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  Sexo con robots

  Sexo con robots

  La tendencia humana al antropomorfismo permitirá que estas máquinas se vuelvan parte de la sociedad. Los robots con cuerpos humanos creíbles ya están aquí. Al agregarles mentes lo suficientemente inteligentes para manejar un pequeño nivel de lenguaje, hay quienes ya sostienen que el segundo nivel se dará entre las sábanas.

Viernes 25 de abril de 2008


Londres, 1977: el Gran Maestro Internacional de ajedrez Michael Stean está perdiendo ante Chess 4.6, un programa computacional desarrollado en la Universidad Northwestern de Illinois. Stean está echando humo: está perdiendo. Según él, Chess 4.6 es "un monstruo de hierro". Cuando finalmente admite su derrota, sin embargo, lo hace con gracia, declarando que 4.6 es un genio.

Volvemos antropomorfo el mundo de todas las formas que podemos. Doce mil años atrás, tomamos animales salvajes y los modelamos a nuestra imagen: los gatos domésticos han evolucionado hacia un aspecto infantil para llamar la atención de nuestro amor por lo bonito y tierno.

El antromorfismo, aunque es aparentemente un tic sentimental, es central para lo que nos hace humanos. A través del tiempo, un bebé se da cuenta que las demás personas son algo más que muebles animados, impulsado y apoyado por un patrón de intercambio de miradas. Mucho antes de que los niños adquieran esa comprensión (llamada teoría de la mente), están fascinados por los ojos, y por la dirección de la mirada fija de otra persona. Nos convertimos en humanos sólo porque anteriormente alguien nos trató como tales.

Aprendiendo inglés

¿Cuán compleja debe ser alguna cosa antes de ser considerada humana? La respuesta parece ser que no mucho. Un consorcio liderado por la Universidad de Plymouth acaba de ganar una beca de investigación de 10 millones de dólares para enseñarle a hablar en inglés a un robot llamado iCub. Su teoría de la mente quizás dependa menos del potencial intelectual que de la buena voluntad de los científicos para tratar su objeto como un niño real.

Esperemos que crezca como una pequeña cosa sociable. El hecho concreto es que lo necesitamos. El Census Bureau estadounidense estima que la población de adultos mayores del país se habrá más que duplicado hacia 2050, hasta 80 millones. Pero simplemente no hay suficientes jóvenes para cuidarlos. Un estudio de la Universidad de Saint Louis, en Missouri, muestra que los perros robot son un consuelo tan grande para los mayores como los perros reales. En 30 años más, los cuidadores robot serán requeridos para la ayuda práctica, así como consuelo, para los ancianos.

Los robots domésticos ya son un gran negocio. Se espera que la magnitud de los robots de servicio en Japón alcance los 10 mil millones de dólares hacia 2015. La mente es la valla final, pero los robots no necesitan ser tan inteligentes como nosotros para cuidarnos, conversar con nosotros, o acompañarnos. Sólo tienen que ser lo suficientemente listos. Nuestro instinto por el antromorfismo hará el resto.

Sexo con robots

Ése es, al menos, el mensaje de Love and Sex with Robots (Amor y sexo con robots), un libro de David Levy, Maestro Internacional de ajedrez. La pasión de Levy por la inteligencia artificial lo llevó a dirigir el equipo que creó Converse, un programa que, en 1997, ganó el Premio Loebner, una distinción para el computador de conversación más convincente.

Ahora, con cerca de 65 años, Levy está llevando la vida artificial hacia el sexo. "Los humanos tratan con afecto y tienden a ser cariñosos con aquellos que les ofrecen lo mismo", dice, y predice que a la prostitución sólo le quedan unos 20 años antes de que los robots tomen su lugar. Los robots con cuerpos humanos creíbles ya están aquí. Al agregarles mentes lo suficientemente inteligentes para manejar un pequeño nivel de lenguaje, ¿cómo podríamos evitar amarlos?

Levy sostiene que los robots apelarán a nuestra mejor naturaleza. Ya ha sucedido. ¿Quien no recuerda aquellos juguetes japoneses que había que "alimentar" a todas las horas de la noche? "Un notable aspecto de la enorme popularidad del Tamagotchi, señala Levy, es que difícilmente posee algún elemento de personalidad; su gran atractivo proviene de su necesidad casi constante de ser protegido y alimentado".

Su libro nos recuerda que la humanidad es un acto: es algo que hacemos. Cuando nuestros robots se conviertan en mascotas, cuidadores e incluso compañeros, sentiremos, casi con naturalidad, la necesidad de tratarlos bien. Cuando se les considere humanos, les otorgaremos el beneficio de la duda, de la manera en que le damos el beneficio de la duda a nuestras mascotas, nuestros niños o entre nosotros mismos.

The Guardian

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