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  La nueva vida de la "familia de abajo"

  La nueva vida de la "familia de abajo"

  La noche del sábado 26 de abril salieron de su prisión. Abrieron los ojos y se encontraron con el sol, la luna, una vaca, celulares y decenas de caras cuya existencia no imaginaban. Pálidos por la ausencia de sol, ignorantes de una modernidad que ni siquiera presintió su tortura, intentan construir el segundo tiempo de su historia en el "cielo", donde pensaron que habían llegado al salir de su cautiverio.

Domingo 4 de mayo de 2008

Los hermanos austriacos que nacieron y crecieron en los estrechos confines de un búnker atómico sin ventanas comenzaron el 30 de abril la tarea cuesta arriba de intentar adaptarse a la "vida real". Importantes detalles comenzaron a emerger acerca de cómo Stefan Fritzl, de 18 años de edad, y su hermano Felix, de 5, estaban asumiendo sus nuevos entornos con ayuda de profesionales médicos tras pasar años de aislamiento en su mazmorra, carente de toda luz solar y alumbrada solamente por desnudas ampolletas. Su hermana Kerstin, de 19 años, todavía permanece en un hospital, gravemente enferma. Leopold Etz, inspector jefe de la policía regional de la Baja Austria, dijo a un diario alemán que quedó "anonadado" al ver el asombro y el shock inicial de los hermanos cuando se encontraron en un mundo que sólo habían visto antes a través de una pantalla de televisión en su celda y por las descripciones de su madre sobre la vida que ella había conocido antes de su encarcelamiento a la edad de 18 años.

Etz dijo que cuando salieron de su sótano en la noche del sábado 26 de abril, los niños pensaron que estaban en el cielo porque su madre, Elisabeth, siempre les había dicho que "el cielo está allá arriba". Los niños quedaron "con los ojos desorbitados y boquiabiertos" cuando se encontraron con oficiales de la policía: las primeras caras reales que habían visto, aparte de las suyas, las de su madre y su abuelo, que también era su padre, Josef Fritzl. Los médicos dijeron que el traslado desde su prisión en el sótano al hospital se facilitó por el hecho de que estaba oscuro, lo que hizo más fácil para ellos adaptar sus miradas al mundo exterior después de ver por tantos años sólo la luz de su prisión artificialmente alumbrada. "Tienen que desarrollar tolerancia a la luz diurna y desarrollar también un sentido de la ubicación espacial", dijo Berhold Kepplinger, jefe de la Clínica Neurosiquiátrica de Amstetten, donde está siendo tratada la familia. Los niños también tienen que aprender sobre los objetos cotidianos, como teléfonos, autos, computadoras, árboles y aire fresco. Kepplinger dijo que a la familia (Elisabeth, Felix y Stefan, que los profesionales llaman "la familia de abajo", junto a sus hermanos "de arriba", Lisa, Monika y Alexander, más la abuela Rosemarie, de 68 años) se le había dado un espacio de alrededor de 80 metros cuadrados en la clínica. Organizaron el espacio como un área habitacional donde estaban empezando a conocerse entre sí. "Aquí pueden ser ellos mismos, con nadie que les moleste", dijo Kepplinger. "Los niños están jugando, saltando, moviéndose como quieren; tienen sus juguetes y hay gente a su disposición durante 24 horas". Kepplinger describió a Felix como el más vivaz, pero también como el más regalón y que no pierde de vista a su madre. El 29 de abril, el personal del hospital organizó una fiesta de cumpleaños para los 12 años de Alexander, cuyo hermano mellizo murió tres días después de su nacimiento y cuyo cuerpo Fritzl admitió haber lanzado a una incineradora. "Estaban encantados y disfrutaron la torta", agregó Kepplinger.

EL SOL Y LA LUNA

Quienes vieron el episodio de cerca cuentan que Felix lanzó chillidos de felicidad y aplaudió con alegría al ver a su primera vaca en el campo. Él y Stefan se daban codazos y susurraban gozosos al ver la luna. "El sol lo fascinó [a Felix] más que la luna", dijo Etz. El inspector policial añadió que el niño de cinco años se tapó los ojos con la mano y luego la retiró, como si no pudiera creer lo que veía. "Cuando los rayos del sol golpearon su rostro chilló fuertemente", dijo Etz. En un momento dado, cuando Felix y su madre esperaban ser transferidos en auto, le "pareció tan extraño que él se aferrara a su madre en pánico mientras la puerta se abría, como si tuviera miedo de lo que encontraría", prosiguió Etz. Cuando vio un arroyo preguntó qué era eso, pero sobre todo fueron los teléfonos móviles de los policías los que atrajeron su atención. "El tono de ring lo desconcertó al comienzo, luego le produjo curiosidad. Quedó completamente pasmado cuando vio a un policía hablando por su teléfono".

Aparte de Kerstin que todavía lucha por su vida y se encuentra con respiración artificial en la unidad de cuidados intensivos , el estado de salud de los niños se estimó bueno "dadas las circunstancias". Quienes han compartido con ellos los describen como extremadamente pálidos porque vivieron sin suficiente vitamina D, la que necesita el cuerpo para sintetizar los rayos del sol. Esto también les llevó a perder sus dientes. Se dice que Elisabeth, quien tendría el pelo blanco y se parecería a una mujer 20 años mayor que su edad real, ha perdido todos sus dientes y que Kerstin también ha perdido casi todos los suyos, mientras que los de los otros niños se encontrarían en malas condiciones.

El lugar que los cobijaba no tenía más de 1,7 metros de alto, es por eso que Elisabeth camina encorvada y Felix quiere arrastrarse la mayor parte del tiempo, aunque los médicos dicen que es capaz de caminar. Él y su hermano Stefan parecen también haber desarrollado un idioma propio, consistente en "murmullos y gruñidos", los que usan cuando hablan entre sí. "Cuando quieren articularse tratan de hablar para que los demás puedan entenderlos", dijo Etz. "Pero está claro que eso les toma un esfuerzo inmenso".

Natascha Kampusch, de 20 años de edad, hasta ahora la más famosa víctima de secuestro de Austria, y que escapó en 2006 de una prisión subterránea donde estuvo retenida durante ocho años, se mostró crítica hacia los que calificó de "así llamados expertos", debido a su enfoque respecto de los hermanos del sótano, sugiriendo que no debieron haber sido extraídos tan rápido del lugar donde nacieron. "Pienso que habría sido mejor dejarlos donde estaban [aunque eso probablemente no era posible], porque ese era, por supuesto, su entorno. Sacarlos abruptamente de allí sin un período de transición y aislarlos no puede ser bueno para ellos", dijo

Kampusch a un canal de televisión austriaco. Pero Kepplinger dijo que nadie de la familia sería obligado a someterse a una terapia. Dijo también que ellos no hablarían con los medios. LND

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