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  Polvo al polvo

  Polvo al polvo

  Ante la erupción del volcán de Chaitén enviamos a León hasta allá. Primero llegó a Puerto Montt, donde encontró a 12 colegas, algo así como 12 monos. Luego partió en un avión FACH hasta la isla Talcán y enseguida a Chaitén, donde sólo alcanzó a estar dos horas, ya que fue evacuado rápidamente al buque Almirante Merino y, junto a los últimos habitantes del pueblo, viajó hasta Castro.

Domingo 11 de mayo de 2008

Acabo de llegar al Grupo 5 de la FACH, en el aeropuerto de Puerto Montt, más específicamente a la comandancia de la Escuadrilla de Operaciones. Es temprano y, pese al pronóstico del tiempo, no hace frío, así es que me veo obligado a sacarme el abrigo y dejarlo en el suelo ante la vista de oficiales, periodistas y peleles.

Si se queda aquí, no se pierde, ¿verdad? pregunto señalando un bolso mediano, en el que llevo ropa, comida, agua mineral y papel confort.

Si se queda repone el oficial Krauss , no podemos asegurarle que esté aquí después del viaje. Usted sabe, anda mucho periodista.

El oficial Krauss tiene buen humor, pero a la vez mantiene al tanto de todo lo que pasa al coronel Gebauer, jefe del estado mayor de la Tercera Brigada de la FACH. De hecho, es el oficial Krauss quien le informa al coronel que no hay lava bajando por el volcán Chaitén. Enseguida el suboficial Palma responde el teléfono y le avisa al coronel Gebauer que el ministro del Interior está tratando de ubicar al general Hugo Peña, quien a todo esto se encuentra en la isla de Talcán, el centro de operaciones de la FACH para esta emergencia.

Hoy se evacuó harta gente de Chana afirma el coronel , que es donde antes estaba nuestra base de operaciones.

Chana, para los que no saben, queda en Chaitén, y a través de esta crónica descubriré que hay o había varios ganaderos ahí, que me acompañarán hasta Castro.

¿Qué ha sido lo más complicado de coordinar? consulto como quien no quiere la cosa.

El coronel se demora un segundo en contestar, y yo aprovecho para echar una talla fome. El coronel ríe un instante y luego dice:

El flujo de las comunicaciones no ha sido el esperado, vale decir el normal, debido a la actividad volcánica.

Enseguida el coronel posa para mi pequeña cámara digital una vez, dos veces, diez veces. Descubro que el coronel es fotogénico. Cuando la sesión fotográfica termina, me percato cómo la subteniente Cubillos coquetea con el periodista de TVN Davor Gjuranovich, quien quiere a toda costa llegar a Chaitén y así obligar a su casa de estudios a que una de sus salas lleve su nombre.

A veces es bueno hacer switch y cambiar de tema, y eso es precisamente lo que hago, cuando escucho decir al teniente piloto Soto que viene llegando de un sobrevuelo por el volcán.

Se veían cenizas, pero había muchos cúmulos agrega . En realidad no se veía si había o no lava, porque andábamos a 10 mil pies de altitud.

¿Viste "Top gun"?

No, ¿por qué?

Por nada. ¿Sabes a qué hora partimos para Chaitén?

Eso lo sabe mi comandante Fernández.

El viaje

Después de 45 minutos de viaje en un Twin Otter, 12 profesionales de la prensa que incluyen a camarógrafos y también a fotógrafos nos encontramos en la isla Talcán. En realidad nos dirigíamos a Chaitén, pero durante el viaje el comandante Fernández recibió instrucciones de desviarse hacia la base de operaciones de la FACH. Pese a ello, de todas formas alcanzamos a divisar el volcán Chaitén, el pueblo y el color de las aguas que cambiaban de azul caribe a un color lechoso muy raro.

Bueno, pero estamos en Talcán, que es una larga y angosta faja de tierra, cruzada por una pista de aterrizaje. Al poner mis pies en tierra, le pregunto al comandante Fernández dónde puedo orinar.

Bueno, Talcán se caracteriza por la calidad de sus baños responde señalando el paisaje.

