
Sábado 15 de marzo de 2008
Vladimir Putin, que será huésped de la OTAN en Bucarest del 2 al 4 abril, sueña con incitar a la Alianza Atlántica a declarar una moratoria sobre su ampliación, como contraparte de soluciones a los conflictos congelados en las fronteras de Rusia. Moscú teme verse marginado del mar Negro.
Afectada por la adhesión de Bulgaria y Rumania, su influencia se vería muy disminuida con la adhesión de otros dos Estados ribereños que postulan actualmente al status de candidatos: Ucrania y Georgia.
Los estados miembros de la OTAN están divididos sobre este tema que estará en el centro de la visita del Presidente estadounidense George Bush a Kiev el 31 de marzo y 1 de abril.
Alemania, Francia, España, Grecia y Noruega están en contra; Estados Unidos, los países bálticos, Polonia, están a favor. Rusia, que no posee ningún derecho a veto en la Alianza Atlántica, espera sacar partido de esas divisiones. Occidente "debe comprender que (el Presidente georgiano) Mikhail Saakachvili quiere integrarse a la OTAN para implicarla en el conflicto (con los Estados autoproclamados de Abjasia y de Osetia del Sur)", advirtió el representante de Moscú ante la OTAN, el nacionalista Dmitri Rogozine.
Para detener el avance de la OTAN hacia las fronteras rusas, el Kremlin intenta aplicar un nuevo esquema de resolución de los conflictos generados por los territorios separatistas. La primera aplicación de esta estrategia sería Moldavia, donde se perfila una solución para la reintegración de la región separatista de Transnistria.
Muy influyente ante los separatistas, Rusia acaba en efecto de develar un plan de reconciliación. La región rebelde regresaría a la autoridad de Moldavia. En contraparte, esta última tendrá que comprometerse a no unirse a la OTAN.
Es lo que propuso Vladimir Putin al Presidente moldavo Vladimir Voronin, al margen de la cumbre de la Comunidad de Estados independientes (CEI) el 21 de febrero. Moldavia sería favorable a la idea. "Nadie dice que la integración europea deba pasar obligatoriamente por la OTAN", dijo Voronin al diario Kommersant el 11 de marzo.
El plan contempla otorgar una amplia autonomía a Transnistria, en el seno del estado moldavo. A cambio, Moldavia debería declarar su "neutralidad permanente". Ese status debería ser reconocido por Rusia, Ucrania, Estados Unidos, la Unión Europea (EU) y por la Organización para la seguridad y la cooperación en Europa (OSCE).
Moldavia tiene previsto abandonar el GUAM, unión informal creada hace nueve años con Ucrania, Georgia y Azerbaiján para hacer contrapeso a la influencia de Rusia en su periferia. Este esquema de cooperación regional (el primero en el espacio post-soviético donde se espera que todo converja en Moscú), siempre irritó al Kremlin. Vecina de Rumania, Moldavia apunta a la integración europea, acomodándose al mismo tiempo con Rusia, que posee una fuerte palanca de influencia por medio de Transnistria.
Esta entidad separatista pro-rusa alberga una fuerza de paz de 1.500 militares rusos, fábricas de armas y numerosos stocks de municiones. Su "presidente" Igor Smirnov, respaldado por los círculos "patrióticos" rusos, reinaba hasta entonces como amo absoluto sobre este pequeño territorio escenario de todo tipo de tráficos. Para él la reintegración era impensable.
Pero, desde hace poco, Igor Smirnov ha perdido su aura en Moscú. El Kremlin apuesta ahora por Evgueni Chevtchouk, presidente del Parlamento de Transnistria, al que considera más flexible. Este último es por lo demás el representante de Rusia Unida (el partido pro-Putin) en la región, mientras que Smirnov flirteaba con Rusia Justa, un partido opositor.
Fue por de pronto Evgueni Chevtchouk quien dirigió el 11 de marzo la delegación invitada a la Duma (cámara baja del Parlamento ruso). Además, en respuesta al reconocimiento de la independencia de Kosovo, la Duma pidió al Gobierno el 13 de marzo la apertura de "misiones rusas" en los territorios de las repúblicas autoproclamadas de Abjasia y de Osetia del Sur (Georgia).
La reunión de los parlamentarios se celebró a puertas cerradas, en presencia de representantes de los tres micro-Estados rusófonos surgidos de ala implosión de la URSS a fines de los años 90: Abjasia y Osetia del Sur (Georgia), más Transnistria.