
Jueves 28 de febrero de 2008
Bob Dylan en todas sus mañas. Sin cruzar palabra con el público, de sobre y traje gris para toda su banda, Su Oscar para "Mejor Canción" que recibió por "Things have changed", era el único adorno sobre el escenario, ubicado sobre un amplificador.
Ni "hola" había cruzado con las 10 mil personas que asistieron a verlo el lunes al Auditorio Nacional de Ciudad de México, donde llegó tras 18 años de ausencia.
El set arrancó con "Rainy day woman #12 & 35", la canción inicial también de su disco "Blonde on blonde" (1966). Y así avanzaron las canciones sin negar ningún clásico de su repertorio: tras las tres primeras canciones, con Dylan a la guitarra, el poeta se pasó al piano y de ahí no se paró.
El clásico "Masters of war" (1963) abrió el segmento al teclado, en una de las interpretaciones más bluseras del catálogo folk con que Dylan patentó su ingreso a la historia musical.
Con leves inclinaciones de cabeza entre canción y canción, con una banda de soporte que incluye cinco músicos, Dylan se paró en un escenario sobrio.
Los temas incluyeron las históricas "It ain t me babe" y "Stuck inside of mobile with the Memphis blues again", además de cortes de su último disco a la fecha, "Modern times" (2006), como "The levee s gonna break", "Spirit on the water" o "When the deal goes down".
La primera parte del concierto terminó con el himno "Like a Rolling Stone", tras lo cual el ganador del Premio Príncipe de Asturias 2007 abrió por primera vez la boca para presentar a cada uno de sus músicos. Volvió con "Thunder on the mountain" también de su último disco- y cerró con "Blowin in the wind", tras cerca de dos horas de concierto.
COMBOS IBAN
En 1975, Dylan cerraba su gira "Rolling thunder revue" celebrando en el Madison Square Garden por la liberación del boxeador Rubin "Huracán" Carter. Activismo por el boxeo que plasmó en canciones ("Who killed Davey Moore?" y "Hurricane", por ejemplo) se reactivó en Ciudad de México: el martes en la tarde, Dylan y tres hombres entraron al Gimnasio Nueva Jordán y pagaron el día de entrenamiento.
"Pinches viejitos, les va a dar un infarto", comentaba un manager de boxeadores del gimnasio, Rodolfo Guerco Rodríguez, según contó más tarde al diario El Universal de México. Nada de eso.
Sin que nadie lo reconociera, el poeta de Duluth le dio al costal, a la pera, se subió al cuadrilátero con sus acompañantes, y luego prefirió observar a los jóvenes boxeadores chilangos.
Ese mismo día, Dylan protagonizó otro de sus famosos trucos de aparición-desaparición: lo advirtieron en el Metro del D.F., observando una exposición fotográfica de lucha libre. Se dejó fotografiar con celulares, pero nunca posó.
Anoche, Dylan se presentaba nuevamente en Ciudad de México y hoy cumplirá con una de las tres fechas que le quedan en ese país.
Su periplo latino -que podría ser el último, según comentó el promotor de la gira en México- continuará por Brasil, Chile y Argentina. Para su cita del 11 de marzo en Arena Santiago, ya están agotadas las localidades en galería, las más económicas del show.