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  El murmullo en el desierto de las armas de destrucción masiva

  El murmullo en el desierto de las armas de destrucción masiva

  Si bien diversas investigaciones han desestimado hace tiempo la posibilidad de que el régimen de Sadam Hussein contara con armamento nuclear, químico o biológico, la búsqueda de ese tipo de artefactos militares puso al desnudo las falencias en los sistemas de inteligencia mundiales.

Sábado 3 de mayo de 2008

En los cinco años transcurridos desde la invasión de Irak, se han gastado más de mil millones de dólares y millones de horas-hombre en la búsqueda de evidencias de armas de destrucción masiva y de programas iraquíes relacionados.

El Grupo de Investigación de Irak (ISG), dirigido por Estados Unidos y compuesto por 1.400 hombres, se estableció en mayo de 2003 reemplazando a la Comisión de Monitoreo, Verificación e Inspección de Naciones Unidas encabezada por Hans Blix, que abandonó Irak justo antes de la invasión.

El 30 de septiembre de 2004, el ISG difundió lo que pasó a llamarse el informe Duelfer (por Charles Duelfer, su jefe entonces). El informe concluyó que Irak no tenía armas biológicas, químicas o nucleares al momento de la invasión de 2003; que la capacidad nuclear de Irak había decaído desde 1991; y que, pese a que Sadam Hussein intentaba reanudar su programa de armas de destrucción masiva cuando se levantaran las sanciones de Naciones Unidas, no logró coordinar ninguna estrategia para esto. Incluso antes de la publicación del informe Duelfer, había empezando un contraataque contra la información de inteligencia respecto de esas armas.

En enero de 2004, el jefe del ISG David Kay declaró ante el Comité de Servicios Armados del Senado estadounidense que la inteligencia reunida y las agencias que la produjeron "estuvieron todas equivocadas", aunque también señaló en una entrevista de prensa que "sabemos por algunos interrogatorios a ex funcionarios iraquíes que mucho material se envió a Siria antes de la guerra, incluyendo algunos componentes del programa de armas de destrucción masiva de Sadam".

Fue en parte como respuesta a la renuncia y las declaraciones de Kay que, el 6 de febrero de 2004, el Presidente Bush convocó a lo que comúnmente se conoce como la Comisión de Inteligencia para Irak, una investigación independiente sobre la inteligencia utilizada para justificar esa guerra.

Esta comisión entregó su informe el 31 de marzo de 2005 y concluyó claramente que la comunidad de inteligencia había estado "totalmente equivocada en casi todas sus estimaciones anteriores a la guerra sobre las armas de destrucción masiva de Irak" y que fallas analíticas, de recolección y de diseminación, habían llevado a evaluaciones erróneas y una exageración general del estatus de todos los programas iraquíes de armas de destrucción masiva.

Triada creyente

Hay algunos, sin embargo, que todavía creen que evidencias desestimadas por las investigaciones oficiales, o no disponibles para ellas,  muestran que ese tipo de armas sí existían en Irak en 2003 y dónde estaban.

Tres individuos insisten especialmente en estas versiones: John Lofttus, abogado de Florida, ex fiscal del Ministerio de Justicia y escritor nominado al premio Pulitzer; David Gaubatz, investigador civil que trabajó para la fuerza aérea estadounidense en el sur de Irak entre abril y julio de 2003; y John Shaw, ex subsecretario adjunto de Defensa de Estados Unidos, que tuvo en Irak la responsabilidad de rastrear los programas de armas de Sadam después de la invasión.

De acuerdo con Loftus, una cuarta parte de las armas de destrucción masiva de Hussein fueron destruidas por presión de Naciones Unidas durante la primera mitad de los años '90; otra cuarta parte fue vendida a vecinos árabes durante la segunda mitad de los '90; y otra cuarta parte (incluyendo los laboratorios nucleares de Sadam) todavía estaba en Irak cuando empezó la invasión.

Para los argumentos de Lotftus son básicos los "Documentos Iraquíes de la Libertad", unos 50.000 archivos, videos y grabaciones de audio descubiertos en Irak en 2003, consistentes en su mayoría de registros del gobierno del partido Baas desde los años '80 hasta el momento de la invasión estadounidense. Las cintas incluyen discusiones entre Sadam y altos funcionarios donde se proclama que Irak tiene tanto la intención como el conocimiento técnico para reconstruir sus programas de armas ilegales.

Otros documentos citados por Loftus registran aparentemente el intento, fechado en octubre de 2002, de comprar o desarrollar precursores químicos para armas, incluido los gases nerviosos Tabun, VX y Zyklon; en otros se habla de preparar a un "pelotón químico" y de disponer de vehículos especiales para descontaminación. Esta evidencia, por supuesto, está lejos de ser concluyente y no se puede descartar arbitrariedades, dadas la enorme cantidad de documentos y la falta de control de calidad.

Pero ¿y la verificación?

Quizás, sin embargo, lo más sorprendente sea que hay poco en ellos que contradiga el cuadro planteado en el informe Duelfer de una nación decidida a reiniciar la producción de armas de destrucción masiva, carente de un programa coordinado  o disponibilidades significativas, pero persistente en su deseo de engañar.

