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  Asuntos de familia

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  En mayo aparece el volumen del "Inútil" por Ediciones UDP, mismo mes en que se editará "La casa de Dostoievsky", libro que la semana pasada obtuvo el Premio Planeta. Aquí, Roberto Merino habla de los escritos inéditos del autor de "El roto", y Jorge Edwards cuenta el argumento de su novela, donde el protagonista está inspirado en la figura de Enrique Lihn. Incluimos un artículo de Lihn de hace 40 años, donde presenta en Cuba al amigo que hoy lo retrata.

Domingo 6 de abril de 2008

"En Chile existe un inmenso romanticismo sobre el origen de las familias; los libros o folletos que a este respecto se publican son arrebatados por el público. Es que en todo origen de familia suramericana existe algo raro de aventura, de historia más o menos oscura", apunta Joaquín Edwards Bello en una crónica fechada el 12 de octubre de 1923.

Cosas de familia. Abuelos y padres empresarios, tíos publicistas, fotógrafos. Y claro, hasta que salió la oveja negra con "El inútil", novela que publicó en 1910, donde cuestiona a la sociedad chilena, partiendo por el cinismo aristocrático de su propio clan.

Pero Joaquín Edwards Bello (1887-1968) hizo de la crónica su deporte favorito. Incluso, con los años, llegó a declarar: "Pienso en crónica". Pero a su autor nunca le interesó realizar una recopilación de éstas, ya que creía que sólo eran hechas para el "momento".

No lo han sentido así quienes, a 40 años del balazo que se metió por la boca y que lo mandó al tanatorio, desean que sus crónicas se lean como un recorrido o caminata por las calles, historias y personajes del siglo XX. Ediciones Universidad Diego Portales publicará en mayo el primero de 15 tomos de sus crónicas, textos inéditos que van desde 1920 a 1925.

Además, en mayo se publicará en América y España "La casa de Dostoievsky", de Jorge Edwards, el sobrino de Joaquín, quien el martes pasado obtuvo el Premio de Narrativa Iberoamericana Planeta-Casa de América, adjudicándose 200 mil dólares (cerca de 88 millones de pesos). Aquí reproducimos el texto "Enrique Lihn presenta a Jorge Edwards en Cuba", artículo publicado hace 40 años en "La Gaceta" de Cuba.

"LA IRREGULARIDAD ERA SU FUERTE"

Roberto Merino, poeta y autor de los libros de crónicas "Santiago de memoria" y "En busca del loro atrofiado", fue uno de los encargados de rescatar los escritos inéditos de Edwards Bello. Trabajo que realizó conjuntamente con dos alumnas de Literatura, luego se integró el escritor Francisco Mouat, asesorados por el Premio Nacional Alfonso Calderón.

"En sus primeras crónicas se ve cierto interés por la política contingente, que posteriormente no está. Los temas en general son los mismos, las variaciones de tonos son parecidas, reconocibles. Ahora, se nota que el estilo después lo depuró, es un estilo de transición", explica de entrada Merino, para luego responder a las preguntas.

-¿De qué medios salen estas primeras crónicas?

- Edwards Bello escribía mucho. Una crónica diaria para "La Nación" y para "Los Tiempos", a veces escribía dos. Partimos el año 1920, porque es el año que empieza a colaborar más regularmente en "La Nación", pero hay crónicas anteriores de los años diez, que no pusimos, que estaban en la revista "Zig-Zag", pero eran muy esporádicas. En ese lapso, de los años veinte, hizo varios viajes a Europa y enviaba sus crónicas.

-¿Y sobre qué temas escribe?

- Observaciones y críticas de Chile bastante agudas; también estaba muy preocupado de la posguerra, los tratados de Alemania, temas muy de contingencia para ese momento. Otro capítulo con retratos de personas, de lugares, donde están muy presentes Valparaíso, Santiago y París. Dentro de los núcleos temáticos respetamos la cronología. Pero al revisar el período de los años veinte nos encontramos con crónicas que eran sólo para llenar la página, otras que no se entendían, porque la contingencia era extrema, y también había cuentos. Era un escritor desmedido, escribía sin embelecos, no se consideraba un artista.

-¿Fue desprejuiciándose con el tiempo en sus escritos?

- Hay cierta simpatía por el fascismo, pero estamos hablando de un momento donde el fascismo no tiene el mismo significado que tiene hoy. Ahora, siempre prefirió los regímenes autoritarios, era anticongresista, le gustaban los gobiernos fuertes, personalistas. Hay cuestiones políticas que podrían ir variando con el tiempo. Pero siguen siendo muy poco predecibles sus crónicas. La irregularidad era su fuerte.

-¿Y dice algo sobre ser el "inútil" de la familia?

- Da pocos datos biográficos, a pesar de que su papá era una figura muy presente. Era una época en que él tenía dos hijos, pero nunca se supo, y eso que vivía con su mamá y sus dos hijos en Providencia, donde ahora está el Liceo 7.

-¿Y cómo se relaciona con su clase social?

Mira con mucho desprecio a la masa que reclama en la calle, le irrita profundamente. Es un "rotólogo", políticamente incorrecto, es una variante de cierta visión oligárquica, era tan individualista que se permite todas las libertades, cambiar de opinión, contradecirse. Por otro lado, era absolutamente prodemocracia, era muy complicado. Pero también es un intento por volver a la normalidad, porque ya se había dilapidado un par de fortunas en Francia y ya había publicado "El inútil".

-¿Y qué visión tiene de la capital?

Hace diagnósticos bien divertidos. Por ejemplo, en ese tiempo ya se especulaba en construir el Metro, y él consideraba que si se construía no iba a quedar nadie en las calles, creía que Santiago era una ciudad muy despoblada.

-¿Se vislumbran en sus primeras crónicas sus lecturas?

Sí. Autores raros, como Eugenio d'Ors. Crónicas sobre Teresa Wilms Montt, donde describe unos encuentros con Valle-Inclán; por otro lado, tiene detectado a Pablo de Rokha, a Vicente Huidobro. Mucha lectura española y franceses como Balzac. Mucha admiración por Augusto d'Halmar y Gabriela Mistral. Hay una serie de entrevistas a chilenos en el extranjero, que no las expone necesariamente como preguntas y respuestas.

- La visión de Edwards Bello es como la de un historiador de lo cotidiano.

Está ese elemento abismante, que te lleva por las calles de esa época. De los muchos cronistas de ese tiempo, no hay ninguno que se pueda leer hoy día sin grandes dosis de paciencia. Edwards Bello es el único que se lee por puro gusto.

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