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  Pan frío

  Pan frío

Domingo 30 de marzo de 2008

Con toda seguridad, nuestras pragmáticas y diligentes autoridades deben saber que el pan, además de aportar una potente provisión de calorías y proteínas, posee dos oligoelementos esenciales para la vida humana: el zinc y el hierro. Y que ambos actúan en sociedad para formar la hemoglobina de la sangre. También sabrán que, mientras que el zinc es indispensable para la producción de insulina, el hierro actúa en el metabolismo aumentando la absorción de la vitamina C. Estarán nuestros grupos dirigentes sobradamente enterados, con toda certeza, de que el pan es rico en vitaminas del grupo B, especialmente B1, la que fortalece el sistema nervioso. Sabrán también, cómo no, que después de Rusia somos el segundo consumidor mundial de este alimento, casi tan antiguo como el hombre en la Tierra.

¿Pero sabrán del profundo valor simbólico del pan? ¿Comprenderán que el pan no es sólo un alimento para la sangre y la carne de la gente, sino también para eso que se llama el espíritu? El pan es símbolo de bien, pureza y trabajo para el inconsciente humano, alimentando también aquellos ámbitos menos palpables de la existencia. Personalmente creo que el alto consumo de pan entre nosotros busca saciar más bien a esta segunda hambre, nutriendo el alma tan empobrecida y debilitada por incontables zozobras históricas y desengaños. ¿No hay nadie entre los sabios que nos gobiernan que sepa esto? ¿Es posible que estemos tan volcados a la funcionalidad que hayamos olvidado por completo los aspectos emocionales? El simbolismo político del pan ya lo conocían las más bien básicas fuerzas del franquismo. Sus "bombardeos" aéreos a los territorios ocupados por las huestes republicanas, con el llamado "Pan blanco de Franco", causaban estragos: todos corrían a recoger estos panecillos. El hambre no tiene bandera.

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28 kbHoy, cuando vemos las alzas desmesuradas de este alimento, sea porque se están ocupando las tierras arables del planeta para producir combustibles vegetales, o por lo que sea, y constatamos que hay crecientes grupos de la población chilena consumiendo pan añejo bajo el eufemístico nombre de pan frío , no podemos dejar de sentir un escalofrío. ¿En qué piensa la correctita autoridad económica, tan cuadradita, tan de derechita, tan inmensamente avara? Un pueblo que se ve obligado a comer pan añejo es un pueblo que languidece. Un pueblo que pierde su alma. Urge subsidiar el pan ahora mismo. Ya bastante ha tenido el chileno pobre con la roñosería del ministro Velasco. Que abra la mano ahora. Basta de tacañería. Un país amenazado con cortes de electricidad, desempleo y transporte de nivel africano está ya con el agua sobre la línea de flotación. El pueblo pobre de Chile merece comer marraquetas, hallullas y colizas frescas y calientes. Ellas, que son la única manifestación simbólica, palpable, de su trabajo. Lo único que sus humildes corazones pueden compartir en la mesa con sus hijos. Insistimos: no se trata sólo de la alimentación del cuerpo, que es lo único que ven y miden los que creen esa burda falacia de que la economía es una ciencia. Hay plata: eliminemos el IVA al pan ya mismo. No es posible seguir castigando el siquismo de los chilenos menos favorecidos con una dieta de mendrugos comprados a un quinto de su precio al día siguiente que salió del horno. El generalísimo Franco ganó la guerra con sus raids de pan blanco. Los sectores "progresistas" de Chile están a punto de perderla con su desalentador bombardeo de pan frío. LND

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