
Viernes 14 de marzo de 2008
Eran siete y no logramos escapar a casi ninguno. Ahora son catorce y tan inasibles como los siete primeros. Yo soy cristiana practicante. En el colegio, resolví seguir dos mandamientos fundamentales: amar a Dios y amar al prójimo como a mí misma. Hoy, en el esplendor o la decadencia de la madurez, me doy cuenta de lo difícil que es... amar a Dios. Es una decisión personal que no admite discusión. Si discutes la fe, se corre el riesgo de quedarse sin ninguna. Se cree y punto. Amar al prójimo como a uno mismo es tremendamente difícil, porque uno casi nunca sabe amarse.
Imaginen cumplir diez mandamientos más catorce pecados capitales. Es la nueva misión imposible del buen cristiano. Empezando por los mandamientos, que uno nunca sabe quién los respeta y menos cómo los respeta, si no vean el mundo, las noticias, los hechos. Volviendo a los pecados, nunca me convencí que la gula sea un pecado. Puede ser un mal hábito, ¿pero pecado? La lujuria si es con uno no hace daño, si involucra a otro puede ser buen sexo, a varios, un exceso. La pereza es hasta necesaria para un trabajólico. ¿Quién no ha sentido envidia? Vivir de la envidia o en la envidia es insano, pero no sentirla es de santo. La avaricia puede ser un estímulo para los despilfarradores genéticos. La ira, a gotitas y bien usada, puede salvar ante la impotencia, y la soberbia, caramba, muéstreme uno que no la haya vivido.
Los nuevos siete pecados sugeridos por la Curia Romana son tan amplios y difusos como los anteriores eran intrínsecamente humanos. Está difícil no pecar. ¿Alguien puede decir cómo evitar pecar contra el medio ambiente más de lo que ya hago? ¿O de qué modo no pecaré por drogadicción si fumo y tomo? ¿O cómo sabré hasta dónde llega la manipulación genética al grado de pecado? Qué decir de "crear pobreza" para los millones que no conocen otra cosa que eso, porque no hay opción más que pobreza en este modelito.
Con todo respeto por la Iglesia, creo que se fueron en volada. Si lo que quieren es que reconstruyamos el mundo, deberían en vez de crear siete pecados abrirse a enfrentar los daños que miles de años de inequidad han causado al hombre con acción y valor. Ejemplos: dejen que los curas se casen y que así hablen del matrimonio y de la crianza con propiedad y conocimiento de causa. Dejen de satanizar la sexualidad que nos dio el Creador. Dejen de creer que Dios o Cristo son de su única y exclusiva pertenencia. Dejen de pedir el décimo y pónganse del lado de los desposeídos de verdad, denunciando a todo aquél que explota a sus trabajadores.
Pídannos que seamos buenos padres y madres, porque no serlo es un pecado. Sólo pidan que se ocupen de sus hijos, que les enseñen que cualquier vida es respetable, que cualquier persona es digna, que el tiempo en familia vale por el amor que genera, que las virtudes se aprenden en la convivencia diaria y que los pecados pueden ser evitados con ternura, amor, comprensión, disciplina, tolerancia, paciencia, mucha buena voluntad y que la culpa no libera, sólo esclaviza, como los pecados escritos.