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  La cuarentona

Domingo 4 de mayo de 2008

La revolución de mayo de 1968 cambia de folio para atravesar el umbral de los cuarenta. Como casi nadie habla de ella, algunos imaginan que esta mujer madura ha vivido siempre como una jubilada. Quizás hojeando el voluminoso álbum lleno de fotografías que muestran a los flics (pacos franceses) lanzando gases lacrimógenos y apaleando a los millares de estudiantes que se adueñaron del Barrio Latino y otras comunas de París.

Ni tan retirada, ni tan activa. Por su envergadura intelectual e influencia en otros movimientos de la época, mayo del 68 ha dado pie a múltiples análisis. Dicen que los estudiantes tenían una idea de la clase obrera que no correspondía a la realidad. Eso explicaría que las centrales sindicales que, junto a los jóvenes, habían puesto en jaque al Presidente Charles de Gaulle, se desembarcaran de la revuelta cuando el Gobierno aceptó el petitorio de los trabajadores, hecho conocido como los Acuerdos de Grenelle. Al Partido Comunista, que controlaba las huestes obreras de las fábricas Renault, entre otras , nunca le agradó esta interpretación, que los retrata bajándose de un gran movimiento. Desertores o no, el hecho es que los jóvenes que seguían al líder Daniel Cohn Bendit aspiraban a la caída del sistema, mientras que las confederaciones de empleados y obreros sólo aspiraban a un cambio profundo en las relaciones laborales. Para otros, la determinación de los estudiantes de Danny el Rojo no era otra cosa que la demostración de una temeraria ingenuidad.

Pese a todo, esos días dejaron algunas huellas. En gran parte, el espíritu transgresor de varios movimientos que posteriormente surgieron en varios países occidentales se inspiró en mayo del 68.

En gran parte, ciertos avances registrados en el campo de las libertades individuales encuentran su origen en esos días. El rechazo al autoritarismo en las universidades es una idea que se extendió desde esas protestas del París sesentayochista hacia otras academias del Primer y Tercer Mundo.

Actualmente se habla de la televisión como una enorme caja de resonancia, y en el caso de internet se destaca su cualidad de permitir la comunicación instantánea y masiva. No habría que pasar por alto que, en ese mes histórico, los medios también fueron grandes protagonistas. Dos radios privadas, RTL y Europe 1, transmitían desde las calles todo lo que sucedía en las barricadas, así como los desplazamientos de la policía y los estudiantes. Mientras una parte de la audiencia se enteraba en sus casas de la dimensión que tenía la revuelta, los jóvenes, gracias a sus radios a transistores, tomaban nota de las calles por las cuales avanzaban las fuerzas especiales. Fue una de las primeras ocasiones donde se pudo constatar el potente efecto que tiene la mediatización de un conflicto.

Pero una parte de la herencia, la más importante, se esfumaría. En esos días hubo un debate directo y permanente entre intelectuales y estudiantes. Se rebatían las viejas ideas y surgían nuevas. Esta discusión se prolongaría durante varios años, en diferentes foros, periódicos y otras instancias. Pero las distintas aplanadoras, fabricadas por la derecha y la izquierda acomodaticia, hicieron un excelente trabajo de demolición, porque la contestación permanente no era funcional a sus objetivos.

Decimos debate de ideas en contraste con los edulcorantes tan en boga actualmente, etiquetados como propuesta, proyecto o iniciativa, con los que se pretende animar algún tipo de discusión. Peor aún, a partir de esas imitaciones, falsas como un Rolex paraguayo, pretenden convencernos de que se puede realizar alguna transformación. En comparación con mayo del 68, esta presunción es francamente insoportable. LND

 

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