
Domingo 4 de mayo de 2008
¿Se acuerda del Pac Man, o el Space Invaders, con esa musiquita que se aceleraba mientras usted pasaba de una pantalla a otra, acumulando puntaje para obtener una vida extra? Buena época aquella, ¿no? Cuando las tardes se iban en una casa de flippers. Bueno, qué bien que tenga un bonito recuerdo. Ahora olvídelo. No se le ocurra mencionarlo, ni menos hacerle una demostración de sus habilidades a sus hijos. Probablemente sólo logrará, si ello es posible, empeorar la pobrísima imagen que su retoño tiene de usted en general y de sus competencias tecnológicas en particular.
La única oportunidad de que usted tenga un rudimento de noción acerca de los modernos videojuegos es que haya jugado el Doom, ese del comando infiltrado en una fortaleza nazi que debía avanzar por diferentes pasillos acumulando armas y descubriendo puertas secretas donde conseguir botiquines o comida para curarse de los balazos que le pegaban o incrementar su nivel de energía. Aunque su margen de visión era una subjetiva de su arma, se puedea establecer en ese juego un punto de partida, arbitrario, pero no antojadizo, de lo que serían las nuevas generaciones de videojuegos.
Con la masificación de los computadores los de verdad, no esas chatarras de pantalla verde o ámbar que usted y yo conocimos cuando empezábamos a trabajar o estudiar el asunto se puso entretenido. De un día para otro el protagonista podía saltar, agacharse, correr, caminar, girar, patear, dar puñetazos, cambiar de arma a voluntad y una infinidad de posibilidades, más de las que los discípulos de Mario Bros podían siquiera imaginar.
Por esa época surgieron también los juegos de estrategia, como Starcraft, Warcraft, Age of Empires, donde la habilidad para pelear es sólo un aspecto del juego y donde se puede trabajar con ejércitos completos. Eso también abrió la posibilidad de jugar en línea; es decir, que su enemigo dejaba de ser un programa y pasaba a ser otro tipo con las mismas posibilidades que usted. Probablemente hay pocas cosas más incomprensibles y emocionantes que pasarse una noche "tarreando", o sea, jugando con amigos en una casa donde se han instalado cinco o seis computadores conectados en una red de área local.
Pero claro, allá afuera las consolas hacían lo suyo. La consola da un salto cualitativo en la calidad de la gráfica y, por ende, en el realismo de la imagen. Y son individualistas, nada de jugar en línea. Ahora usted puede verse desde cualquier ángulo corriendo por el parque, subiendo a un auto y manejándolo, tiroteándose con sus ocasionales enemigos, etc. La inmensa variedad de juegos para consolas dio la posibilidad de que uno fuera un pandillero, asaltante o rosquero que hacía de las calles su reino; un reino de violencia en el que incluso se podía asaltar gente para obtener dinero y comprar cocaína, con la cual recuperarse de los golpes o disparos que le habían propinado.
En ese marco llega el Grand Theft Auto IV, causando el horror de los padres que ven en este juego un manual virtual para ser delincuente. Porque el protagonista es un veterano de la guerra de los Balcanes que incursionó en el tráfico de personas y que se distingue por su violencia; que recorre calles llenas de mafiosos de todos los colores, adictos, corruptos y demases. La crema de la sociedad. Si usted piensa que esto no debe venderse a sus niños, relájese. El juego está catalogado para mayores de 17 años. Si usted piensa que su hijo no lo va a jugar, preocúpese. Lo va a jugar más tarde o más temprano.
¿Y quién puede culparlo? En realidad son creaciones notables, de máximo realismo, banda sonora espectacular, con armas realistas y eficientes, autos para robar, policías y rivales a quienes matar, junkies para estafar, dealers a los que comprar buena merca, pagar prostitutas dispuestas a prestarle sus servicios a cambio de unos pocos dólares virtuales que, en último caso, se pueden robar a los transeúntes. El sueño del pibe: corrupción, armas, muerte, desenfreno, sexo, drogas y violencia sin responsabilidad, sin culpa y sin sanción.
Porque, si hemos de ser rigurosos, el mundo real tiene demasiadas normas legales, morales, religiosas, familiares, grupales, etc. Frente a la consola, sólo frente a una caricatura de nuestra sociedad no olvidar que la caricatura destaca algunos rasgos y opaca otros todo está permitido. Y quién no ha soñado con ese tipo de privilegios. Más aún cuando no es necesario trabajar ni esforzarse demasiado. Alcanza con divertirse un rato y salvar el juego antes de irse al laburo. Después lo retoma donde lo dejó. El Grand Theft Auto, como tantos otros juegos, permite que, sin dañar a nadie, usted haga en un ambiente virtual lo que otros hacen en la realidad, ya sea un simple asaltante de pobla o los grandes ejecutivos de corporaciones: cagarse a quien se le antoje. ¿O me va a decir que nunca soñó con eso? LND