
Domingo 30 de marzo de 2008
Muy pocas veces se le ve transitar por los patios de La Moneda. De hecho, la puerta de Morandé 80 es uno de sus ingresos favoritos a la sede de Gobierno, pues da directamente a su despacho y le permite entrar y salir del palacio sin que prácticamente nadie se dé cuenta de ello. Es que a Edmundo Pérez Yoma le gusta sostener esos encuentros "claves" en la más absoluta reserva, por lo que su casa es el sitio regular de conversaciones, tanto con dirigentes de la Concertación como del empresariado y la derecha.
Habla poco, sólo cuando es necesario, porque considera que los hechos dicen más por sí solos. Un ejemplo de ello fue cuando en febrero y con plenos poderes como vicepresidente (Michelle Bachelet estaba de vacaciones) debió intervenir en la controversia entre el ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, y el de Minería, Santiago González, a propósito de los informes de los subcontratados en Codelco. Un tirón de orejas en el que quedó claro que el titular de Interior no permitiría nuevas descoordinaciones dentro del gabinete. De hecho, ya lo había advertido cuando el vocero del Gobierno, Francisco Vidal, desautorizó la opinión de su par de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo, en el caso del general Gonzalo Santelices, y afirmó que sólo él representaba la voz del Gobierno. "Eso no volverá a ocurrir", fue su advertencia en esa ocasión.
Pero esta semana tuvo que salir a explicar su postura respecto a la rebaja del IVA, demandada por la DC y frente a lo cual el diputado Pablo Lorenzini lo acusó de tener un doble discurso, a favor en privado, pero en contra cuando se le preguntaba en público. El tema no era fácil porque en efecto hasta hace sólo unos días, Pérez Yoma era partidario de rebajar el impuesto para aminorar las alzas en los productos de primera necesidad y no era el único en el comité político que pensaba en impulsar la medida. Sin embargo, el criterio económico, una vez más, se impuso y no quedó más remedio que reconocer que las razones para no decretar una medida como ésta eran de peso. "Sólo los burros no cambian de opinión", fue su frase, la que a juicio de muchos da cuenta de su franqueza.
Pero ya en octubre de 2007, en una entrevista a LND, Pérez Yoma había puesto en cuestión el rol desempeñado por Velasco. "Los ministros de Hacienda son conservadores, les gusta el statu quo y son poco audaces para moverse. Este ministro de Hacienda es inmune a las presiones, a las necesidades de los políticos. Es un hombre muy apegado a la ortodoxia, y en ese sentido es un buen ministro de Hacienda; pero no creo que sea el hombre más adecuado para los desafíos que Chile está enfrentando en este momento en que hay que tener imaginación y audacia".
LAS RAZONES DE VELASCO
Cuando el titular de Hacienda expuso al interior del comité de ministros los efectos de una rebaja del IVA, es decir que no sólo mermaría el presupuesto para los programas sociales, sino que no aliviaría la inflación, Pérez Yoma llegó al convencimiento de que esta batalla estaba perdida. El silencio que guardó la Presidenta no hizo sino reafirmar su convicción, por lo que en el encuentro que sostuvo con la bancada de diputados DC hace dos semanas, sólo les dijo que había que explorar distintas alternativas.
En todo caso, en el entorno del ministro no lo asumen como una pérdida de poder al interior del gabinete, pues explican que si hubiera querido derrotar a Velasco lo habría logrado. "Contaba con toda la DC, parte del PS, con la derecha y el empresariado", argumentan. Pero la prudencia es buena consejera y en términos reales está empatado con Hacienda, pues Andrés Velasco no era partidario de rebajar el impuesto a las bencinas, y la intervención de Pérez Yoma logró torcer la balanza.
CRITERIOS POLÍTICOS, no ECONÓMICOS
Desde que llegó al gabinete a comienzos de año, el ex titular de Defensa dejó en claro que su intención era hacer primar los criterios políticos por sobre los económicos, más aún en años electorales. Y así lo conversó con su par de Hacienda, con quien tiene una relación más bien distante, nada parecida a la manera como se entiende con el vocero Francisco Vidal y el ministro de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo. En todo caso, Pérez Yoma respeta el rol de cada cual, pero hace notar que el jefe del equipo es él. "Los otros ministros lo entienden así", explica un colaborador suyo, quien asegura que su carácter fuerte y su modo frontal de decir las cosas hacen que a nadie le quede duda alguna de quién manda.
De hecho, en el comité político en el que se decidió destituir a la plana mayor del Registro Civil por las irregularidades detectadas en la licitación del sistema de datos de los chilenos, Pérez Yoma hizo hincapié en la necesidad de tomar una decisión radical, a fin de no exponerse a que acusaran constitucionalmente a otro ministro, esta vez al titular de Justicia, Carlos Maldonado, como sí sucedió con la ministra Yasna Provoste por no haber destituido de inmediato al PS Alejandro Traverso.
Su relación con la Presidenta Bachelet es fluida. Conversan constantemente y Pérez Yoma tiene manga ancha para actuar. "Él no es de los que piden permiso", afirman en Interior, por lo que en general llega al despacho de la Jefa de Estado con los problemas ya resueltos. La misma Mandataria reconoció hace un tiempo que Pérez Yoma "nació empoderado". Lo tenía claro al momento de nombrarlo, pues lo conocía desde que trabajó en Defensa cuando él era ministro durante el Gobierno de Frei.
Su libertad para actuar radica no sólo en su forma de ser, sino en las condiciones en las que llegó a La Moneda. Tras la renuncia de Belisario Velasco que dejó a Interior acéfalo por cinco días y la solicitud unánime del oficialismo para instalarlo en el Gobierno, Bachelet sabe que es difícil quemar otra carta DC. La salida de Andrés Zaldívar fue dolorosa y la de Belisario traumática, pero ninguno de los dos era tan cercano a la timonel del partido, Soledad Alvear. Sacar a Pérez Yoma en momentos de definiciones presidenciales sería impensable, menos con Ricardo Lagos corriendo.
De todas maneras, el ministro sabe hasta dónde puede llegar y se cuida de no contradecir a la Mandataria cuando ésta tiene una decisión tomada. Aun así, no esconde sus discrepancias respecto de algunas determinaciones como fue la permanencia de Provoste , frente a lo cual sólo indica que cuando Bachelet inclina la balanza el resto se cuadra tras ello.
En la DC sienten que el desempeño del ministro desmitifica la creencia de que la Presidenta no deja actuar. "Él llegó a ordenar las cosas y la misma Mandataria aseguró que si los ministros no asumían sus cargos como corresponde, entonces debían irse del gabinete", señalan en la sede de Alameda 1460. LND