
Domingo 6 de abril de 2008
En el Patio 19 del Cementerio General se levanta, imponente, un mausoleo estilo maya. Está al lado de otro aún más grande, propiedad de la familia Edwards Ariztía.
Sólo resaltan lápidas de apellidos aristócratas que pueblan el silencioso lugar, lleno de enredaderas que se entrecruzan unas y otra vez sobre construcciones de antigua data.
Pero el mausoleo maya no tiene nombre y en su interior las tumbas están destruidas y ya sin cuerpos. Se encuentra a la venta para nuevos "habitantes", cuyos restos permanecerán ahí supuestamente hasta la eternidad.
Un funcionario del cementerio que nos hace el tour de venta explica que los restos fueron removidos y que, en caso de encontrar un "huesito perdido" en su interior, no habrá problema: él se encargará de sacarlo de ahí en el más estricto silencio. Ya lo ha hecho otras veces, nos cuenta, para lograr poner a la venta aquellos mausoleos en que los familiares ya no visitan a sus seres queridos.
Son varios los lugares donde van a parar esos restos. Todos ellos hasta ahora desconocidos, pero al mismo tiempo aparentemente autorizados por el director del cementerio, Tulio Guevara (UDI), y brazo derecho del alcalde de Recoleta, Gonzalo Cornejo.
"¿Pero qué pasa si llega un familiar en busca de uno de sus antepasados? ¿Cómo lo va a encontrar?", le preguntamos al funcionario que se gana la vida vendiendo "tumbas compartidas". "Es difícil, porque en las exhumaciones, muchos huesos son juntados en una misma bolsa", responde sin inmutarse.
Poco rato antes, el departamento encargado de la venta de mausoleos y bóvedas antiguas (construcciones bajo tierra) nos mostró una nómina enorme que ya había sido vendida. Imposible contarlos, sólo nos explicó que quedaban seis aún sin vender y que deberíamos aprovechar la oportunidad, ya que son más baratos que comprarse una tumba nueva.
No es necesario ser un creyente recalcitrante para darse cuenta de que algo huele mal en el Cementerio General; que en algún momento a las autoridades edilicias de la UDI nuevamente se les dividió el corazón entre la antigua dicotomía que supone respetar el descanso de los propios muertos, por un lado, y la maximización de utilidades y la libre competencia, por otro.
Si es verdad lo que nos informaron los funcionarios del cementerio, se trataría de una práctica que comenzó a hacerse común en 2003, con la llegada de las nuevas autoridades gremialistas al camposanto. Ese mismo año, mientras se hacían colectas de fondos para las campañas edilicias, las ventas de tumbas usadas se multiplicaron.
Fue en ese período cuando apareció en el lugar el operador de la UDI Iñaki Busto, la misma persona que actualmente tiene a su partido contra las cuerdas producto de sus cuestionados trabajos a través de la firma computacional GMA.
Pese a que en el cementerio aseguran que Iñaki jamás se apareció por el lugar, LND accedió a dos contratos, uno de 2003 y el otro de 2004 entre el operador y la institución. El primer año ganó un millón de pesos. Al siguiente subió a 1,2 millones por "análisis de presupuestos sectoriales".
A juicio de la concejala DC por Recoleta Francisca Zaldívar, "su presencia y también la de Jaime Jullian son extremadamente sospechosas. El cementerio ha aumentado sus aportes a la municipalidad, pero no está claro en qué se ha ocupado. Tampoco es justificable el costo humano que suponen estas inhumaciones".
Por lo mismo, presentó una denuncia a la Contraloría General de la República, que está actualmente en estudio.
TUMBAS FANTASMAS
Un entrevistado que prefirió guardar reserva de su identidad explicó a LND que hace un tiempo fue a visitar a su bisabuela. "Figuraba en los registros escritos, pero la tumba no estaba", recuerda con horror.
Consultado por las supuestas irregularidades en la venta de mausoleos y el lucrativo negocio que se escondería detrás de las tumbas compartidas, el encargado de la capilla del camposanto, Marcelo Araya, señaló a LND que simplemente se encontraba impactado por la información que le proporcionamos.
"A nosotros nunca nos hablaron de remoción de cuerpos, nos dijeron que se trataba de tumbas vacías. La verdad es que me parece espantoso", dijo.
Lo que agrava aún más la situación es que en 1998 la Contraloría ya se pronunció sobre este tema producto de una controversia con los familiares de un mausoleo abandonado. A partir de ese momento, el tema se dio por zanjado y el cementerio debió anular una venta que había hecho bajo estas mismas circunstancias.
Al no existir fundadores ni descendencia viva, la entidad señaló lo siguiente: "Nadie pudo transferir la sepultura, tampoco el director del cementerio pudo efectuar tal transferencia, porque en la situación estudiada no se daban los requisitos que estipula la ley".
Pero hoy este tipo de ventas pareciera ser recurrente en la comuna de Recoleta. De hecho, a través de "El Mercurio", el cementerio llama periódicamente a cientos de fundadores o familiares con derecho sobre las tumbas que supuestamente estarían abandonadas.
Les solicitan presentarse para repararlas y en caso de que ellos no asistan, los insertos señalan explícitamente que les aplicarán "la norma reglamentaria". En la práctica, esto significa que el cementerio recuperará las sepulturas, exhumando los cadáveres, procediendo luego a construir otras nuevas para posteriormente venderlas.
CONTRALORÍA EN ESPERA
El ex director del cementerio Eleazar Robles denunció por primera vez ante Contraloría estas irregularidades a partir de 2004. Ese año, los mismos funcionarios del cementerio denunciaron que se estaban llevando a cabo exhumaciones ilegales.
A partir de ese momento, Robles realizó cuatro presentaciones al ente contralor, cada vez adjuntando más antecedentes, que pudieron ser corroborados por LND.
Pero en su informe de julio de 2007, Contraloría aún no se pronuncia sobre este asunto. Por este motivo, a fines del año pasado, la concejala Francisca Zaldívar se reunió con el contralor Ramiro Mendoza para denunciar el ilícito. "En esa ocasión me señaló que el tema iba a ser estudiado en profundidad por el área jurídica, ya que hasta ese momento había sido analizado por auditores", dijo.
De las auditorías apareció un dato interesante, que podría explicar parte de lo que sucede en Recoleta. Se trata de los dineros obtenidos por la renovación de nichos: "Los ingresos devengados por concepto de derechos de renovación, en nichos temporales y sepulturas en patio, no son reconocidos en los registros contables". Es decir, estos dineros no son parte de la contabilidad oficial de Recoleta y, por tanto, su destino hasta hoy es desconocido.
Al terminar el paseo por el cementerio fue imposible encontrar rótulos familiares para dar con un nombre e intentar contactar a algún pariente. Sólo uno fue descubierto, perdido en medio del Patio 16, perteneciente a la "Familia Ovalle Olivares".
Pero si sus familiares quisieran recordar a sus deudos, lo más probable es que se pasen toda la vida buscando los restos. En las "tumbas compartidas" no hay espacio para "habitantes antiguos". Business is business.