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Viernes 25 de abril de 2008
-¿Qué es lo que te apasionó de esta historia?
-Me fascinó ver a niños que tienen acceso a la música y comprobar cómo ésta les cambia la vida para siempre. Ver como sus padres y vecinos se involucran, cómo una música que siempre ha sido asociada a la elite se transforma en la razón de ser de chicos de escasos recursos. Quizá no van a ser grandes concertistas, pero van a ser hombres buenos y más felices, porque han aprendido que la mejor forma de manejar el tiempo libre es el arte. Es el caso de Luis Peña, un chico de Curanilahue que tiene una familia preciosa y que fue invitado a tocar con la Sinfónica en el Teatro Municipal. O la niñita de Isla de Pascua que toca de oído a Beethoven.
-¿El título se te ocurrió a ti?
-No. Me lo dijo un niño de nueve años de Puerto Montt que vino solito a Santiago para el sexto encuentro. Yo me encontré con él en la Plaza de Armas y andaba con su violín al hombro. El chico había tenido un sin fin de dificultades para llegar acá, pero aquí estaba, sonriendo. Ante mi sorpresa, él me explicó convencido: "Es que hay que tener valor para seguir tocando". Ahí está el nombre de la película, pensé. Ellos están tocados por la belleza.
-En tu documental, la muerte de Jorge Peña Hen e incluso su figura, están tocadas sólo sutilmente. ¿Por qué?
-Porque esa es otra película y preferimos jugar con la interrogante. Lo mencionamos al principio y al final, e incluso escuchamos su voz en la cinta. Sin embargo, no quisimos quedarnos en historias particulares, sino más bien proponer que el maestro Jorge Peña está más vivo que nunca, que está en todos los niños que hacen realidad el sueño que él tenía en los años 60 en La Serena: hacer orquestas en todo Chile y de esta forma democratizar la belleza. Es una forma de decir: miren al genio que fusilaron en la Caravana de la Muerte, miren lo que consiguió. Ahora cada región quiere tener su propia orquesta y ya van más de 200.
-¿No te dieron ganas de golpear las puertas de las autoridades al estilo Michael Moore y exigir proyección para estos niños?
-Claro que me dieron ganas, pero creo que la gente de la Fundación tiene ese rol y está usando este documental con ese propósito. Yo espero que les de resultado, porque estos chicos son el espíritu de la patria. Y hay tanto talento que se pierde por causa de la desigualdad económica.
-¿Y ahora, dónde apuntará tu cámara?
-Estoy preparando una película sobre el arribismo chileno, una comedia negra que le tirará palos a la elite, a los new rich de este país. El rodaje comienza en diciembre y estoy muy entusiasmado porque hace casi seis años, desde "Negocio Redondo", que no filmo un largometraje. Me gustaría que la protagonizara Amparo Noguera.