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  Los claroscuros del poeta

  Los claroscuros del poeta

  Editorial Lom lanzó la primera edición chilena del importante texto de Isaac Deutscher. Una de las mejores biografías del siglo XX, según Mario Garcés, quien lo prologa. Un paseo por los altos y bajos en la vida de uno de los líderes más importantes de la Revolución Rusa.

Domingo 6 de abril de 2008

"Todos los profetas armados tuvieron acierto, y se desgraciaron cuando estaban desarmados".

Este pasaje de "El Príncipe", de Maquiavelo, sirvió de inspiración para los títulos de los dos primeros volúmenes de esta trilogía sobre la vida de León Trotsky.

En la primera parte, llamada "El profeta armado", el título sirve como analogía para relatar el ascenso, desde muy corta edad, a las más altas cúspides del grupo de hombres que planeaba la revolución más grande de nuestra era.

El segundo volumen, "El profeta desarmado", en contraposición al primero, narra la "caída" de Trotsky desde la posición de poder que ostentaba, sus disputas con Stalin y el posterior destierro del revolucionario.

Isaac Deutscher, periodista, historiador y político polaco, especialista también en la vida de Stalin, presenta estas dos primeras partes como el auge y caída de uno de los más importantes personajes de la revolución. Sin embargo, en la vida de Trotsky y en la misma historia de la Revolución Rusa, casi nada es blanco o negro.

El autor lo advierte desde el prefacio: "Vemos primero a Trotsky venciendo sin armas en la revolución más grande de nuestra era. Después lo vemos armado, victorioso y agobiado bajo el peso de su armadura; el capítulo que lo presenta en la cúspide misma del poder lleva el título de 'Derrota en la victoria'. Y cuando a continuación contemplemos al profeta desarmado, se nos planteará la interrogante si no hubo un poderoso elemento de victoria oculto en su derrota"

El último eslabón de esta trilogía, con un título bastante más elocuente, nos habla del período final en la vida del revolucionario. "El profeta desterrado" es el final de una historia, el volumen tal vez más reflexivo. El destierro y asesinato de líder ruso pone fin a una historia que puede tener características de epopeya, pero que sin duda es la historia de un héroe clásico, atrapado por su propio destino, visionario y trágico.

EPOPEYA

Un niño, hijo de agricultores judíos, nace el 26 de octubre de 1879 en una Rusia gobernada por el Zar Alejandro II. El mismo día, 38 años más tarde, el mismo niño, ya convertido en un hombre, encabezaría la Revolución Bolchevique en Petrogrado.

Aunque en los primeros años de juventud no demostró motivaciones políticas, un "accidente" lo acercó a las ideas del socialismo:

"En el verano de 1896 llegó a Nikoláiev para completar su educación secundaria. Se alojó con una familia cuyos hijos ya habían sido tocados por las ideas socialistas. Éstos no tardaron en empezar a discutir con el huésped, tratando de convencerlo de la bondad de sus ideas. Durante varios meses, al parecer, no lograron nada (...)Todo esto duró poco. Las conversaciones sobre la injusticia social prevaleciente y sobre la necesidad de cambiar el modo de vida del país habían creado ya un fermento en sus pensamientos".

Desde ahí el camino hacía el centro de la revolución fue corto y rápido. Liderando diversos grupos clandestinos revolucionarios, organizando a los obreros y editando escritos con ideas marxistas, Trotsky (aunque aún no usaba ese apelativo) se hizo de un nombre entre los revolucionarios y, por lo tanto, de enemigos en la Rusia zarista.

Condenado a destierro en Siberia por una corte de Moscú, el "profeta armado" no soportó estar lejos de la actividad revolucionaria, por lo que huyó hacia el oeste, en busca de Lenin.

Es en este escenario donde adopta su nuevo nombre: "Antes de salir de Irkutsk, sus camaradas le entregaron un pasaporte falso. Tuvo que escribir en él el nombre que debía adoptar, y escribió el de uno de sus antiguos carceleros (...) el nombre era Trotsky".

La biografía continúa relatando, con bastante detalle, el camino recorrido: el encuentro con Lenin en Londres, su trabajo en las publicaciones revolucionarias, la dirección del Soviet, la primera revolución, el gobierno provisional, el estallido de la Primera Guerra Mundial y finalmente la Revolución de 1917. Deutsher relata no sólo la historia del hombre, sino que también de todo un pueblo comprometido con la revolución.

"La clase obrera de 1917 fue una las maravillas de la historia. Numéricamente reducida, joven, inexperta e inculta, era sin embargo rica en pasión política, generosidad, idealismo y raras cualidades heroicas (...) Con sus pensamientos semianalfabetos abrazó la idea de la república de los filósofos, no su versión platónica, sino la idea de una república lo suficientemente rica y sabia para hacer de cada ciudadano un filósofo y un obrero".

DERROTA EN LA VICTORIA

Así titula Deutscher el capítulo que relata tal vez el momento más decisivo en la vida de León Trotsky, su punto más alto pero también el más bajo.

El carisma y lucidez de Trotsky permitieron que alcanzara las más altas posiciones dentro de la jerarquía de la revolución, compartiendo lugares de liderazgo junto a Lenin. Sin embargo, cuando se encontraba en la cúspide del poder cometió un error y terminó por contradecir varios de los principios que consideraba intocables.

La "Nueva Política Económica", que favorecía la industrialización por sobre el trabajo en el campo, provocó un quiebre al perder el principal patrimonio de la revolución: los campesinos. Las medidas desesperadas por reflotar un país deprimido económicamente fueron el comienzo de una carrera que finalmente lo llevaría fuera de su amada Rusia.

Cuando muere Lenin, su testamento recomienda a Trotsky como su sucesor y advierte: "Alejen a Stalin del poder". Sin embargo, la historia dijo otra cosa y en el centro mismo de las contradicciones revolucionarias, Stalin asume el mando y se transforma en un brutal dictador que comete las más atroces barbaridades que se conocen sobre la Revolución Rusa.

Deutscher relata con paciencia y un vasto conocimiento las disputas teóricas entre Trotsky y Stalin. Con el paso del tiempo, estos altercados se transformaron en una persecución hacia el "profeta desarmado", principalmente porque tal vez era el único que podía contrapesar o reemplazar al dictador ruso.

EL DESARME DEL PROFETA

El final de esta historia, con un Trotsky desterrado, recorriendo distintos países del mundo y finalmente asesinado en México, es la desembocadura de una historia que no es la de un solo hombre, sino la historia de toda una revolución.

Es la fábula de una persona determinad por su momento histórico, un gigante de la revolución, un ortodoxo del marxismo, un mártir de la revolución que él mismo construyó. En su testamento no hay dudas ni arrepentimientos:

"Durante cuarenta y tres años de mi vida consciente he sido un revolucionario y durante cuarenta y dos años he luchado bajo la bandera del marxismo. Si hubiera de comenzar otra vez, trataría... de evitar tal o cual error, pero el curso general de mi vida permanecería inalterado. Moriré siendo un revolucionario proletario, un marxista, un materialista dialéctico y, por consiguiente, una ateo irreconciliable. Mi fe en el futuro comunista de la humanidad no es menos ardiente, sino más firme hoy, de lo que era en mis días de juventud".

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