David Gaubatz llegó a Irak en abril de 2003, como un investigador civil árabe-parlante de la Fuerza Aérea de EEUU. Asegura haber sido llevado por contactos locales a cuatro grandes "bodegas" de armas de destrucción masiva: cámaras de concreto enterradas cerca, y en algunos casos debajo, del río Eufrates, que según sus informantes contenían materiales para ese tipo de armas.

Sus detallados informes sobre éstas fueron presentados a los militares estadounidenses, pero aparentemente se perdieron en misteriosas circunstancias, mientras que los cuatro sitios sospechosos fueron saqueados antes de ser oficialmente investigados.

Las afirmaciones de Gaubatz atrajeron cierta atención de la prensa, pero parecen imposibles de verificar pues él nunca estuvo realmente dentro de las cámaras. En cuanto a John Shaw, su versión (hecha pública por primera vez en octubre de 2004) sostiene que funcionarios de inteligencia ucranianos que servían en Irak documentaron que las fuerzas especiales rusas "Spetnaz" contrabandearon materiales para armas hacia Siria en la víspera de la invasión de 2003, bajo la supervisión del ex jefe de la inteligencia rusa Yevgeni Primakov.

Shaw dice que vio los cruciales documentos ucranianos, pero que no se le permitió conservarlos. Pero me dijo que venían directamente de Ihor Smeshko, jefe en esa época de la inteligencia ucraniana y que entregaban detalles específicos de las unidades rusas, números y fechas. A pesar de que estas fuentes no aseguraron que se estaba desplazando armas químicas y biológicas, Shaw no tiene dudas de que estaban presentes.

La corroboración de la operación misma, sostiene Shaw, proviene tanto de testigos locales como de fotografías satelitales estadounidenses que muestran camiones viajando en convoy por la autopista del Eufrates y a través de la frontera siria.

El ex jefe de estado mayor de Israel, Moshe Yaloon, ha dicho que su Gobierno coincidía con la tesis de Shaw. Los rusos, sin embargo, la desestiman como un montaje. Los servicios de inteligencia estadounidenses piensan de manera parecida: señalan que las afirmaciones de Shaw se derivan de "desinformación israelí". Poco después de hacer pública sus acusaciones, en octubre de 2004, Shaw fue obligado a dejar su puesto, aparentemente por "excederse en su autoridad".

Teoría y cruda realidad

Si bien las teorías como la Loftus son fáciles de desestimar, su insistencia en los aspectos internacionales de la historia sobre las armas de destrucción masiva ponen de relieve hechos cruciales que están ausentes de los actuales postmortems sobre Irak: que muchas vías quedaron abiertas para Irak hasta 2003 para adquirir materiales prohibidos, con una lista impresionantemente larga de contactos desde Francia a Corea del Norte; y que Sadam atribuía gran importancia estratégica a largo plazo tanto a la realidad como a la apariencia de poseer esas armas.

Hoy, son las armas nucleares las que plantean la mayor amenaza y el mayor atractivo. Si Irán tiene éxito en unirse a Israel como una potencia con armas nucleares durante la próxima década, la proliferación se extendería a Egipto, Turquía y Arabia Saudita.

Irán, Pakistán y Corea del Norte ilustran cómo los programas nucleares pueden mantenerse en secreto, a cargo de un pequeño número de individuos dedicados con contactos internacionales. Y esta es sólo la proliferación auspiciada por los Estados; la posibilidad de que grupos terroristas utilicen materiales nucleares presenta un espectro de horrores aún más intrincado.

Quienes tratan de desafiar la historia oficial sobre las armas de destrucción masiva de Irak dejan demasiadas preguntas importantes sin responder. ¿Por qué, si Saddam tenía armas de destrucción masiva, no las usó para defender a su país? ¿Por qué tendrían los rusos algún interés particular en trasladar armas a Siria? ¿Por qué, si la remoción de las armas de destrucción masiva de Irak fue revelada, tan pocas personas han salido a brindar evidencias de eso?

Cualquier nueva teoría debe contestar estas preguntas y explicar los hechos mejor que los informes oficiales. Y. en esto, sus defensores no han pasado la prueba. El caos y los horrores del Irak post-invasión han demostrado una y otra vez lo inadecuadas que fueron la inteligencia previa y la planificación. Pero revelan también las explosivas inestabilidades suprimidas por un régimen brutal dispuesto a presentarse como en posesión inminente de armas nucleares, biológicas y químicas.

Estas son armas que todavía anhelan tener muchas naciones, facciones regionales y grupos extremistas: una verdad persistente que se ha perdido de vista en gran parte de la información de los últimos cinco años.

La búsqueda de armas de destrucción masiva puede haber terminado en Irak, pero en términos globales apenas ha comenzado. Y sin una estrategia rigurosa de inteligencia global, capaz de atraer apoyo nacional e internacional, occidente podría seguir condenado a repetir toda la insensatez de Irak: una persecución a murmullos en el desierto.

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