
Miércoles 12 de marzo de 2008
Moscú.- La independencia de Kosovo les ha dado alas a las provincias separatistas no reconocidas del Cáucaso. Osetia del Sur, provincia del norte de Georgia que alimenta ambiciones separatistas, ya solicitó a Rusia, la ONU y a la Unión Europea que reconozcan su independencia, que ningún Estado ha reconocido. Y Abjasia, otra república autoproclamada en Georgia, va a seguir esos mismos pasos, según anunció recientemente su presidente, Serguei Bagapch.
Georgia, debilitada por la pérdida de la tercera parte de su territorio, no ha dejado de denunciar el precedente sentado por la independencia de Kosovo, la cual no tiene intenciones de reconocer.
Hace unos días, el Parlamento osetio proclamó su derecho a la autodeterminación, y argumentó que el precedente de Kosovo, autorizado a separarse de Serbia después de las matanzas étnicas de la época de Slobodan Milosevic, también vale para Osetia del Sur.
Enzarzadas en conflictos armados contra las fuerzas georgianas a fines de los años noventa, estas regiones diminutas de lo que fuera el imperio soviético, apoyadas por Rusia con todas sus fuerzas, mantienen relaciones tensas y cada vez más reducidas con el Gobierno de Tblisi.
Tanto en Osetia del Sur como en Abjasia la moneda es el rublo ruso y no el lari, la divisa georgiana. Los empresarios rusos han adquirido propiedades en Abjasia, convenientemente bañada por las aguas del Mar Negro. Y en Osetia del Sur, el gigante energético ruso Gazprom está construyendo un gasoducto que unirá a esa provincia con Rusia.
El reconocimiento de Moscú a los territorios separatistas de Abjasia y Osetia del Sur es poco probable. Sería un precedente peligroso en una zona donde la tentación del separatismo está latente para agravio de los rusos. ¿Y qué le aportaría de ganancia al Kremlin, maestra del juego en esas regiones? En los próximos días el Parlamento ruso habrá de adoptar medidas para reforzar los lazos económicos; pero de independencia no se habla.
Más al sur, existe otro foco de conflicto: el territorio del Alto Karabaj, otra brasa de un conflicto mal extinguido entre Armenia y Azerbaijan. Ahí también la cuestión de Kosovo mortifica los espíritus. Allí las autoridades azerbaijanas temen el reconocimiento de la autoproclamada república de Nagorno- Karabaj, poblada mayormente por armenios tras el conflicto armado suscitado entre 1991 y 1994.
Mientras las brasas de los conflictos se avivan, los presupuestos militares de los tres estados de Transcaucasia aumentan.
Azerbaijan, que en 2004 dedicó 175 millones de dólares a la defensa, en 2007 gastó en ese ramo 1.000 millones de dólares. Y Armenia no quiere quedarse atrás. Su presupuesto militar pasó de 82 millones de dólares en 2004 a 300 en 2007. Pero el aumento más fuerte de gastos militares corresponde a Georgia. Comprometido en su proyecto de integrarse en la OTAN, Tblisi gastó en defensa 600 millones de dólares en 2007, es decir, el monto del presupuesto total del país en 2003.
La existencia de microestados sin estatuto, auténticas zonas grises, pesa en el desarrollo económico de la región. Es rara la cooperación regional y los odios son tenaces. Los azerbaijanos odian a los armenios y viceversa. Osetios y abjasios, envenenados de rencor hacia los georgianos, ven en Rusia su única tabla de salvación.
Le Monde
The New York Times Syndicate
