vivimos en una ciudad pequeña, y todo el mundo mira cómo estás vestido, qué auto manejas y dónde te arreglaste el cabello", dice Gamble, quien gana alrededor de dos mil 600 dólares mensuales como consejero para diferendos en una prisión.

Ahora ella y su esposo -un guardia que trae a casa dos mil dólares al mes- lidian con una deuda por valor de diez mil dólares con intereses elevados. "Lo que decimos ahora es si podemos pagarlo, lo compramos . Si no, se queda en el mostrador".

Por décadas, esa envidia fue un motor primario del crecimiento económico. Los consumidores dispuestos a endeudarse ansiando esto de última generación y aquello más rápido mantuvieron las fábricas ocupadas desde Michigan hasta Malasia.

De 1980 a 2007, el gasto del consumidor se infló de 63% de la economía a más de 70%, según Moody s Economy.com, mientras que los ingresos después de impuestos absorbida por la deuda de los hogares aumentó del 11% a más del 14%.

En los noventa, hacer un presupuesto parecía un anacronismo reservado a los trogloditas que "no entendían" y la Reserva Federal estadounidense redujo las tasas de interés a mínimos que casi son récord, los bancos marketearon hipotecas con términos poco claros y estrictos y otra fábula de la creación de riquezas se estableció: los precios de las viviendas podían aumentar eternamente.

Una casa ya no era un lugar donde vivir simplemente; era una chequera que nunca exigía un depósito. Entre 2004 y 2006, los estadounidenses obtuvieron más de 800 mil millones de dólares al año de sus casas por medio de la venta, las hipotecas cash-out (venta en efectivo) y los préstamos inmobiliarios.

Algunos estadounidenses han amasado tanta fortuna que son capaces de gastar lo suficiente como para mover gran parte de la economía.

La quinta parte superior de los asalariados estadounidenses genera la mitad de todo el gasto del consumidor. En lo que respecta al resto de la población, algunos sostienen que el crédito es una parte tan intrínseca de la vida moderna que pronto los estadounidenses volverán por más.

"Un río de números rojos atraviesa la historia de la billetera estadounidense", dice el escritor Lendol Calder. "En parte por el deseo, en parte por el optimismo, y en parte porque los prestamistas han estado libres para inventar herramientas útiles de crédito que minimicen la vergüenza y la molestia", señala.

"Pienso que hará falta una gran catástrofe, mayor que la de la Gran Depresión, para destetar a los estadounidenses de su dependencia del crédito al consumidor", agrega Calder.

NUEVO PANORAMA

Pero en la medida que muchos hogares están en peligro financiero, la visión estadounidense del riesgo se está reformulando. La semana pasada la corredora Ameritrade colocó anuncios promocionando "la seguridad y la estabilidad" de sus negocios, ofreciendo seguros que "no posee valores de subprime".

Los consejeros crediticios están inundados de peticiones no sólo de las personas con modestos recursos que han perdido el empleo o por enfermedad, también de profesionales que reciben ingresos de seis cifras, cuyo acceso a las finanzas disminuye su capacidad de distinguir entre necesidad y deseo.

"Cuanto más tiempo ha vivido una persona con ingresos elevados, más difícil le resulta volver atrás", dice Manuel Navarro, de Money Management International, en San Diego. "Les pregunté: ¿realmente ustedes necesitan tener un televisor de pantalla plana de 60 pulgadas colgado en la pared? ", señala Navarro.

*International Herald Tribune, The New York Time Syndicate

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