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  Los miniguerreros

  Los miniguerreros

  Siguen órdenes, veneran el patriotismo y están orgullosos de llevar el uniforme. Cursan de sexto básico a cuarto medio y, aunque no llevan armas, cualquiera pensaría que están listos para una guerra. Aquí la historia de la Escuela Premilitar Luis Cruz Martínez.

Domingo 30 de marzo de 2008

Lunes 18 de febrero. 8 de la mañana. La voz alta de los alféreces de la Escuela Luis Cruz Martínez llama a la disciplina: "¡Todos a la cancha!", grita un instructor. La entrada y las barracas son las de un verdadero regimiento: una garita con guardia uniformado, la bandera flameando al tope en el viento helado de la mañana, el escudo nacional. Más allá, la figura del subteniente que le da el nombre a la institución fundada en 1971 y cuyo decreto de autorización lo firmó el mismo Salvador Allende. La silueta de Cruz Martínez está pintada con los colores vivos del antiguo uniforme francés rojo y azul , usado en nuestro país durante la Guerra del Pacífico. Efeméride que explica un profesor "es una de las más importantes para la escuela y determina el desarrollo de varias actividades escolares". El 21 de mayo, el Combate de La Concepción, y en menor medida con pequeñas ceremonias internas las batallas de Tacna, Chorrillos, Miraflores, Tarapacá, etc., son aquí motivo para rendir respetos a la bandera.

Es que en Talagante el estilo castrense causa furor. El mismo que en un pueblo pequeño provoca, por ejemplo, el arribo de un famoso. Y fue así, a comienzos de los ochenta, cuando su poder no tenía límites, el propio general Pinochet arribó en helicóptero a las planicies talagantinas con motivo de visitar a sus dos nietos, en esa época cadetes júnior de este establecimiento, cantera de pequeños guerreros.

Y no son los únicos "famosos". Entre los profesores se recuerda también al hijo del alcalde de Providencia, Cristián Labbé, y a "varios oficiales importantes que hicieron carrera en el extranjero". En este sentido, según Joaquín Beltrán, encargado de la administración, la escuela recibe una variedad de alumnado que va "desde el hijo del asesor del ministro de Defensa hasta niños de bajos recursos que están becados por intermedio de la Presidencia a través de cartas de solicitud".

EN EL CAMPO DE BATALLA

Todos los años, como primera actividad, se acostumbra a ir de campaña. Una semana en que el nuevo conscripto se familiariza en campo abierto San Pedro, cerca de Melipilla con la disciplina marcial del redoble, las marchas y el uniforme. En la mañana se recibe a los nuevos en una ceremonia previa.

Varios están nerviosos y caminan vacilantes hacia el interior, donde una pista de obstáculos estilo "Pelotón" se arrima a una elipse embaldosada. Ahí se cuadran y cantan el Himno Nacional con ímpetu. La cancha está llena de orgullosos fotógrafos improvisados que retratan a su hijo e hija con el uniforme verde oliva, la mochila de campaña y la boina. Los tierrales del colegio reciben a familiones completos del sector, muchos con chupalla y con sus mejores galas de huaso. Esto se repite todos los años. Es una de las efemérides de Talagante. En su mayoría, los estudiantes son de la localidad o también de Maipú y Padre Hurtado.

Las filas están tensas y el llamado del alférez mayor sitúa por turno los cursos en medio de la cancha. Se pasa lista y mientras los nombres suenan secos y alto, contestados con un tímido "aquí, mi alférez mayor", los instructores están henchidos de rigidez y conminan al alumnado a levantar la voz a la hora de contestar. Están en eso cuando un muchacho se incorpora tarde a la formación. La autoridad, en castigo, le pide 50 sentadillas. Siguen pasando la lista.

El Cruz Martínez trabaja con financiamiento compartido, es particular subvencionado y hasta ahora no aparece en la nómina de las subvenciones irregulares del Mineduc. Se rige bajo las reglas de ese ministerio y es el único colegio autorizado en Chile para dar este tipo instrucción. Acá, contrariamente a como dice el mito en torno a las premilitares, no se aceptan casos de mala conducta. Su director, Luis López, explica que "la entrada al colegio es voluntaria y que el alumno se somete antes a un test sicológico". Según aclara, "acá los derechos del niño quedan un poco de lado, porque priman los deberes: la responsabilidad, el respeto y el estudio antes de exigir algo". Esto a propósito de denuncias contra el colegio por supuesto maltrato presentadas por el senador Nelson Ávila en 1997.

La sede educativa una de las 14 de la comuna y que recibe alumnos de sexto básico a cuarto medio tiene dos directores: uno militar, Bernardo Acuña, ex oficial de Ejército, y otro académico, Luis López. Están los profesores de planta y los instructores deportivos. Estos últimos son todos miembros retirados de las ramas de Ejército. El ambiente es mixto desde el 2002, y recibe tanto en jornada normal como a internos.

Varios alumnos dicen estar orgullosos de someterse a esta disciplina.

Otro motivo de orgullo también es la banda, que se ha popularizado mucho en el pueblo. El grupo instrumental del colegio es el que desfila en la plaza los 19 de septiembre y hace una vez por año la simulación de los 77 héroes de La Concepción, que Pinochet inmortalizó en aquella noche del 9 de julio de 1977 en la subida a Chacarillas.

EL ORGULLO DEL PREMILITAR

Max Tapia es un convencido del premilitarismo. Tiene 17 años y un rostro serio. Se cuadra ante el director y uno de sus profesores. El año anterior tuvo uno de los primeros lugares de su curso, lo que le da un rango superior sobre otros compañeros. Es algo así como un cabo dentro de la mayoría de cadetes. Lleva en sus ojos, en la disposición cuidada de su ropa y boina, el orgullo del premilitar: "No sólo el uniforme es lo distinto de este instituto dice tranquilamente y con voz neutra , sino también los valores que a uno le entregan, y la educación. Los lazos con los compañeros, los profesores y los instructores. Acá yo aprendí a ayudar en mi casa. No salgo tanto con mis amigos. Luis Cruz Martínez es un ejemplo para mí. Su vida intento llevarla a la mía".

Su compañera lo mira igualmente seria. Su prolijo lustrado de bototos está hundido en el suelo de tierra. Su tensión es la de una estaca clavada con exactitud. Bárbara también tiene 17 años y dice estar orgullosa de estudiar aquí y además pertenecer a la banda. Y no se arruga en decirlo: "La diferencia de un colegio normal es que los jóvenes todo lo toman a la ligera. Acá es distinto. Nosotros obedecemos órdenes. La ventaja es que nuestra vida es más sana. A nosotros con uniforme se nos prohíbe fumar, comer en la calle, sacarnos la boina. En otros lugares eso da lo mismo. Aquí se preocupan mucho".

Ambos muchachos, al ser preguntados por la historia del país en los últimos 35 años, tienen una opinión coincidente. Él afirma que "si en esa época pasó eso, es porque Dios lo quiso". Ella repite lo mismo, y añade que como no había nacido no le gusta opinar. "Son cosas que pasaron porque Dios quiso que pasaran", concluye. LND

 

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