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  Irán divide a Washington

  La renuncia de Fallon indica que el asunto todavía no está zanjado. Un escenario es que el Presidente Bush desee mantener todas sus opciones abiertas. Al no descartar el empleo de las armas refuerza su capacidad de intimidar a Teherán.

Viernes 14 de marzo de 2008

La renuncia del almirante norteamericano William J. Fallon ha reavivado el debate sobre las intenciones militares de Estados Unidos frente a Irán. El oficial declaró en diversas oportunidades que privilegiaba un arreglo diplomático antes que una confrontación militar. Pero, claro, donde manda Presidente no manda almirante. El uniformado, que estaba a cargo del CentCom, Comando Central que cubre los neurálgicos conflictos de Irak y Afganistán, además de Irán, dijo en más de una ocasión: "Espero que no habrá guerra (con Irán)". Estos juicios, en cualquier lugar del mundo, son apreciaciones políticas que sólo pueden hacerlas quienes tienen un mandato político. No en vano en Washington rondaba la pregunta sobre cómo Fallon se las arreglaba para enfrentar a su comandante en jefe, el Presidente. La respuesta no tardó en llegar con un pedido de dimisión.

Hay muchos indicios de que existe un conflicto entre un importante sector del Pentágono y los halcones de la Casa Blanca, liderados por el vicepresidente Dick Cheney. Los militares creen que las fuerzas están desplegadas al límite de sus capacidades. En esas circunstancias un nuevo frente podría resultar más que riesgoso. Irán es un país de 67 millones de habitantes, donde el grueso de la población visualiza a EEUU como potencia enemiga. Muchos iraníes acusan a Washington de haber instaurado la brutal dictadura del Sha, que depuso al régimen progresista de Muhammad Mossadeq en 1953. Recién derrocado el Sha, en 1979, la diplomacia y los servicios de inteligencia norteamericanos indujeron a Irak a atacar Irán. Ello derivó en la guerra más larga del siglo pasado. Iniciada en 1981 con la invasión iraquí, dejó un saldo de 367 mil muertos y no concluyó hasta 1988. Las fricciones con EEUU, que acusa a Irán de apoyar a grupos insurgentes en Irak, han sido constantes.

En todo caso, para los militares estadounidenses una guerra con Irán desbordaría en todas las direcciones. En primer lugar hacia los países fronterizos donde se encuentran sus tropas: Irak y Afganistán. Es más que probable que alcanzaría a Líbano, activando a la milicia chiíta de Hezbolá. También repercutiría en la Franja de Gaza por la organización islamista Hamas, que recibe ayuda iraní.

Hace algunos meses, el conjunto de los servicios de inteligencia norteamericanos, mediante la National Intelligence Estimate (NIE), señaló que Irán no estaba en proceso de construir una bomba atómica. Esto pareció el fin de las posibilidades de un ataque norteamericano. La renuncia de Fallon, sin embargo, indica que el asunto todavía no está zanjado. Un escenario es que el Presidente George W. Bush desee mantener todas sus opciones abiertas. Al no descartar el empleo de las armas refuerza su capacidad de intimidar a Teherán y, en consecuencia, facilita la obtención de concesiones. Israel, por su lado, no comparte las apreciaciones de la NIE y estima que Irán podría llegar a contar con un arma nuclear, algo que autoridades israelíes califican como la amenaza más seria contra el pueblo judío desde el genocida régimen nazi.

Irán se encuentra en la actualidad en un estado de gran vulnerabilidad. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas viene de aprobar una tercera ronda de sanciones. Aunque ellas no son severas, sí marcan el grado de aislamiento internacional del Gobierno del Presidente Mahmoud Ahmadinejad. De particular preocupación para los gobernantes iraníes debe ser la pérdida del apoyo ruso. Moscú reaccionó molesto luego de que Irán lanzó su último misil de largo alcance. A los rusos no les gusta quedar bajo el radio de armas de destrucción masiva (ADM) de un Estado confesional islámico.

La crisis internacional frente a Irán no ha concluido y no se vislumbra su fin. Teherán está en su derecho de construir plantas núcleo-eléctricas así como enriquecer uranio para ellas. El problema es que muchos países, incluidos Rusia, Israel y EEUU, dudan de las intenciones del actual régimen iraní. En este aspecto Irán tiene razón al exigir a todos los que lo impugnan que comiencen a deshacerse de sus propias ADM. En todo caso, en lo que toca al gobierno de Bush, éste tiene muy poco tiempo para optar por un curso de acción bélico. Recientes encuestas realizadas a nivel internacional muestran escaso respaldo para un ataque contra Irán.

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