
Domingo 30 de marzo de 2008
El mundo financiero internacional se tambalea. Nadie sabe a cuánto alcanza el monto de las pérdidas del llamado mercado "subprime". Este concepto del mundo bancario norteamericano consta del prefijo latino sub, que significa bajo de algo, en tanto que prime, también de raíz latina, expresa lo óptimo. De manera que subprime es algo que está bajo lo óptimo. Hubiese sido más claro hablar de un mercado de alto riesgo. Pero a los mercados, eufemismo para aludir a banqueros y la amplia gama de operadores financieros, no les gusta hablar de riesgos. Por eso escogen términos sofisticados como "hedge funds", que no es otra cosa que un fondo de alto riesgo. La opacidad y falta de transparencia en los mercados financieros es directamente proporcional al vocabulario grandilocuente empleado.
Dos humoristas ingleses los puede ver en YouTube, buscando John Bird y John Fortune, subprime explican en forma sencilla y directa el problema generado por el subprime simulando una entrevista. El que hacía las veces de banquero señalaba en forma didáctica: "Imagine a un negro cesante, en camiseta, sentado a la entrada de su casa en Alabama. Se le acerca un individuo que le pregunta si le gustaría comprar la casa antes que se caiga a pedazos, porque si lo desea puede ofrecerle un préstamo".
Entrevistador: "¿Pero este individuo que ofrece el préstamo es un banquero?".
Entrevistado: "No, él es un vendedor que gana comisiones según las hipotecas que consiga. Bueno, luego esta deuda es incorporada junto a otras y es llevada a Wall Street, donde un paquete de deudas dudosas es convertido en lo que en el mercado llaman un 'vehículo estructurado de inversión'. Con esa denominación explica son vendidos a otros bancos que a su vez los revenden, contaminando al resto del sistema financiero".
El naufragado Bear Sterns, hasta hace poco prestigioso banco que figuraba en quinto lugar en importancia en Wall Street, llamaba a sus fondos de subprime nada menos que "High Grade Structured Crédit" (Crédito Estructurado de Alto Grado, de antología).
Los humoristas terminan su rutina con las siguientes líneas:
Entrevistador: "¿Pero cómo es posible que los bancos centrales y los gobiernos les den más dinero después de tan bochornosas pérdidas?".
Entrevistado: "Mire, si no nos dan la plata no seremos nosotros los que sufriremos: serán los afiliados de nuestros fondos de pensiones".
Cuando un ciudadano o una pyme pasa por tiempos difíciles y pide condiciones especiales, los grandes bancos y grupos financieros saltan a advertir los peligros de alterar las leyes del libre mercado. Pero si son los grandes conglomerados los que están en aprietos, no tienen rubor en pedir oxígeno al Gobierno y exigir que les faciliten fondos por el bien, no de ellos, claro, sino para la buena salud de toda la economía. Es la ley del embudo en su expresión más plena. En Estados Unidos se estima que las pérdidas del sistema financiero podrán sobrepasar el billón de dólares (un millón de millones). La Reserva Federal el Banco Central ha dispuesto ayuda para los banqueros que incurrieron en las deudas. Pero no hay nada para los ciudadanos cuyas casas hipotecadas son retomadas por los bancos con pérdida total de lo ya abonado.
En lo que toca a los hogares, la casa o el bien raíz, en jerga, es el "asset", o activo principal. En Estados Unidos, como en muchos países, el incremento de los precios en el sector inmobiliario permitió aumentar las hipotecas. Autos y otros bienes de consumo, así como servicios tales como viajes y gastos de salud, fueron financiados con cargo a las casas. Pero de pronto, merced a la crisis, estos activos comienzan a perder valor y los bancos restringen los créditos que permiten refinanciar las deudas. El miedo se instala y la economía se desacelera. Ante este clima amenazante es preferible postergar la compra del "home theater" y quizá ya no es buena idea tener un auto nuevo. Bajan las ventas de los bienes de consumo, y la disminución de la demanda reverbera por todo el mundo, afectando desde el sector maderero en Chile hasta los productores de seda en China o a los fabricantes de automóviles en Europa. Lo que, a su vez, merma las compras de cobre y otras materias primas. La vorágine del pesimismo impacta todas las latitudes y sectores.
Emerge a la luz pública el abuso de instrumentos financieros como la "securitización", que permitió vender varias veces préstamos dudosos a terceros. Para qué hablar del "leverage" o apalancamiento, que multiplica las operaciones a partir de un pequeño patrimonio. Esto es otra forma de decir que los bancos, en vez de prestar ocho veces el monto de su capital efectivo, lo han hecho a razón de 30 veces y más. Las ganancias de la banca norteamericana, al igual que en otros países, son desmedidas. En Estados Unidos, en 1980 el sector financiero obtenía 10% de las ganancias del mundo corporativo. En 2007 obtuvo el 40%.
Los mercados financieros fallaron. El afán de lucro desmedido llevó a ignorar las normas elementales de prudencia. Si los banqueros perdieran su patrimonio personal sería un asunto de ellos. Pero es una pérdida para millones de personas que no tienen manejo alguno sobre sus dineros, como ocurre con los fondos de pensiones. Además, deben ser rescatados con fondos públicos. Los Estados deben supervisar los mecanismos de especulación financiera. También es tiempo de gravar las ganancias excesivas de la banca, para disponer de fondos que aseguren que los préstamos bancarios tienen respaldos efectivos. LND