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Jueves 28 de febrero de 2008
Vincent van Gogh sufría desordenes mentales. La historia dice que su trastorno bipolar (también se habla de esquizofrenia) le jugó una mala pasada y lo llevó a darse un tiro en el estómago causándole la muerte.
Él, el más genial de los pintores postimpresionistas, que en vida sólo vendió dos cuadros, es uno de los referentes de los enfermos siquiátricos de Avenida La Paz.
Ejemplos en el arte hay muchos: los escritores Edgar Alan Poe, Virgina Wolf, León Tolstoi o el compositor austríaco y director de la Opera de Viena, Gustav Mahler, también padecieron enfermedades siquiátricas. Todos fueron artistas geniales tachados de locos.
Pero más allá de los ejemplos de esquizofrénicos ilustres, en el taller de pintura del Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak también hay un grupo de personas que gracias a la tela y el pincel han podido sobrellevar sus enfermedades mentales.
Los alumnos del pintor y artista plástico Chedomir Simunovic exhiben en el hall central del Centro de Arte Alameda la quinta muestra anual de arte psiquiátrico, donde se pueden apreciar los trabajos pictóricos hasta el 6 de marzo.
UN MUNDO DE COLORES
El taller de pintura del siquiátrico es para algunos una pequeña luz que alumbra en su enfermedad. Ubicado al interior del recinto de Avenida La Paz, cada miércoles recibe a los "artistas" desde las nueve de la mañana hasta el mediodía. Ante la presencia de personas extrañas, la descofianza se siente en la atmósfera y los internos miran oblicuamente.
Pero una vez que se les explica que la intención es conocer sus pinturas y a condición de no mencionar sus nombres, muestran su trabajo y parte de sus vidas.
Finalizado el taller del día de ayer, entre pinceles, pinturas y telas dos pacientes relatan sus experiencias pictóricas. Una mujer, de 45 años de edad y que desde los 14 presenta un trastorno bipolar, explica que la pintura "para mí es como un relajamiento, un desahogo emocional.
La pintura es como un bálsamo curador, un sedante pictórico, un neuroléptico (remedio) de colores". Agrega que "cuando uno ve obras de otros pintores como Picasso, Matta o Antúnez, uno los ve a ellos allí, como si uno viera sus almas, sus emociones todo su dolor y alegría...".
Mientras la mujer muestra sus cuadros, un compañero de taller, quien padece esquizofrenia hace treinta años, cuenta que al pintar "uno se va dando cuenta cómo va haciendo las cosas, si bien o mal y porqué las hizo bien o mal, no como en la vida cotidiana. Con la pintura he podido superar la preocupación por la idea de la muerte...", dice con la vista perdida con el gesto de un artista loco y genial.