
Sábado 8 de marzo de 2008
Cuando fue designado, hace cuatro años, por sus amigos socialistas como candidato de compromiso a la Presidencia del Gobierno español, los observadores no daban muchas posibilidades a José Luis Rodríguez Zapatero. Un poco como cuando el conservador José María Aznar pretendía, ocho años antes, suceder al histórico Felipe González.
En marzo de 2004, Zapatero y el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) fueron "ayudados" por Al-Qaeda, responsable del atentado contra la red ferroviaria de Madrid que causó cerca de 200 muertos y 1.500 heridos. No porque los socialistas hubieran cedido al chantaje de los terroristas acerca de la presencia de tropas españolas en Irak (habían prometido hacía tiempo retirarlas), sino porque el Gobierno de Aznar se había empecinado en su mentirosa versión que culpaba a la organización terrorista vasca ETA del ataque.
En el escrutinio legislativo del 9 de marzo, Rodríguez Zapatero será juzgado por primera vez según sus propios méritos. No son menores, aunque todos los logros de la legislatura no son directamente atribuibles a la política oficial.
El Presidente del Gobierno se hizo cargo de la modernidad de la sociedad española. Cambió las tradiciones que subsistían en una legislación que en buena medida proviene del franquismo, garantizando un status legal a las mujeres, protegiéndolas contra las violencias de sus cónyuges, oficializando el matrimonio homosexual
Puso así de espaldas a los medios más conservadores, en primera fila de los cuales está la Iglesia Católica, que ha llamado abiertamente a votar contra el Partido Socialista, pero también a los nostálgicos de Franco, que soportan mal la rehabilitación de los combatientes republicanos de la guerra civil. Los mismos, critican los poderes incrementados otorgados a las regiones autónomas, especialmente a Cataluña.
El talón de Aquiles de Zapatero podría ser la economía. Tras un crecimiento de varios años, fundado en parte sobre las frágiles bases de un auge inmobiliario, el desempleo comienza a remontar.
Se corre el riesgo de que los jóvenes den vuelta la espalda al PSOE. En 2004, su participación masiva aseguró la victoria de Rodríguez Zapatero. Este año, su abstención podría favorecer al candidato del Partido Popular, Mariano Rajoy.
Éste intenta compensar su falta de carisma agitando los peores temores de una derecha que parece no haber aprendido nada. Acusa a su adversario de haber vendido España a los inmigrantes, al regularizar masivamente a los clandestinos, y a la ETA, al lanzarse en un intento de negociación que fracasó.
La alternancia es una prueba de vitalidad para una democracia. Pero la inestabilidad es un handicap. La derecha española no propone un programa suficientemente convincente para que los españoles marquen la hora del relevo.