
Viernes 7 de marzo de 2008
En medio de los casi siete millones de personas que suman la población de la Región Metropolitana y la de Valparaíso, se emplazan las únicas ocho mil hectáreas protegidas de la zona.
Se trata del Parque Nacional La Campana, en cuyo interior conviven palmas chilenas, robledales, zorros, águilas y el magnífico cerro La Campana -que da nombre al lugar- y que se yergue como la segunda cumbre más importante de la cordillera de la costa con 1.980 metros sobre el nivel del mar.
En estos días, cuando las vacaciones se acaban y el sol se retira hasta la próxima temporada estival, aún es tiempo para la gente del centro del país, de darle una mirada a este lugar.
PALMAS Y ROBLES
Hay dos formas de ingresar al Parque Nacional: por la zona de Ocoa (más cercana a La Calera) y la de Granizo (a pocos kilómetros de Olmué). Ambos lugares diametralmente opuestos.
Por Ocoa es visible desde el primer momento la famosa palma chilena (Jubaea chilensis). Con un largo y grueso tronco, coronada por decenas de sus características hojas. Acá hay zonas de camping y también algunos recuerdos de quienes no respetan nada y han tatuado los añosos palmares endémicos, cuchillo mediante.
A pesar de la cercanía de las mayores urbes del país, el parque permanece con pocas visitas. Los fines de semana se observan algunas familias que practican el campismo y algunos ciclistas de montaña, pero hay una posibilidad de sentir la potencia de la naturaleza de mejor forma: caminado por el interior de la reserva hasta llegar a Granizo.
El trekking demora unas 6 horas y recorre un hermosísimo bosque de palmas en que centenares de dichos árboles se elevan y pueblan los faldeos del cerro La Campana.
Una vez pasado el Portezuelo, la mayor elevación de la ruta y que divide el Parque en norte y sur, la vegetación cambia poderosamente.
El bosque esclerófilo, característico del centro de Chile y en constante peligro de extinción por el avance de las ciudades, aparece en su máximo esplendor. En medio de litres, espinos, boldos y quillayes, aparece una figura inesperada: el roble. El Nothofagus macrocarpa, consigue su ubicación más norteña, generando un pequeño bosque relíctico sobreviviente a la última glaciación.
Todo este conjunto de factores llevaron en 1985 a la Unesco a declarar al Parque Nacional La Campana como Reserva de la Biosfera, vale decir, un lugar en el mundo único en su clase.
A LO DARWIN
Unida la travesía con el sector de Granizo, en donde también hay zonas de camping y servicios básicos, se puede intentar subir a la cumbre de La Campana. No es un trayecto fácil y requiere todo un día de concentración y de obediencia a la ruta. La ruta es escarpada y en su historia cuenta algunas víctimas fatales.
La cima se hizo famosa a nivel internacional cuando en 1834, Charles Darwin, se aventuró en una expedición de dos días hasta alcanzar lo más alto.
Desde las alturas escribía en su diario de viaje: "Chile, limitado por Los Andes y por el océano Pacífico, se extiende a nuestros pies como un vasto plano. El espectáculo es en sí mismo admirable, pero el placer que se siente aumenta aún con las numerosas reflexiones que sugiere la vista de La Campana y de las cadenas paralelas, así como del amplio valle del Quillota que las corta en ángulo recto."
La vista desde la cota 1.900 revela la misma observación que el naturalista inglés hizo 170 años atrás. El cordón montañoso andino, con el Aconcagua que se eleva espléndido, la panorámica oceánica y los valles intermedios.
Al bajar, visite directamente el pequeño poblado de Granizo, ahí comienza otra aventura que va directo a la naturaleza humana y a las raíces campesinas del lugar que, entre otras cosas, ofrecen empanadas a destajo y hospitalidad al por mayor.