
Domingo 6 de abril de 2008
¿Usted habla del restaurante de los maricones?", pregunta Catalina. Poco antes, la mujer nos vio traspasar la reja electrificada que antecede al acceso principal del Hogar San Pedro de Armengol, en la comuna de Recoleta, donde ella espera a uno de los dos hijos que tiene ahí.
Los niños que viven allí bajo protección del Servicio Nacional de Menores (Sename) miran con recelo del otro lado de la reja, y varios de ellos, que no pasan de los 10 u 11 años, se acercan y nos preguntan si somos de la tele. Uno más grande aparece de pronto y exige: "¡Oye, no digái na' poh!".
La "sugerencia" se refiere a las acusaciones contra el travesti y ex dirigente de minorías sexuales de la Región Metropolitana Silvia Parada, formalizado y recluido esta semana bajo cargos de abusos sexuales contra seis niños, de entre 13 y 16 años, acogidos en el hogar.
El recinto más bien parece una cárcel y allí, desde el otro lado del citófono, la subdirectora, Carolina Angulo, nos dice que no pueden hacer comentarios, por tratarse de una investigación que está en manos de la fiscalía. "Estamos reuniendo los antecedentes. Si quiere me deja su teléfono, porque se hará un comunicado", advierte.
LA CASONA GRIS
Los antecedentes que maneja el Ministerio Público indican que los presuntos abusos ocurrieron durante el primer semestre de 2007, en una casa de calle María Graham, muy cerca del hogar. Allí, Parada que en realidad se llama David Parada Araya, de 39 años administraba un local de comida, como parte un proyecto avalado por la Municipalidad de Recoleta.
El inmueble no luce en su exterior ningún letrero que indique venta de comida, pero un par de globos reventados que penden de un foco en la parte superior del acceso principal dan cuenta de alguna fiesta reciente. En la vereda, el envoltorio de un condón nos mete una idea pícara en la cabeza, pero asumimos que la casualidad tiene lo suyo.
La casona está subdividida en varias propiedades residenciales, nos advierte una joven que se asoma para decirnos que "esta casa no tiene nada que ver con la de al lado, golpee más allá". La misma muchacha añade que "nunca vi niños, pero los fines de semana casi siempre había fiestas y llegaban hartos autos".
La denuncia sostiene que Silvia Parada practicaba tocaciones y sexo oral a los menores tres de ellos con retardo mental a cambio de dinero, comida y ropa. La "atención" se hacía en una pieza interior, cuando los niños volvían del colegio al hogar. Dos mil pesos era el "premio".
Sin embargo, Parada argumenta que las acusaciones son una venganza de los menores. "A mediados del año pasado (Silvia) me dijo que unos jóvenes habían robado un celular de una persona que trabajaba allí, y la amenazaron con acusarla de abusos sexuales si los denunciaba", coincide una vecina.
TRAVESTISMO Y POLÍTICA
"¡Esta es una marcha vendida!", gritó Silvia Parada durante la Marcha del Orgullo de 2007. La mediática dirigente transexual aludía a que los organizadores del evento habían recibido apoyo del Gobierno.
El impasse rosa era uno de los tantos que han marcado el quiebre de las minorías sexuales organizadas -como el Movilh y la organización Amanda Jofré-, que desde 2004 han acusado a Parada de malversar recursos y de trabajar para la UDI.
Sin ir más lejos, conocida la denuncia por abusos, responsables de estos grupos no tardaron en aclarar que Parada ya no es dirigente, que TravesChile la organización que ella fundó no existe y que sólo hace activismo por la derecha política.
"Desde el 2004 que dejó de ser una activista por los derechos de los transexuales. Terminó perfilándose como una dirigenta social de la derecha política y trabajó activamente en diversas candidaturas electorales de la UDI", advierte la página Opusgay.cl.
En el mismo sitio se señala que la relación con la UDI se gestó al alero de la Municipalidad de Santiago, cuando Joaquín Lavín era alcalde. Dicho acercamiento dio origen al polémico intento de instalar un "barrio rojo" en calle San Camilo, con casetas de seguridad incluidas, y a una sede que TravesChile arrendó, primero en calle Victoria y luego en Rogelio Ugarte, en el barrio Matta.
"Esa sede no era más que un antro financiado por la municipalidad. Los vecinos reclamaron por los escándalos y el hueveo que allí había. Ella [Silvia] tenía hasta un sueldo de cien mil pesos que pagaba el municipio", advierte un dirigente.
La presidenta de la Junta de Vecinos Nº 10, Carmen Mesa, refuta estas imputaciones. "Ella siempre tuvo una buena relación con nosotros y trabajó por la gente que ayudaba".
La dirigenta confirma, sí, que el arriendo de la sede de Rogelio Ugarte lo pagaba el municipio de Santiago, pero desconoce si Silvia tenía militancia política. "Usted sabe que ellos se mueven por todos lados. En esta vida hay que estar bien con Dios y con el diablo", sentencia.
Las organizaciones transexuales sospechan que ese noviazgo con la derecha permitió a Parada trabajar después en Recoleta. "Pregúntele a la UDI, al alcalde Cornejo, no a nosotros", dispara Rolando Jiménez, dirigente del Movilh.
"La única vinculación con TravesChile fue la cesión de un espacio físico gratuito para talleres de reinserción social y laboral, y promoción de derechos de minorías sexuales. Pero no existió subvención ni entrega de recursos económicos", responde Ricardo Sáez, funcionario del municipio.
Las acusaciones contra Parada no se quedan en la arista política. Según dirigentes de organizaciones transexuales, Silvia habría tenido conductas pedófilas en el pasado, por lo que "no sería nada raro" que haya ocurrido lo mismo en la casona de María Graham.
Ahora eso deberá resolverlo la justicia. Mientras, Parada esperará el resultado de la investigación en la cárcel de San Miguel, penal que aloja a la mayor población transexual del país, aunque con un panorama menos rosa.