
El paso de la antorcha de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 por Europa se ha transformado en un problema de máxima seguridad. El emblema fue objeto de una verdadera batalla campal en Londres y un deslucido traslado en bus en París, debido a las constantes manifestaciones de activistas pro Tíbet que buscaban apagar el fuego olímpico.