
Domingo 30 de marzo de 2008
El temido mes de marzo ya termina y recién ahora nos damos cuenta que 2008 finalmente ha comenzado. El verano no marca el inicio del año, es un largo recreo, un tiempo necesariamente pasajero que, no obstante, siempre tiende a alargar su agonía. En estos días, los santiaguinos queman los últimos cartuchos estivales aprovechando que el calor aún no se bate definitivamente en retirada, y estiran la tarde acompañados de una cerveza en la terraza de un pub o fuente de soda, y se escapan en masa a la playa durante Semana Santa para disfrutar de la brisa marina antes que la contaminación enrarezca el aire capitalino. Según Rafael Gumucio, la nostalgia por el verano perdido es la causa de la ola de falsas amenazas de atentados. La gente quiere seguir pasándolo bomba, explica el escritor. Y algo de razón tiene: el abogado que realizó la llamada que obligó a evacuar el Centro de Justicia, informaron los medios, actuó motivado por el irrefrenable deseo de no ir a trabajar.
Sin embargo avisos de bomba más o menos , las imposiciones del deber son implacables. La juerga veraniega vive sus últimos estertores y la vida nacional definitivamente se normaliza. En marzo, la televisión ha comenzado a delinear lo que será la agenda pública en un año que está marcado por las próximas elecciones municipales, destacando algunas temáticas que posiblemente se convertirán en tópicos importantes de unos comicios que son locales pero que en el escenario mediático alcanzan una dimensión nacional. Los noticiarios dan cuenta de la seguidilla de alzas de productos básicos y del fantasma de una crisis económica en el horizonte inmediato, elementos que aparecen combinados con el peligro de racionamiento energético producto de la sequía. Todo ello hace prever un invierno santiaguino con altos niveles de contaminación. También alertan acerca de la violencia delictiva de tintes extremistas, que se acompaña con el resurgimiento de un terrorismo a pequeña escala, y perfilan a la corrupción como un mal endémico del Estado, que además cruza transversalmente a toda la clase política. Estas amenazas, en rigor, no son nuevas. El año pasado ya habían estado en la palestra pública, pero en este inicio de 2008 han adquirido más intensidad y se han potenciado entre ellas, generando un panorama poco alentador para un Gobierno que inicia su segundo tiempo con la esperanza de repuntar y estar en condiciones de entregar el testigo a un hombre o mujer de sus filas.
Lo que sí es más novedoso es la irrupción del problema de la corrupción en el seno de la UDI, partido que no había figurado en la galería de los acusados y que había hecho de la denuncia inquisidora y bulliciosa un leit motiv de su accionar político. No hay dudas que el escándalo en el municipio de Huechuraba ha deteriorado la imagen de pureza inmaculada que la tienda fundada por Jaime Guzmán siempre ha pretendido proyectar. Los gremialistas también cometen irregularidades, reconoció el propio Joaquín Lavín, acaparando la atención de toda la prensa y la TV. Sin embargo, pese al impacto de estas palabras, el eje del relato periodístico de los informativos centrales no ha estado puesto en las denuncias de corrupción, sino que en la sangrienta y abierta disputa que ha explotado dentro de una colectividad caracterizada por el secretismo y la intolerancia ante las diferencias internas. La alcaldesa Plaza aparece denunciando amenazas en su contra, se emociona y apela a la honorabilidad de su familia, demanda que le pidan perdón a su marido y a sus hijos, y finalmente anuncia querellas por injurias y calumnias. El yerno del ex candidato presidencial se mantiene en un absoluto mutismo, pero sus abogados afirman que están dispuestos a defenderse en tribunales. El conflicto ha sido definido por la TV como una "batalla campal", en medio de la cual, sin embargo, no se logra apreciar con claridad cuáles son las razones que justifican tanto apasionamiento bélico.
Esta omisión ha sido especialmente visible en "Meganoticias", canal que, por ejemplo, ha dado nula tribuna a las autoridades edilicias de Huechuraba pertenecientes a la Concertación. "Teletrece" y "24 horas", en cambio, entrevistaron al concejal del PPD Sergio Escobar, junto con lo cual informaron brevemente acerca de los antecedentes que respaldaban las denuncias de irregularidades. En todo caso, no es de extrañar este énfasis televisivo en la forma del escándalo y no en su fondo, algo que ha sucedido con casi todos los casos que han estallado en los últimos años. Normalmente, las cámaras se centran en el griterío, las descalificaciones mutuas y las acusaciones de uno y otro lado. Así, la problemática de la corrupción termina inevitablemente transformada en rencilla política.
En estos días, algunos personeros del Gobierno y la Concertación han desfilado por televisión exhibiendo leves sonrisas. Por fin quienes aparecen sentados en el banquillo de los acusados son dirigentes de la oposición, deben pensar con cierta satisfacción. Sin embargo, ningún partido ni conglomerado debiera sacar cuentas alegres. En la telepolítica actual, como señala Álvaro Vargas Llosa al analizar la campaña electoral en EEUU, "no hay lugar para el contexto y los matices, sólo para los titulares y frases sueltas". La gran mayoría de los ciudadanos chilenos, que miran la actividad política a través de su televisor y con total desafección, cree que todos los políticos, sin distinción, tienen las manos manchadas con el estigma de la corrupción. LND