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  "Sugar Rush": Las aventuras de una lesbiana virgen

  "Sugar Rush": Las aventuras de una lesbiana virgen

Jueves 6 de marzo de 2008


Una serie que ha sido acosada por grupos ultracatólicos y conservadores siempre promete cosas interesantes. "Sugar Rush" cumple con esas expectativas, presentándonos un melodrama adolescente que escapa a muchos kilómetros de lo que se acostumbra en este género.

Más allá de los estereotipos clásicos y los argumentos facilones, la historia de Kim y su amiga Sugar se mete de lleno en los problemas de la adolescencia con una mirada refrescante, liviana en sus argumentos, pero profunda y universal en su contenido.

Kim es una pelirroja de quince años que está enamorada de su mejor amiga, la sensual y extremadamente promiscua Sugar.

El problema para Kim es que Sugar, a pesar de ser poco exigente, es obstinadamente heterosexual y el único requisito para entrar en su cama es tener pene.

Lesbiana, virgen y con las hormonas al borde del colapso, la pobre Kim debe lidiar con una lujuria que la tiene a punto de explotar y con una familia que está para pabellón siquiátrico: su madre actúa como una hermana alcohólica y libidinosa, su padre es un pajarón para ponerlo en un marco y su hermano menor se jura extraterrestre y se pasa los días con una ponchera en la cabeza.

Todo ambientado en las costas del balneario británico de Brighton, el equivalente gay del San Francisco norteamericano.

El mérito de "Sugar Rush" está en que a partir de un tema tan particular como el lesbianismo, elabora un drama mucho más universal como la construcción de la identidad sexual en la adolescencia.

Y es que los problemas de Kim son los de cualquier persona de su edad, una época extraña que cuando la vivimos nos parece un infierno y que, con el paso del tiempo, añoramos con nostalgia.

Las drogas, el sexo y el amor adquieren en el relato de Kim inusual agudeza y eso es lo que provoca, revelando nuestros prejuicios y defectos, cuestionando de paso nuestras ideas preconcebidas sobre la sexualidad y el amor.

Y es que entre el caos emocional que significa crecer y hacernos adultos, Kim se nos revela como portadora de una verdad que es mucho más que el nombre de un horrible reality nacional: el amor es ciego.

Uno no elige el objeto de nuestro deseo y luchar contra su naturaleza, que es también la nuestra, resulta una batalla perdida de antemano, alienante y vacua.

Discutir sobre las implicaciones morales del amor de Kim resulta, a estas alturas, tan poco práctico como escribir un poema en la arena. Nuestros adolescentes podrán vestirse como mamarrachos, pero en el tema de la sexualidad hace rato que nos dan cancha, tiro y lado.

El humor negro y provocativo de "Sugar Rush" podrá parecerle escandaloso a un adulto con "criterio formado", pero le aseguro que para nuestros chicos no es más que una buena serie para pasar el rato.

La Nación

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