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  Loco rayado

  Loco rayado

  Me recomendaron no entrevistarlo nunca, pero hice oídos sordos y fui nomás a su consulta. Álvaro Scaramelli, el terapeuta, me recibió con la mano extendida, me puso imanes en la garganta, me leyó el aura y me hizo reiki. Viví para contarlo, porque no me pasó nada, y yo que pensé que la mala suerte se pegaba.

Domingo 27 de abril de 2008


Es yeta, no te juntes con él", me dijeron. Incluso me sugirieron llevar amarrada a la muñeca una cintita roja antes de conocerlo. Y es que Álvaro Scaramelli estuvo por años haciendo noticia por sus catástrofes.

Una vez casi perdió la vida por culpa de la bacteria asesina. Se contagió no se sabe cómo, pero eso le pasa a una persona en un millón y justo le tocó a él. Luego se le quemó la casa. Se separó de su esposa. Los productores democráticos lo alejaron de los escenarios.

Su mala racha es de larga data, perdió su auto nuevo en el famoso aluvión de Macul. Otra vez hizo noticia por un asalto. Otra porque le dieron una golpiza cuando iba saliendo de su pub; y lo peor, se luxó un hombro justo el día en que clasificaba para la final del Festival de Viña del año 98.

Álvaro Escalona Scaramelli es porfiado y casi no le da vergüenza aparecer en la prensa como víctima de algo. A todo esto su apellido no es Scaramelli, es Escalona, se lo cambió porque su "nono" se lo pidió, su abuelo quería mantener el Scaramelli en el tiempo y Álvaro le dio en el gusto: sus cinco hijos lo llevan.

Durante la campaña presidencial del 89 apoyó públicamente a Hernán Büchi, y eso también le jugó en contra. Era que no. Y en el 2000 lo metieron preso por vender discos en Tobalaba con Providencia. Fue un miniescándalo, él quería protestar por la eliminación de la piratería, pero los carabineros lo metieron a la cuca y los CD siguieron en las veredas ofreciéndose a mil pesos. En la tele lo último que hizo fue participar en el programa "Rojo Vip".

AORTA-AORTA

Un martes lo vi en el Panorámico de Providencia, le hablaba a un grupo de mujeres con una gracia que me recordó a Bonvallet cuando hacía clases de capacitación optimista. Decía: "Vivir como respiramos es un desafío, porque eso implica no preocuparnos, no tener miedo, no dramatizar, no estar ansioso, no victimizarnos, no ejercer poder sobre otros, no juzgar, no agredir, no, no, no ".

Esas frases eran de su libro "Sanarte", que publicó en octubre del año pasado y que ya lleva tres ediciones. Con sus ojos miraba concentrado a las señoras que hacían una pausa mientras compraban pilchas de última moda.

"¿Qué onda?", le pregunté a una de ellas. "¡Este gallo ahora es chamán!", me respondió una rubia.

Ha pasado el tiempo. Sacaramelli dejó el mundanal ruido y se cobijó en cosas más espirituales. Su consulta está ubicada en avenida Las Condes 9792, oficina 1106. En la página web dice que Innerlife es un centro de equilibrio, aunque yo me imaginé que era una especie de spa. Cuando llego me abre la puerta su esposa de hace diez años, Loreto, quien hace las veces de secretaria. Ella es una guapa mujer, mamá de su última hijita, de un año y medio, Lorenza. Loreto organiza las horas de atención de los pacientes.

El centro de atención es un departamento blanco, de tres piezas, adornado con cuarzos rosados e imanes recubiertos de cuero color rojo. Hay bambú de la suerte por todos lados.

Scaramelli aparece a saludar, viste camisa blanca, pantalón blanco y un polar azul sin mangas. Saluda con beso incluido. Me hace pasar a una de las piezas. Empezamos a conversar.

Decido poner "record" en la grabadora para no perder ningún detalle de lo que él me cuente. Pero la máquina no me funciona. Aprieto las teclas y no hay caso. Rápidamente pensé que mis compañeros tenían razón, esta entrevista no me resultaría aunque quisiera. ¡Cómo iba a ser tanta la mala cueva! Problemas de pilas, pensé, y, claro, era eso. Menos mal.

Álvaro me contó que en 1987, mientras grababa el disco "Mi tiempo interior" su primer disco como solista , empezó a practicar terapias que eran consideradas súper hippies. Se sumó a un grupo de yoga orientado a la energía de la cordillera de los Andes. Participaba en retiros espirituales y expresaba su incomodidad en las letras de las canciones. En el disco "Déjenme" gritaba que la fama le molestaba. "No quería tener las luces encima, quería estar solo", dice.

- ¿Por qué no te dedicaste antes a sanar gente en vez de insistir en ser cantante?

