
Domingo 13 de abril de 2008
Ha sido siempre un miembro más del grupo, pero este jueves Mario Fernández se convirtió en la estrella. Hace 15 años que el ex ministro de Defensa se reúne con sus camaradas de la Concertación para discutir sobre la agenda política de la semana, pero esta vez la comida habitual en el Centro Vasco en Vicuña
Mackenna 547 tuvo un sabor distinto. Frente a él estaban Rodrigo Asenjo (DC), Marcelo Schilling (PS), Carlos Mladinic (DC), Gustavo Villalobos (PS), Claudio Huepe (DC), Edgardo Riveros (DC), y una interrogante que cayó sobre la mesa justo antes del postre: ¿por qué su voto en el Tribunal Constitucional (TC)?
Fernández respondió seco, en medio de las bromas de sus compañeros. Defendió las mismas razones "de derecho" que usó a favor del requerimiento de la Alianza contra la distribución de la píldora del día después en servicios públicos. A pesar de formar parte del TC gracias a Ricardo Lagos quien propuso su nombre al Congreso , no le tembló la voz para evidenciar los argumentos que esta vez lo ubicaron más cerca de la derecha.
El ex ministro secretario general de la Presidencia ha sido uno de los hombres más criticados del TC. No sólo porque con su voto inclinó la balanza contra las políticas de fertilidad del Gobierno, sino porque según sus detractores llevó su sello confesional e ideología católica al estrado. "Fernández le dijo a un amigo que si la Iglesia se opone a un tema, él tenía el deber moral de oponerse", asegura una persona cercana a su círculo.
Este reparo, que se extendió a todos los miembros del TC que apoyaron la petición de los diputados de oposición, ha puesto en tela de juicio las atribuciones del tribunal y la elección de sus miembros.
Pese a que no quiere referirse al polémico fallo, el abogado constitucionalista de la Universidad de Chile Francisco Zúñiga sí cree que es "inaceptable que un juez falle un conflicto como católico, judío, agnóstico. Para eso integramos el tribunal con sacerdotes, rabinos o doctores de la ley, pero el fallo debe ser conforme al derecho y no a las convicciones personales".
Zúñiga fue uno de los artífices de la reforma constitucional de 2005 que introdujo cambios al TC, especialmente los que apuntaban a democratizar la elección de sus miembros. Por eso cree que este órgano creado en Europa después de la Primera Guerra Mundial es un buen instrumento democrático, siempre y cuando sus miembros no lo contaminen. "Lo que está en juego es la legitimidad del tribunal mismo, porque al TC se le encomienda la custodia de la Constitución y no la imposición de una tiranía de valores fruto de sus preferencias y valores ideológicos. Un TC que ejerce una tiranía de valores es un TC insoportable".
VOTO DE OBEDIENCIA
Soledad heredó la vocación de su padre, Raúl Bertelsen. Estudia derecho en la Universidad de los Andes, la misma casa de la que el miembro del TC fue rector y, al igual que él, es una férrea defensora de los valores del Opus Dei. La semana recién pasada agregó a su Facebook un link antiaborto con la foto de un feto. Además, pertenece a un grupo llamado Ideas Públicas, que en sus estatutos establece la defensa de la vida "desde la concepción hasta la muerte natural". Sin matices.
En este momento, Bertelsen es el miembro más criticado del TC, ya que a pesar de escribir un informe en derecho contrario a la píldora en 2004, no se inhabilitó para votar. Sin embargo, su coautor, Enrique Navarro, se abstuvo. La ley dice claramente que esta es una causal de inhabilidad, pero el TC resolvió llevarlo a votación. Mientras Navarro dijo que no era recomendable que él participara en el proceso, Bertelsen defendió su posibilidad de decidir sobre las políticas de fertilidad. Todos los miembros votaron. Dejaron fuera a Navarro y no a Bertelsen, una decisión que ha hecho enojar a parlamentarios oficialistas y a cientos de mujeres que han protestado en las puertas del tribunal. "Estamos en un país democrático y las decisiones del TC no se cuestionan", dicen parlamentarios de la Alianza. Francisco Zúñiga cree que este tribunal "contramayoritario" tiene justamente a los ciudadanos como único referente a quien rendirle cuentas. "La responsabilidad del TC es difusa y tiene que ver con su legitimidad ante la opinión pública, que es consecuencia directa de sus decisiones. Dado que no hay mecanismos para hacer responsable al TC, la única responsabilidad es ante los ciudadanos y sus decisiones no son inmunes a la crítica", advierte.
