
Domingo 30 de marzo de 2008
El fin de semana pasado, en medio de nuestra deslavada Semana Santa, donde las tradiciones se han ido haciendo tan tenues y tan austeras, aprovechamos los insomnios cálidos para ver en casa "La mejor juventud", una película italiana que se convierte en inolvidable. Para mi generación es una suerte de friso de fragmentos de historia personal. De fondo, las revueltas italianas, la ideología que se convirtió en incendio. Mi mujer veía la Semana Santa en Sevilla, uno de los espectáculos que mejor cuentan la historia cultural de España, junto con el delirante San Fermín, el botafumeiro de Santiago de Compostela y las Fallas de Valencia. Cada paso de las imágenes está medido, se visten las Vírgenes y las imágenes de Jesús. Ella es seguidora de la Cofradía del Cachorro, nombre que surge de aquella leyenda que dice que el escultor de la agonía de Jesús salió a la calle a buscar un rostro de modelo y encontró un vagabundo que agonizaba, el Cachorro, un gitano en sus últimas horas. Lo copió y cuando la efigie de Jesús agonizando salió a la calle, la gente gritó: ¡Es el cachorro! ¡Es el cachorro! En la Italia de "La mejor juventud", también lo laico se ha comido a lo religioso. Tengo amigos italianos que no pueden aguantar la risa en las ceremonias religiosas. Logro, conversando, demostrarles que siempre estamos buscando alguna ceremonia, una tradición, un ritual que nos organice el pecho, que nos proteja del dolor de la vida, de la herida de los nuestros, del desgarro en que caen un hijo, el padre, el hermano. "La mejor juventud" es una película inolvidable que sigue la pista de dos hermanos en una familia italiana de clase media. No contaré detalles. La segunda parte, que dura más o menos seis horas y fue escrita para la televisión, arranca duramente. Nuestra televisión, que es una forma de la mala memoria, no ha conseguido trabajar un recuento de ese orden de nuestra historia familiar. Quedarían en evidencia las tradiciones que se han ido entremezclando y deshaciéndose. La masónica, alguna vez tan importante en la constitución de nuestra república, y la católica, hoy mejor situada aunque sin imágenes, sin conseguir mezclar pueblo y clase alta, afincada en la parroquia del barrio o en el colegio. Escuchamos las campanadas a lo lejos. Sabemos que se cuenta una de las historias más dolorosas de la humanidad. Alguna vez escuché por radio, dramatizada, la historia de Jesús, y era de un dolor impresionante. Como el desgarro de Italia que cuenta "La mejor juventud", y como debería hacerlo la película o telefilme que está pendiente sobre la vida, pasión y muerte (y resurrección) de nuestro país. La pasión de Chile convertida en guión corriente, con pizzas, cazuelas, lomitos con mayonesa, empanadas, cervezas, cantares de gesta, ideas fijas y familias donde un hermano tomó un camino y otro uno muy distinto, y recién hoy están en trincheras negociables. En estos días en que la pregunta sobre Dios debiera abrir los corazones y la mente, en que el ejercicio de rezar debiera recuperar esa potencia de meditación y humildad, también cabe preguntarse, como lo hicieron el Viernes Santo, sobre los caídos de la gran Guerra Civil de nuestra tierra, nuestra solapada masacre, hecha entre gallos y medianoche, mientras vivíamos la mejor juventud y no sabíamos si éramos católicos, masones, ateos o agnósticos. Se hacía la revolución, la dura o la silenciosa, que cambiaría el país para siempre. Hoy no nos reconocemos y cuando vemos la película nos duele ver los que éramos, los que fuimos, los que ya no somos. A veces para bien, a veces para mal. Ojalá en los embotellamientos de regreso a casa alguna reflexión haya iluminado corazones o cabezas. Hay historias que contar, hay tradiciones que redescubrir. La fiesta de San José, el Día del Padre en España, pasó inadvertida. ¿Estaremos intentando que nuestra propia historia, la pública y la privada, pase también inadvertida? Como una religión desangelada, como un culto que se convirtió en una buena costumbre más que un rito superior, como el relato de otros que se escucha pensando en otra cosa. Sin atrevernos a escribir algo como este filme italiano. Aunque haya sido la mejor juventud que pudimos tener. LND
* Director de la carrera de Literatura de la Universidad Finis Terrae.