- En ese tiempo estas cosas se veían como algo esotérico; hablar de lo que hablo hoy día es fácil porque hay apertura espiritual y una conciencia donde no paso por loco. ¿Qué terapia quieres que te haga? me pregunta de una.

- No sé.

- Mira, empecemos con biomagnetismo. Acuéstate aquí me dice.

- ¿Me tengo que sacar algo? pregunto.

- No responde.

Me subo a la camilla. Me pone música que recuerda el sonido del mar, pajaritos y toda esa onda de relajación zen. Cierro mis ojos y me entrego, teniendo cuidado de no sacarme la cintita roja de la muñeca. Scaramelli toma mis zapatos y comienza a descifrar una especie de lista de cada uno de mis huesos. Para sólo cuando mis pies se lo indican.

El biomagnetismo es así, el cuerpo habla de las dolencias. Me pone el primer imán en la frente, luego en los ojos, después junto a los oídos y otro en la garganta.

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9 kbBien bajito pronuncia palabras como aorta-aorta, apéndice-pleura, apéndice-apéndice, timo, aquiles-aquiles, atlas-atlas, aurícula-ventricular, aurícula-ventricular, axila-axila, bazo-bazo y para. Y me pone otro imán.

Cuando termina me explica que mientras esperaba que los imanes hicieran efecto, él aprovechaba de hacer reiki. Las manos de Álvaro se habían estacionado en mi pecho. Comienzo a relajarme. Me da sueño. Me masajea los brazos con unos movimientos circulatorios. Luego estira mis dedos uno a uno. La sensación es rica. De pronto me mete los dedos en los oídos. ¡Dolor! "Tu cuerpo habla de tus enfermedades", me dice.

EL MAESTRO

- Vas a tener que venir de nuevo me recomienda.

-¿Por qué? ¿Estoy muy mal? pregunto.

- Con dos o tres estás lista para sanarte ese lumbago. ¿Vamos a la otra pieza?

- Bueno.

Scaramelli me cuenta que nunca se dijo de él que era yeta. Lo que sí se dijo era que tenía mala suerte. "La gente sabe que en realidad eso no es nada de malo; al contrario, cuando se te quema una casa, la reconstruyes y no le tienes miedo a la vida ni al futuro. La gente se aferra a lo poco que tiene con la desesperación de que si lo pierde se va a la mierda", argumenta. Para lograr esta filosofía ha sacado ideas de todas partes.

- Pero, Álvaro, ¿debes tener un maestro? le pregunto

- Mi gran maestro soy yo. Cuando logré deshacerme de todas las emociones y pensamientos negativos, entendí que tengo el control para que mi mente funcione de una manera correcta. Cuando dejas de calificar descubres que empiezas a tener un diálogo con tu maestro y vives de una manera consciente.

En la época que sus canciones se escuchaban en la radio, su cerebro ya estaba conectado con esta onda, pero no podía ni sabía cómo aterrizarlo a su cotidiano. Entonces se le venían crisis existenciales respecto a la fama.

- ¿Te afectaba ser reconocido en la calle?

- Ser famoso te afecta, porque lo que quiere la gente de mí no era lo que yo quería proyectar, y eso era una dicotomía. Cuando esas dos cosas se juntan se produce la sanación, trabajar con la verdad, no interviniendo el destino, porque cada vez que uno interviene el destino comete errores, y se produce la sensación de fracaso, infelicidad o sufrimiento.

- ¿Y ahora tus pacientes no vienen a tu consulta porque eres famoso?

- No, nadie viene porque soy Álvaro Scaramelli.

Mientras le hago estas preguntas me estira en una camilla y se instala en un computador desde donde controla las luces que ahora me hacen reiki. Con los ojos cerrados y los párpados relajados recuerdo imágenes de cuando era niña.

- ¿Estás bien? me pregunta con voz suave.

- Sí susurro.

Me quedo unos minutos estirada. Tengo que aprovechar el tiempo, pero me pongo de pie rápidamente para poder visitar la tercera salita. Antes de irme me saca una foto y proyecta mi rostro en el computador. "Aquí leo el aura", me dice. Mi rostro figuraba con colores verde intenso y violeta en la parte de la mollera.

"El verde tiene que ver con la comunicación, y el violeta con la conexión con la espiritualidad", me explica. "Todo está formado por átomos que funcionan en base al magnetismo".

Me cuenta que comenzó a percibir esto del aura a los 22 años, cuando su cara salía en los medios como hoy día salen los chicos de los realities. "La gente era capaz de reconocerme en la calle, pero lo curioso era que me reconocían aun sin verme, me reconocían de reojo, detrás de un vidrio polarizado; es como si las células de la otra persona reconocieran mi energía".

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