
Domingo 4 de mayo de 2008
Andrés Allamand le gusta chocar con las murallas, y esa característica ha marcado su vida política desde sus inicios. Para sus fieles es un visionario y para otros simplemente no ha aprendido nada. Pero la particularidad es que muchas de las ideas que enunció, aunque en un principio fueron rechazadas, terminaron concretándose cuando él ya no aparecía en la foto, tal como ocurrió en 1995, cuando propuso el fin de los senadores designados.
Y si se trata de portazos y de ideas "revolucionarias", la última operación de Allamand sufrió un nuevo y duro revés: su partido rechazó de plano su propuesta de una primaria presidencial entre Sebastián Piñera, Joaquín Lavín, Adolfo Zaldívar y Fernando Flores. Pero él insiste en que es el camino correcto. Porfiado el hombre.
-¿Le dolió que la Comisión Política de su partido ni siquiera considerara su propuesta de primarias?
-[Ríe]. Más que dolerme, me pareció una reacción muy poco inteligente. A menos de una semana de que esta Comisión Política de RN mirara con recelo mi propuesta, las encuestas de opinión pública reflejaron dos cosas: primero, que un 70% de la gente rechazaba el planteamiento de Ricardo Lagos en orden a ser "ungido" como candidato de la Concertación sin primarias. Y segundo, que en la primaria que yo he planteado como una suerte de cancha de aterrizaje común para la Alianza y los descolgados de la concertación, Sebastián Piñera alcanzaba un 80% de adhesión.
-¿Cree que Joaquín Lavín hace bien al no postular a la alcaldía de Santiago?
-Primero, es una decisión respetable, muy marcada por aspectos personales y familiares que él mismo ha dejado en evidencia. Yo lamento haber perdido una carta ganadora en la comuna, pero al mismo tiempo, que él haya manifestado su voluntad de ser candidato a senador por Valparaíso o ministro de un eventual gobierno de Sebastián Piñera son buenas noticias.
-¿Qué candidato le gusta por Santiago? ¿Jorge Schaulsohn?
-Creo que Roberto Fantuzzi es una carta potente y representa muy bien el perfil de emprendimiento, que es uno de los rasgos preponderantes de la centroderecha. Además, el apellido Fantuzzi tiene un alto potencial electoral.
JOAQUÍN Y YO
La relación de Allamand con Joaquín Lavín ha tenido más de un sobresalto. De la época en que el senador era uno de los samuráis ya queda poco, y hoy, al menos políticamente, están francamente en veredas opuestas.-Pablo Longueira sostuvo que Lavín es indispensable para que la Alianza llegue a La Moneda. ¿Usted también lo cree así?
-Estoy de acuerdo, pero no creo que sea la única no creo que Joaquín Lavín sea el as de corazones de la baraja. Para ganarle a la Concertación en el 2010, la Alianza tiene que poner toda la carne a la parrilla. Nadie se puede restar. Y sin duda que Lavín tiene un aporte importante que formular.
-Lavín se declaró primero bacheletista-aliancista y después contrario a la acusación contra la ministra Provoste. Usted, que en su momento fue uno de sus samuráis, ¿qué opina de su actuación?
-Separemos lo personal de lo político. Yo soy amigo de Joaquín Lavín, y le tengo aprecio personal. Pero creo que él ha estado particularmente confuso en sus planteamientos políticos. Más aún, creo que el bacheletismo-aliancista, al final del día, resultó apenas una ilusión óptica.
-¿Esta postura de Lavín ha dañado a la Alianza?
-Ha confundido. Ha confundido porque se sumó inconscientemente al discurso oficialista que intenta presentar a la oposición como obstruccionista y beligerante. Los hechos dicen lo contrario. El año pasado se alcanzaron tres acuerdos sustantivos de enorme envergadura entre Gobierno y oposición: el previsional, el educacional y el de seguridad ciudadana.
