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  Licencia social: ¿ISO o ADN?

  Serán distinguibles y distinguidas las organizaciones ciudadanas que desarrollen "inteligencia territorial", la capacidad de ser actores locales incidentes, articulados, con una visión de interés público.

Viernes 14 de marzo de 2008


El último encuentro de la Red Puentes efectuado en Chile dio algunas luces sobre los avances y los desafíos para la empresa y para la sociedad en materia de RSE. Quedó la sensación a partir de lo expuesto que el reto es muy grande.

Por un lado, se avanza en la elaboración de indicadores medibles y certificables, cuyo incumplimiento de parte de las empresas sea sancionado con multas o revisión de permisos o licencias. Quienes privilegian tal análisis lo hacen convencidos de que el cumplimiento de normas y certificaciones es la vía que asegura que las empresas hagan sus negocios sin poner en riesgo formas de vida, poblados, ciudades o países, ciudadanos y ciudadanas. Se destaca no sólo la necesidad de mejorar las legislaciones ambientales nacionales, sino las normativas internacionales, como las muy difundidas normas ISO. El contrapunto fue la clara y entusiasta afirmación que hizo el sector empresarial, en cuanto a que la elaboración de nuevas normas ISO es insuficiente y tiene más importancia que estos compromisos se sitúen en el "ADN de la empresa": el necesario origen de las convicciones empresariales de ser socialmente responsables.

Chile requiere un cambio de paradigma o -cuando menos- algunas modificaciones importantes en las relaciones entre empresas y sociedad: a esa dirección apunta la licencia social. Vamos en el sentido correcto. Por eso necesitamos perfeccionar las ISO y necesitamos fortalecer el ADN. La pregunta es si el ritmo que llevamos resulta conveniente o habría que "apurar el tranco".

El proceso constante de maduración de nuestra democracia demanda profundos cambios adaptativos, tanto en las empresas como en la sociedad civil. Consumidores y consumidoras conscientes, ciudadanas y ciudadanos, comunidades y organizaciones que de manera gradual amplían el sentido y el espacio de lo público. En un Estado de derecho esta evolución precisa normas y reglamentos que fijen marcos y faciliten la gobernabilidad de la relación. Pero mientras los procesos normativos siguen su curso, es necesario explorar caminos de vinculación entre actores. Esta es la oportunidad para el ADN. No se trata sólo de tener "buenas relaciones", sino equilibrar la ecuación entre intereses económicos e intereses públicos.

Las normas poseen procedimientos estandarizados, especialistas, apoyo institucional: se conoce el camino. Mientras, quienes experimentan el camino del ADN lo hacen -también con rigor técnico- pero también con importantes ingredientes cualitativos como sueños, esperanzas, buenas intenciones, creatividad y respeto mutuo. Aunque lo hacen con excesiva cautela. Se sabe que al primer error se exponen al despido o al desprecio.

Se trata de que ambos actores, sociedad civil y empresariado, den oportunidad a quienes -desde sus sectores- exploren en forma sistemática, con tranquilidad e inteligencia, estos vínculos. Una cosa es que la comunidad cuestione el ritmo con que las empresas crecen: esto es por completo abordable desde la negociación. Algo distinto es que se deje de creer en ellas. Lo mismo se puede decir en cuanto a la sociedad civil. Dejar de creer que es posible el respeto y la negociación es lo peor que nos puede pasar.

Los expertos en normas seguirán reformulando instrumentos, algo necesario. Pero en un futuro inmediato serán distinguibles y distinguidas las empresas que decidieron desarrollar liderazgo en la vía del ADN. En este mismo sentido, serán distinguibles y distinguidas las organizaciones ciudadanas que desarrollen "inteligencia territorial", la capacidad de ser actores locales incidentes, articulados, con una visión de interés público y convencidas de que siempre es bueno sentarse a conversar.

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