
Domingo 6 de abril de 2008
Son pocos los directores capaces de crear un universo consecuente en cada una de sus películas y seguir, a pesar de ese gesto repetido, sorprendiendo siempre.
Wes Anderson lo hace, y sabe que incluso calcando la fórmula es capaz de transformarla para que cada una de sus cintas sean piezas únicas de un microcosmos original.
Al igual que en sus trabajos anteriores "Los excéntricos Tenenbaums" o "Vida acuática" , en "Viaje a Darjeeling" vuelven a aparecer los lugares increíbles, los personajes perdidos, en tránsito, buscando un lugar que se parezca a un hogar, desprendidos de la familia y los amigos, intentando reencontrarse con otros y, sobre todo, con sí mismos.
Creando ambientes fantasiosos, repletos de colores, aromas y formas, pero en los que a pesar del feliz tono prima la nostalgia por la familia.
En la cinta, tres hermanos que no se han visto desde la muerte de su padre, un año antes, emprenden un viaje en tren a la India para ver si en el misticismo de Oriente pueden reencontrarse.
Fiel a su estilo, la historia no es más que una excusa para desarrollar un estilo visual que equilibra la forma con el fondo: sus escenas son exuberantes, ricas en información, minuciosas hasta el hartazgo, pero ese barroquismo que podría parecer distante es el perfecto contrapunto para descubrir la fragilidad de sus personajes.
Anderson escoge un tren en movimiento para recalcar de un modo más gráfico el hecho de que los personajes están de paso y que entre los tres hermanos no hay más coincidencias que llevar la misma sangre. Para esto genera un ambiente rico en fuerza visual que se contradice con la artificiosa mirada del occidental que mira con curiosidad y envidia esa vida tan terrenal y religiosa al mismo tiempo.
Todos estos elementos dotan al filme de un delicado ambiente, sencillo incluso a pesar de la fastuosa puesta en escena, porque a diferencia de sus anteriores trabajos, acá hay un tema que no había sido tocado, ahora la nostalgia no está en el pasado de los hermanos, sino en lo que quieren llegar a convertirse.
"Viaje a Darjeeling" es una historia sobre el crecer y el tránsito a la adultez, pero que a diferencia de sus otros filmes es mucho más respetuosa con sus personajes. Hay casi un respeto filial por los protagonistas, no los pone en jaque, los deja a merced del destino como si confiara en ellos.
Esto no significa madurez de un estilo en el que la comedia sirve de escape para la melancolía, es sólo un nuevo registro, más sensible y austero, pero plagado de momentos de genuina sensibilidad y belleza, donde incluso en la extrañeza nos podemos sentir a gusto.