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  Observatorio El Elke: el universo en el patio de la casa

  Observatorio El Elke: el universo en el patio de la casa

  El Elke es el sueño de cualquier astrónomo y su heredero Paris Bustos lo sabe. Hijo de un célebre investigador, consiguió fondos y auspicios para terminar este delirio de la tecnología que además de acercar las galaxias a la comunidad de la Octava Región, le permite estar cerca del cielo, sin salir de su casa.

Martes 18 de marzo de 2008


En la carretera que une Concepción con Tomé, entre un montón de casas de madera, se divisa una cúpula blanca. Una sorprendente estructura futurista visible también para los camioneros de la autopista interportuaria Talcahuano-Penco o buses interregionales que deben pasar obligatoriamente por la cercana Chillán. Es el observatorio astronómico Elke, ubicado en la parte más alta de Villa Los Radales, en Penco, allí donde las calles tienen nombres de estrellas como Antares, Canopus o Sirio.

"Fue una iniciativa de Arnoldo, mi padre. Logró que la Municipalidad de Penco las bautizara con el nombre de las estrellas que están justo sobre nosotros", explica Paris Bustos (28 años), su hijo y heredero del proyecto inaugurado en 1962.  

En efecto, fue el fallecido Arnoldo Bustos, un astrónomo aficionado que llegó tan lejos como su objetos de estudio: diseñó y construyó el observatorio, se hizo célebre por sus talleres en la Universidad del Biobío o la Técnica Federico Santa María y fue un gestor cultural que,en la época del cometa Halley en los ochenta, tenía hasta una tribuna en la televisión regional. "Todo lo aprendí de él. Cuando niño me empezaba a hablar de las estrellas, el espacio, las constelaciones. Me llevaba a sus charlas para apoyarlo con la información que me enseñaba", explica Paris con nostalgia.  

Éste no sólo heredó este delirio llamado Elke, sino que también la fuerza de la porfía. Más que sorprender por los cientos de proyectos en que participa, lo notable es que los gana. Precisamente el Fondart, la Municipalidad de Penco y el Observatorio Europeo Austral (ESO) permiten que el observatorio esté equipado y en perfecto funcionamiento.

ODISEA EN EL ESPACIO

Paris se ríe, pero literalmente es capaz de llegar al cielo sin salir de su casa. "A veces me quedo toda la noche escudriñando las galaxias con el telescopio", explica. En lugar de la calma de los observatorios gigantes del norte del país, acá se escuchan micros, ladridos de perros y a veces hasta reggaeton proveniente de las fiestas de barrio. Pero a él no le importa mucho.

Este verano realizó, como cada año, "La Semana del cielo", un apasionante inicio de temporada que logra juntar a los niños, pobladores de las villas cercanas y a los astrónomos profesionales de la zona. En el primer piso hay un escenario para las charlas donde se explica el origen del cosmos, los eclipses o cómo a partir de una fotografía se puede estudiar la composición de una estrella. En el segundo está el telescopio principal, además de otros secundarios, una máquina para tomar fotos y computador. "Es una de las cosas novedosas que hay en la comuna. No creo que haya otro abierto al público, ya que generalmente pertenecen al ámbito de las universidades. Vivo cerca y hace un año que lo voy a ayudar. Incluso Paris me ha enseñado a manejar los telescopios. Es infatigable, pero siento que necesita más apoyo. ", dice Roberto Villanueva (31 años).

En la municipalidad, en tanto, aplauden a Paris. "No en todos lados tenemos la posibilidad de contar con un observatorio "a la mano" como ocurre con el Elke. Es importantísimo para la comunidad y para la enseñanza. La mayoría de los colegios lo visitan. Además turísticamente es importante. La gente que viene en el verano pregunta por él para visitarlo. Por eso lo apoyamos", dicen en la municipalidad.

UN LUJO PARA LA COMUNA

Tanta actividad tiene a Paris tranquilo, aunque algo tenso. Quiere dedicarse a la astronomía profesionalmente (ha estudiado otras carreras) y está reuniendo dinero para eso. Mientras tanto, construye telescopios a pedido, dicta clases en colegios y centros turísticos y continúa administrando el sueño de su padre.  

"Somos hijos de una estrella que dejó su reflejo sobre nosotros, moviéndonos hacia lo desconocido. Tenemos que ser partícipes de nuestro pasado y viajar hacia el conocimiento de las estrellas", dice Paris.

La Nación

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