LA VERGÜENZA DE MIS AMIGOS
-¿Criticaría usted la corrupción en municipios de la Alianza con la misma fuerza en que la critica en el Gobierno?-Siempre he sido contrario a buscar empates. Objetivamente hablando, los fenómenos de corrupción están instalados en el Gobierno central, sin desconocer que puedan existir fenómenos a nivel municipal. Pero el hecho central es que, tal como es la tesis central del libro "El desalojo", la Concertación ha ido sufriendo una metamorfosis, yo diría negativa. Se lo digo con todas sus letras: muchos de mis amigos de la Concertación me expresan en privado que sienten vergüenza por cómo se manejan muchos asuntos públicos.
-¿Cómo evalúa usted al Gobierno de la Presidenta Bachelet?
-No hay duda de que es el peor de los cuatro gobiernos de la Concertación. En mi opinión, lo único realmente rescatable va a ser la reforma previsional. Pero como descargo, entre comillas, de esta mala gestión, muchas de las bombas de profundidad que han explotado durante la actual administración son herencia del Gobierno de Lagos.
-¿Y cómo explica entonces que la Presidenta Bachelet esté subiendo en las encuestas?
-Aquí se mantiene la regla de siempre: el Presidente siempre tiene mejor evaluación que su Gobierno, y el Gobierno siempre tiene mejor evaluación que la Concertación. Es una constante de estos cuatro períodos. El único hecho objetivo importante de las encuestas en esta etapa es, por primera vez, un candidato de la centro-derecha aparece nítidamente ganando cualquier elección presidencial.
-Pero los candidatos de la Concertación todavía no están.
-Los candidatos de la Concertación ya están. De hecho, "el" candidato de la Concertación ya asomó la cabeza: Ricardo Lagos Escobar. Y, francamente, creo que Ricardo Lagos es el rival perfecto para Piñera, porque el debate va a ser entre el futuro y el pasado. Y de alguna manera Lagos va a tener que dar explicaciones desde el primer hasta el último día de la campaña.
-¿Qué pasó con el Andrés Allamand que fue artífice de los acuerdos de los noventa y que ahora está en el desalojo?
-Yo considero mi actuación ciento por ciento apegada a la coherencia. Y quienes ven en ella una suerte de contradicción razonan en forma equivocada, ya sea interesadamente o no. La política se caracteriza por ser un juego de paradojas.
-¿Entonces usted es una paradoja?
-Al revés, la paradoja está en lo siguiente: a fines del Gobierno militar y al inicio de los gobiernos de la Concertación, yo consideraba fundamental una política de asentar el funcionamiento del sistema democrático. Por eso propicié con tanta fuerza, y tanta incomprensión, la llamada "democracia de los acuerdos". Pero 20 años después, la Concertación no es la misma. Está desgastada, agotada, cruzada por conflictos internos insalvables y, objetivamente, está gobernando muy mal. Y considero que el papel fundamental de la oposición ahora es reemplazar a la Concertación, y a eso he destinado mis mayores esfuerzos. Tampoco entiendo la lógica de quienes rechazan este punto de vista; rechazar la alternancia en el poder es, sutilmente, abogar por otra forma de autoritarismo. ¡De cuándo acá en Chile sólo puede gobernar la Concertación! ¡Qué democracia es aquella en que sólo uno de los bandos puede gobernar!
-¿Cómo anda la sintonía entre sus ideas y los tiempos políticos? Hay mucha gente que cree que usted analiza bien, pero llega antes o después de tiempo.
-[Ríe]. Ese es el karma de mi vida política, pues. Yo asumo que el que juega de centrodelantero recibe más patadas que el resto. Cuál es mi tranquilidad: que en muchas de las propuestas que he formulado, ciertamente no todas, generan al comienzo una enorme resistencia, pero finalmente terminan por ser aceptadas en la centroderecha. La lista es larga: rechazar la postulación de Pinochet en el plebiscito, impulsar la democracia de los acuerdos, jugarse por reformar la Constitución. Todas esas ideas generaron fuego cruzado, pero al final, con tiempo, fueron acogidas. LND