
Jueves 10 de abril de 2008
El remake es un género en sí mismo. Esa manía de rehacer una película al dedillo, para ver si con actores taquilleros se puede recaudar más. La guinda de la temporada es una historia probada y sacramentada por las audiencias: "Jian gui" una película del 2002 dirigida por un par de cineastas hongkoneses que le dan al cine de terror una denominación de origen. De los hermanos Pang, "El ojo del mal" -original- es una escalofriante película que recoge la historia de Sydney, una violinista no vidente que se somete a un implante de córneas que le da una segunda oportunidad tras un accidente que la ha dejado ciega. La chica es presa de un extraño fenómeno llamado "memoria celular", y que explica extraños "deja vús" y recuerdos residuales del donante del órgano. Después de la operación, Sydney comienza a tener visiones sobrenaturales. Cosas aterradoras que la persiguen y que cualquier diagnóstico le anuncia como un efecto secundario del trasplante. Desde ese momento, la jovencita se preocupará de saber la verdad sobre el antiguo sueño de sus córneas con la ayuda del Dr. Faulkner. Lo que aparentemente es un juego de la imaginación esconde insospechados giros hacia el mundo de los muertos, un mundo que solo Sydney puede ver.
Tras calar la sandía del éxito con versiones occidentales para el terror de oriente como "El aro" o "El grito", calcadas de sus respectivas versiones japonesas, Hollywood pasa por el filtro elementos como el actor de moda, o reducir las pausas del cine asiático que son garantía de diástole. Y lo reemplaza por el gato que aparece de pronto detrás de la puerta, el chán! y otros efectos como el pelmazo arrogante que muere a los dos minutos de película o el final feliz cuando corresponde.
Si de algo ha servido este copy-paste, es para masificar el cine de autores impronunciables y generar la duda de "si la versión gringa es tan pro, ¿cómo será el original coreano-japonés-chino-tailandés? "El ojo del mal" no es del todo una mala película. Es un calco respetable, pero la fórmula trillada convocará a los fans del género quienes ya cuentan con anticuerpos contra el lugar común. Se extraña una creación de una atmósfera que es la característica del cine oriental, el uso y abuso de los efectos especiales que subraya lo obvio. Como darle la papilla a la guagua en su butaca.
Claramente, "El ojo del mal" no pasará a la galería de la fama del cine, Jessica Alba seguirá buscando el golpe que la instale en el panteón de las Julia Roberts, tal vez sumando malos títulos en los que pondrá más esfuerzo que talento. El guión es la extrañeza, el ejemplo de una adaptación que pintaba para bien si el par de directores no se engolosinara con la forma y esa edición moderna que parece sacada de un pabellón de esquizoides. David Moreau y Xavier Palud dirigen con más recursos y menos oficio que los hermanos Pang y ese mal ojo, esa miopía para describir y traducir una obra que es hija de sus tiempos y silencios, de la cámara pasiva y el terror más seminal, no con código de barras.
"The eye". EEUU. 2008. 97 minutos. Jessica Alba, Alessandro Nivola, Parker Posey. Dirección: David Moreau y Xavier Palud. 14 años.