
Domingo 4 de mayo de 2008
Este fin de semana, en Estados Unidos podría suceder algo histórico para la industria del entretenimiento. Un juego de video, el Grand Theft Auto 4, podría poner en jaque la industria del blockbusters. Ha generado una expectativa tan grande que se estima que hará declinar grotescamente las ventas de boletos en los cines y le aguará la fiesta al estreno de la película de Ironman, el hombre de acero. Los analistas incluso predicen que, en los primeros días, el fenómeno GTA elevará significativamente el ausentismo laboral.
Cuando yo era chico y los viejos Nintendo sin alta definición costaban lo mismo que las consolas de ahora unas 200 lucas, aproximadamente , los juegos eran mi premio al esfuerzo. Al igual que muchos de mis compañeros de generación, nuestras colecciones sumaban nuevos títulos casi exclusivamente en los cumpleaños y las navidades. Juntar 40 mil pesos en puras monedas de 100, casi siempre ahorrándose la colación, era una misión titánica. La otra veta era que siempre había un buen Errol's qué gran tienda, qué gran lema, busquen en YouTube la promo que dice "el panorama de la década" que permitía saciar las ganas de probar nuevas aventuras en el pasillo de videojuegos. Recuerdo un día, en la casa de un primo, en que terminé el juego de Félix el Gato en una tarde, solo. Llamé a mi mamá, que estaba en el living conversando con mi tía, para contarle. Nadie calculó cuán tremenda era la satisfacción de haber terminado tan formidable labor horas antes de tener que devolverlo. Sé que lo mismo le pasó a muchos que han disfrutado de este mundillo a lo largo de los años. Me acuerdo de la textura de las cajas nuevas, aún me emociono al ver el Super Mario 3, y a veces me compro las reediciones para nuevas consolas.
Seguí siendo gamer con los años, claro que con ayuda de internet, que ha sido fundamental para los fanáticos de la disciplina. Hoy apenas se necesita una conexión wifi y una clave vía tarjeta de crédito; ya ni siquiera hay que ir a una tienda para comprar nuevos contenidos. La tienda Wii y el bazar de Xbox Live permiten comprarlos desde casa. En este último incluso se pueden comprar también, en suelo gringo, películas y series. Las consolas se han transformado en centros de entretenimiento y no sólo como disciplina individual. La opción de conectarse y jugar en línea activa un nuevo nivel de consumo grupal, que involucra a otros y permite enfrentar desafíos por tanto más elevados. El caso de Mario Kart Wii que salió esta semana al mercado e incluye un manubrio para el control y su canal de competencia demuestra la evolución del formato. Con opciones como Continental, Mundial o Amigos, la interacción a distancia no se detiene. Pero lo de GTA es, tanto a nivel gráfico como de guión, de otro nivel. Un título sin final, ambientado en una réplica exacta de Nueva York denominada Liberty City donde la delincuencia no tiene control y uno, ciudadano común y corriente, puede comportarse como un verdadero terrorista.
Durante estas semanas, y a causa de este estreno, más de algún experto aparecerá en nuestros aburridos noticiarios hablando de la violencia. Lo mismo ocurrió incluso con el primer Mario, donde, pese a que no había una gota de sangre, se aprovechó de criticar este tipo de entretención con los mismos argumentos bobos. Lo que olvidan esos personajes es que se trata de la misma violencia que aparece en noticiarios, teleseries y realities con policías. El GTA ya no es una imitación de la vida, es la vida misma. Y los videojuegos son probablemente una nueva vía de comunicación y de liberación de la locura y la maldad intrínsecamente humanas. LND