Luego de orinar, me uno a una conversación que sostiene un periodista de Mega y el equipo de TVN. El periodista de Mega cuenta que lleva en Chaitén desde el viernes, que llegó a la isla en helicóptero y que lo único que quiere es una buena ducha y volver a Chaitén a seguir trabajando. Cuando pienso que el colega está un poco loco, éste apunta:

Cuando ocurrió la explosión de la mañana, TVN no respetó ni abuelitas ni niños. Dejaron el camión en el embarcadero, los cables en la plaza y fueron los primeros en subirse al Aquiles.

Aclaremos que el Aquiles, junto al Colono y al Almirante Merino, son las embarcaciones que la Armada dispuso para la evacuación de la población.

Nos desviaron para acá informa Davor Gjuranovich , pero lo único que queremos es llegar a Chaitén.

Si es así, traten de llevar comida, porque el único restaurante, entre comillas, está cerrado. Sus dueños agarraron una barcaza y se fueron.

El comandante Fernández se acerca junto al general Peña. Luego de unas deliberaciones, el general advierte:

Si todavía así lo desean, los podemos ir a dejar, pero será bajo su responsabilidad.

Yo intento llamar por celular, pero al hacerlo me doy cuenta de que aquí no hay señal y por eso el ministro del Interior no podía comunicarse con el general Hugo Peña.

¿Quién se queda en la isla? pregunta a viva voz un suboficial de la FACH.

Pueblo abandonado

Acabamos de aterrizar en Chaitén. La pista de aterrizaje está llena de una ceniza blanca y la fumarola del volcán se aprecia gigante. En este momento recuerdo a los Illapu y su "qué hacen aquí". Pero unas señas de los colegas desde un vehículo del MOP me hacen volver a la tierra y subirme a la camioneta que nos dejará frente a la gobernación provincial. Al partir, la escena es muy parecida a la última de "Casablanca", sólo que esta vez los protagonistas son Davor y Claudio Fariña, que se reencuentran después de quién sabe cuánto tiempo.

La gobernación está desolada, pero no sólo la gobernación, sino todo Chaitén, ya que a las únicas personas que divisamos hasta acá fue a carabineros formándose precisa y paradójicamente para evacuar. Nos separamos. Parto solo, a poca distancia de Alberto Pando y su camarógrafo, los corresponsales de CNN. Mientras camino por las calles, compruebo la belleza de Chaitén, volcán y fumarola incluidos, y entiendo la terquedad de algunos de sus habitantes por negarse a abandonar sus hogares. Y en esto estoy cuando una camioneta roja se detiene frente a mí y un militar, el coronel de la Cuarta División de Ejército Sergio Retamal, desciende de su auto para consultarme qué hago acá.

Soy periodista.

Ya, ¿y cómo llegó?

Nos trajo la FACH contesto, señalando a los corresponsales de CNN.

¿Son tres nomás?

No, somos doce.

¡¿Doce?!

El coronel no entiende que, habiéndose decretado la evacuación de Chaitén de parte del Gobierno, un avión de la FACH haya traído más personas.

¿No siente miedo, coronel? pregunto con imprudencia.

Miedo no, pero sí temor, ya que como somos los encargados de la evacuación seremos los últimos en abandonar Chaitén. Lo haremos por tierra hacia Santa Lucía, para llegar finalmente a Futaleufú.

El miedo

Estoy muerto de miedo. Cojo mi teléfono celular y hablo con un amigo para pedirle su opinión. Antes recibí la opinión de un colega de este diario, quien me aconsejó que alojara aquí, que hiciera historia. Mi amigo, al escucharme, ríe y dice que podría escribir algo bueno con el material que tengo. Intento poner atención a sus palabras, pero no lo consigo, ya que la fumarola crece y crece, y yo cada vez me siento más liliputiense en esta parte del mundo.

Camino por las calles, como perdido, como no sabiendo qué decisión tomar, cuando de pronto me topo con el equipo de Canal 13 que dirige Ramón Ulloa. Están registrando el cierre de una institución por parte de Carabineros. La escena no me interesa y me devuelvo por donde venía. Al hacerlo me encuentro con Carlos Gutiérrez, el fotógrafo de UPI con quien compartí viaje hasta acá. Él ha tomado buena parte de las fotos de Chaitén que salen en los diarios.

