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  Guachacas 2.0

  En el colegio, la chilenidad estaba lejos de la cueca chora y más cerca de Pedro Messone. Esa cosa conservadora estaba lejos de lo que después descubrí: más chilena es la grandiosa Bertita. Más criollo es el perro que habla, Ungenio González y el Tagadá.

Domingo 30 de marzo de 2008

 El próximo 19 de abril, en la Estación Mapocho y sin más explicación que el gusto por la chilenidad, la buena mesa, su tonto copete y la alegría acostumbrada, se reunirán los guachacas, convocados por Dióscoro Rojas, guaripola número uno de la nación y sus compipas, en el delirio blanco, azul y rojo que busca construir una identidad todo el año, sin ese olvido tan típico también de compatriota que se acuerda de los valores en Navidad y los abrazos en Año Nuevo. De llorar a los que no están en cada 11 en vez de decir nunca más todo el año y salir a bardear la vida en cada 18.

En el colegio, la chilenidad estaba lejos de la cueca chora y más cerca de Pedro Messone. Esa cosa conservadora estaba lejos de lo que después descubrí: más chilena es la grandiosa Bertita. Más criollo es el perro que habla, Ungenio González y el Tagadá. Yo, más que chileno, siempre me sentí global, y eso con el tiempo se volvió nacional. El posnoventa es global. La network Chile y los webprendedores.  

Me llamaron a la elección de reina y compipa al lado de nombres grandes e inolvidables. Referentes de la cultura pop como el Chino Caszely, el notable Ernesto Belloni, Lagos and Cárcamo. Es raro mirarse dentro de tal lista para ser votado (guachacas.cl, ejem) porque soy el más mínimo de los candidatos. Es más, ya me siento ganador al estar dentro de la nómina como el único veinteañero. Me preguntaron si me sentía guachaca adolescente, y me parece que ése es Dioscoro: un titán eterno, joven a pesar de tanta arruga y de esos que gustan de conversar y armar rocanrol. Lo mío es una chilenidad 2.0. Un tecno-guachaca, de esos que mandan chicha por MSN y cuyo zumbido es más similar al tiritón torpe después de tanta fiesta. De los que disfrutan el ser chileno desde el cemento. No he visto nunca en vivo, en parque nacional alguno, un pudú ni un cóndor, por culpa del peligro de extinción. Pero eso no evita homenajear lo que somos a través de un buen chiste o un diálogo libre de cualquier señal castrense. Somos nuevos chilenos no porque marchemos ni creamos en toda cosa que nos dicen, sino porque no juzgamos de dónde viene el resto a ser parte de nuestra fiesta. A conversar y a reírnos de nosotros mismos. Hay que crear una nueva identidad, basada en la confianza y en dejar de cagarnos entre nosotros, de mentirnos, de dañarnos porque sí.  

Un nuevo Chile a la velocidad de la luz. Tenemos que tener los cojones para terminar con culturas neonazis y discriminadoras. Podríamos hacer un pacto, un compromiso: ser felices. Yo creo que mi generación puede. Es cosa de mirar los Flickr que buscan reflejar un rincón de la imagen, los carretes diurnos que tratan de emular el carnaval y los domingos en la feria del Forestal que ayudan a inventar un mundo más vivo. Los cafés de José Miguel de la Barra y la Quinta Normal. Las regiones donde todo está más cerca gracias a internet. Es un nuevo país, y por eso soy guachaca 2.0, conectado al Facebook y gritando viva Chile. Voten por quien quieran, pero sean parte del carrete. LND

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