
Viernes 14 de marzo de 2008
Soy incondicional de Adolfo Zaldívar. Nadie representa mejor la política actual. No existe un político con una trayectoria más coherente. Nadie ha sido tan desinteresado y altruista como él en el servicio público chileno. Luchó desde dentro de la Concertación para cambiar el "modelo" económico y superar las brechas sociales en la distribución del ingreso.
Ha dedicado su vida a combatir los abismos de la desigualdad y la inequidad social, pero sus camaradas de la Democracia Cristiana no captaron la profundidad ética de su mensaje y acabaron defenestrándolo. Todos recordamos su cruzada, las defensas de sus tesis para combatir las injusticias del neoliberalismo y forzar políticas públicas que defendieran los intereses de los excluidos, de la masa a expensas del chorreo azaroso, de ese gentío cuyo pan diario depende de los indicadores macroeconómicos y que Adolfo ha defendido toda su inmaculada vida dedicada al servicio público.
Y ahora, sin ninguna ambición personal, ha llegado a ser presidente del Senado. No con los votos de la Concertación que le dio un puesto en sus listas, sino con los votos de la derecha dura y de los tránsfugas que huyeron con él hacia el paraíso democrático de ahora pacto contigo, me das ese carguito y le jodemos la mayoría al pueblo que nos eligió. Claro que sabemos que Adolfo no quiere ser presidente del Senado por personalismo, sino para cambiar el modelo. Estoy ansioso de ver la revolución en libertad que nos va a ofrecer desde esa testera modélica. Confío ciegamente en Adolfo, el reformador que nos hacía más falta que agua en los embalses.
Es lo que tiene esta democracia pluscuamperfecta. Los jerarcas de los partidos designan senadores y diputados en reuniones privadas, sin necesidad de engorrosas primarias, ni consulta a las "bases", atendiendo al impulso muscular de sus dedos índices, a los méritos de las familias y los saldos de sus cuotas. Y claro a veces se equivocan. Como en este caso, que los electores dieron mayoría a la Concertación en las urnas pero los señores de los dedos índices la cambiaron en sus despachos.
El colorín va a demostrar que hasta Radomiro Tomic estaba equivocado mientras decía que cuando se gana con la derecha es la derecha la que gana. Mi admirado senador va a enseñarnos cómo se usa a la derecha para acabar de una buena vez con las injusticias, los abismos, las brechas y las inequidades. Que se cuiden los Larraín, Novoa, y la hermosa Lily Pérez.
Quizá ellos creen que dándole a Zaldívar la presidencia del Senado están vengándose de su condición perdedora, de no ganar nunca una elección desde 1958, y están dañando a la Concertación. Pero no, estoy seguro, con fe ciega, con la misma convicción que Ratzinger tiene en el infierno, que Zaldívar los está utilizando para, por fin, tener poder y acabar con ese modelo que ha sido su única batalla en esa larga vida que nos ha dedicado.
Nadie dude de Adolfo Zaldívar ni de sus aliados, gente de convicciones democráticas probadas, que va a crear un partido "instrumental" -según sus palabras-, para, obvio, instrumentalizar ese inmenso apoyo ciudadano que viaja a la deriva, ese fervor colorinista que recorre el país y llevarnos hacia un Chile más justo, donde nadie ocupe un cargo público para servirse de él. Adolfo lo hará por nosotros. Es que mi senador favorito me emociona.