A pesar de la conformación actual del TC, definida luego de 2005 y que posibilita que los miembros sean electos por la Corte Suprema, el Presidente de la República, el Senado y la Cámara, hay quienes piensan que su composición no siempre es la más pluralista. "Hay personas que integran el TC que tienen mentalidad antidemocrática y toman las decisiones en base a eso", dice el abogado Hugo Gutiérrez.
LA TETA Y LA DUDA
Los alumnos de derecho de la Universidad Católica quedaron estupefactos. En medio de un examen de derecho constitucional, mientras todos permanecían callados y concentrados, Marisol Peña comenzó a darle pecho a su hijo. En el momento, todos se extrañaron que la conservadora constitucionalista alimentara a su guagua justo debajo de la cruz que cuelga de todas las salas de clases de la UC. Pero con el tiempo, algunos sacaron sus conclusiones. "Ella es muy disciplinada y estricta. Entonces, era lógico que respetara íntegramente los horarios de lactancia", cuenta un estudiante que presenció el momento.
Marisol Peña, la única mujer del Tribunal Constitucional, votó a favor del requerimiento de los diputados de la Alianza y en contra de la anticoncepción de emergencia. Reconocida como una mujer católica y conservadora, Peña es profesora de la Anepe (Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos del Ejército) y partidaria de la Constitución del 80. Muy cercana a las Fuerzas Armadas, fue simpatizante del Gobierno de Pinochet. El perfil de académica objetiva es su sello, por lo que algunos la encuentran "tibia" o "ni chicha ni limoná". De hecho, las malas lenguas dicen que ella no tomó la decisión contra la píldora sola, sino que siguió los consejos de uno de sus amigos más cercanos. "Yo creo que Cea otro integrante del TC le dijo cómo votar, así de simple", comenta uno de sus colegas de la UC. Esta es sólo una muestra de la estrecha relación de Peña con José Luis Cea. Juntos crearon el magíster y el postítulo en Derecho Constitucional de la Universidad Católica y llevan más de 30 años compartiendo la vida en la Pontificia.
Siempre pulcro, Cea nunca deja de combinar corbata con colleras y va a misa todos los domingos, sin excepción. Son algunas de las reglas que rigen su vida, pero la que tiene marcada con hierro es la que le dicta su interpretación de la Constitución: respetar el derecho a la vida por sobre todas las cosas. Así se lo ha repetido a sus alumnos de la UC. "En una clase dijo que tomar en cuenta los estudios que dicen que la píldora no es abortiva es relativizar el tema y que él está preocupado de defender la vida", relata un estudiante. Por eso votó a favor del requerimiento de la Alianza. Ante la duda de los efectos de la Postinor, optó por irse a la segura, fiel a su alma conservadora. Los que lo conocen aseguran que su visión del derecho sigue el mismo tenor, lo que se demuestra en que para interpretar la Constitución usa las actas de la Comisión Ortúzar, el grupo que nombró Pinochet para preparar la Constitución del 80 y que hasta hoy saca ronchas en los medios progresistas de la idiosincrasia chilena. Descendiente de José Manuel Cea el socio de Portales en el negocio del tabaco y los licores , este académico es portaliano a ultranza y se define como independiente. Como pocos en estas esferas de la UC, él no apoyó el golpe militar, incluso participó en foros organizados por la oposición de la época y es un férreo defensor de los derechos humanos sin importarle el color político, por lo que participó en la Comisión Rettig. A pesar de que nunca ha tenido problemas ni con derechas ni con izquierdas, esta vez está en tela de juicio. Un grupo de parlamentarios de la Concertación está pidiendo su inhabilitación por adelantar el resultado del fallo mediante un comunicado público que firmó como presidente subrogante, antes de la fecha de publicación, el 22 de abril.
Más allá de que el fallo particular de la píldora haya sacado ronchas, con esta última decisión se abre una nueva interrogante: si hemos llegado a un punto en que es necesario revisar las atribuciones, la composición del TC y la misma carta fundamental que tienen que interpretar. "El gran problema es que en Chile no hayamos sido capaces de crear una institucionalidad democrática y el TC tiene como propósito representar la Constitución de Pinochet, por lo que se vuelve un reflejo de eso", opina Hugo Gutiérrez.
A pesar de que los fallos del TC son inapelables por ser la última instancia para resolver conflictos entre poderes del Estado , hay quienes plantean que aún hay una luz de esperanza. "Una decisión que no es aceptada a nivel político puede ser enfrentada a través de una reforma constitucional que modifique aquellos aspectos del texto que sirven de base a dicha decisión", dice el abogado constitucionalista Eduardo Aldunate.
Una de las peticiones que han levantado los críticos del último fallo es una reforma constitucional que incluya la posibilidad de plebiscito para que la última palabra en temas valóricos no la tengan diez personas al calor de sus convicciones, sino la ciudadanía. LND