
Domingo 16 de marzo de 2008
"El veto del Presidente Bush será uno de los actos más vergonzosos de su presidencia", afirmó el senador Edward Kennedy, en alusión a la decisión del Mandatario estadounidense de oponerse a un proyecto de ley aprobado por el Congreso que prohíbe la práctica de la tortura por agua, simulación de ahogamiento asimilada a las técnicas de interrogatorio del manual práctico del Ejército estadounidense.
Que el Gobierno de George W. Bush ha encubierto y autorizado el recurso de la tortura desde el 11 de septiembre de 2001 no es realmente un gran descubrimiento, sobre todo después de la publicación de las fotos de Abu Ghraib, de los testimonios de los detenidos de Guantánamo y las prisiones de la CIA ubicadas en Europa. Pero es la primera vez que un Presidente estadounidense utiliza sus prerrogativas institucionales para defender oficialmente el principio y el uso de la tortura.
Es cierto que Bush está al fin de su último mandato y que su popularidad, de lo más baja, ya no puede sufrir más. Pero esa decisión hubiera sido imposible de no inscribirse en un horizonte de espera marcado por un profundo cambio de las normas y los valores éticos aceptados por la opinión pública de Estados Unidos.
TORTURA EN HORA PRIME
Como prueba de lo anterior, están las innumerables escenas de tortura en las series televisivas como "24", "Lost", "Alias" y "Law and Order". De 2002 a 2005 se transmitieron no menos de 624 escenas de tortura en horario estelar, a diferencia de las 102 que hubo de 1996 a 2001. "Jack Bauer, el héroe de '24', no es un torturador", declaró a "The New York Times" el creador de la serie, Joel Surnow. "Sólo es un ciudadano que sabe mostrarse convincente cuando hace falta. Él paga muy caro todo lo que hace, todo para salvar millones de vidas humanas. Él es la encarnación misma de la justicia. Una máquina de matar con la que todos soñamos en secreto, pues él no castiga más que a la escoria".
Según Human Rights Watch, "24" no sólo banaliza la tortura a ojos de los espectadores, sino que también inspira a los soldados en Irak. "Tenemos un ramillete de pruebas que demuestran que los soldados jóvenes imitan las técnicas de interrogación que ven en la televisión", advierte David Danzig, que dirige la campaña "tortura en horario estelar".
Los mismos especialistas de los servicios secretos se inquietan por ello. A mediados de noviembre de 2006, la Academia Militar de West Point organizó un encuentro con los guionistas de "24". Según "Los Angeles Times", "los militares expresaron el deseo de que las escenas de tortura fueran más auténticas. Eso no quiere decir más sangrientas o salvajes. Por el contrario, quieren que sean más realistas, más expeditivas".
Pero eso sería renunciar a lo que constituye el éxito de la serie y que no se debe sólo a la personalidad del héroe y a los acontecimientos que se presentan, sino también al suspenso creado por el famoso "recurso de la bomba de tiempo", que le da a la serie su tensión narrativa, su eficacia, aunque se base en un encadenamiento narrativo que el director británico Alfred Hitchcock ya alguna vez, en sus entrevistas con François Truffaut, había considerado obsoleto.
LA CÁTEDRA BAUER
Cada temporada está formada por 24 episodios de una hora de duración y cubre "en tiempo real" los acontecimientos de un día. La duración de los anuncios está incluida en la cronología del episodio, materializada por la presencia en la pantalla de un reloj digital que realiza una sincronía perfecta entre el tiempo de la acción y el de su percepción. Los acontecimientos se dan a la vez como vividos y como representados. La acción ya no se conjuga en el imperfecto de la ficción, sino en un tiempo virtual: el de la urgencia normalizada, de estado de excepción permanente. La amenaza perpetua de un atentado terrorista da licencia para la suspensión del juicio moral y permite instaurar una nueva ley ética que autoriza y obliga a todo el mundo a "interrogar" a todo el mundo el padre al hijo, el marido a su esposa, la hermana a su hermano a nombre de la seguridad de todos. Se instaura, entonces, un nuevo régimen de política que ya no reposa sobre la creencia compartida, sino sobre la generalización de la sospecha.
Durante un coloquio de juristas celebrado en Ottawa en junio de 2007, un juez de la Suprema Corte de Estados Unidos, Antonin Scalia, justificó el uso de la tortura basándose no en textos jurídicos o el derecho internacional, sino en el ejemplo de Jack Bauer. La Universidad de Georgetown ofrece un curso destinado a estudiar las cuestiones de derecho planteadas por la serie "24". Según la revista "Slate", el curso se lleva a cabo los martes en la tarde, para que los estudiantes tengan todavía fresco el recuerdo del episodio transmitido el día anterior.
Éste es un claro indicador de la paranoia del Gobierno de Bush que, no encontrando en el derecho internacional ni legitimación ni fundamento, los busca en las ficciones que inspira, instaurando una especie de autolegitimación por la ficción y creando una jurisprudencia basada ya no en la anterioridad de las decisiones de justicia, sino en el desempeño de actos ficticios, una jurisprudencia "Jack Bauer".
Al referirse a la segunda temporada de la serie, en el curso de la cual vemos a nuestro héroe salvar a California de un ataque nuclear gracias a los informes obtenidos mediante interrogatorios "enérgicos", el juez Scalia no titubea al afirmar: "Jack Bauer salvó a Los Ángeles; salvó cientos de miles de vidas. ¿Va usted a condenarlo? ¿A decir que el derecho está en su contra? ¿Habrá un jurado que condene a Jack Bauer?".
Le Monde. (The New York Times Syndicate)