Oye me pregunta , ¿sabes cómo es ese concurso de la Unión de Reporteros Gráficos? ¿Es por portada o por foto publicada?

No sé ni tampoco me interesa, así es que sólo meneo mi cabeza.

¿Tú te quedas? le consulto.

Yo me voy cuando me obliguen a salir. Además observa su reloj , todavía quedan dos horas para que nos vengan a buscar.

Carlos tiene razón. El comandante Fernández quedó en venirnos a buscar a las cinco de la tarde en otro Twin Otter, pero además agregó que, si había algún problema, lo llamáramos. Disco su celular y, como él se quedó en Talcán, no contesta nadie. Desesperado, apuro mis pasos en dirección al embarcadero. Mientras lo hago, no le pierdo mirada a la fumarola del volcán. Pienso en lo peor y en que "soldado que arranca sirve para otra batalla".

Cuando arribo al embarcadero y saludo al personal de la gloriosa Armada de Chile, por fin me siento a salvo.

Tompkins y las viudas alegres

Nunca imaginé que el almirante Merino salvaría mi vida, pero lo cierto es que ahora voy a bordo del buque madre de submarinos Almirante Merino. La última lancha que zarpó hacia el buque la compartí con Carlos Alvarado, un empresario turístico o ecológico que trabajó durante 14 años con Douglas Tompkins diseñando el Parque Pumalín. Ahora, en una de las dependencias del Almirante Merino, algo así como un gran comedor, converso con él con más tranquilidad.

¿Por qué dijiste en la lancha que lo perdiste todo?

Porque yo vivo debajo del volcán, en pleno río Blanco, y he visto cómo el sedimento del río ha crecido ya en dos metros, y eso que no ha llovido. Cuando llueva, toda la ceniza acumulada en el volcán caerá al río y adiós casita, que no es sólo una casita, sino la entrada al Parque Mayahue, que en el fondo era mi sueño, y en el que invertí 170 millones de pesos.

¿Se podría decir entonces que tú eres el Tompkins chileno?

Carlos Alvarado frunce el ceño.

Yo me peleé con Tompkins cuando abogué para que hubiera conectividad entre Puerto Montt y Chaitén, pero hay que entender que todo quien abogue por dicha conectividad, de inmediato queda a la otra vereda de Tompkins y es tratado como enemigo.

Carlos Alvarado fue el sujeto que enfrentó a la Presidenta Bachelet cuando visitó la zona.

Yo encaré a la Presidenta porque me parecía que estaba muy mal informada acerca de lo que estaba sucediendo.

La conversación es interrumpida por alguien que quiere ver las fotos que ha tomado Alvarado con su lujosa cámara digital, y yo aprovecho para levantarme de la silla y recorrer las demás dependencias, en las que los últimos habitantes de Chaitén se preparan para transformarse en albergados. La mayoría sólo alcanzó a empacar ropa. Todo lo demás quedó en el pueblo, incluso algunos maridos, como los de Ximena Klenner y María Isabel Villa.

Creo que la televisión en un comienzo exageró lo que estaba pasando en Chaitén dice María Isabel, enojada . Mientras yo estaba tranquila en mi casa había gente que me llamaba y me preguntaba qué hacía yo ahí. Incluso mi hija que vive en Escocia quería tomar un vuelo y poco menos que venir a rescatarme.

A mí, por ejemplo complementa Ximena , me sacaron una foto llorando, pero no era de histérica, sino de pena, porque mi marido se iba a quedar cuidando los animales, y eso a cualquier mujer apenaría.

De pronto aparece la hija de María Isabel con la cara llena de risa.

Oye, acabo de ver en la tele que están repartiendo tarjetas de celulares en los albergues dice.

Serán tarjetas de Navidad acota con humor María Isabel, a quien en un día más me toparé en una calle de Puerto Montt.

O para el Día de la Madre bromeo yo.

No, en serio insiste la hija, quien no quiere irse con sus tíos, que vendrán a buscarla cuando lleguemos a Castro, sino a un albergue. Y como a mí me quedan pocos minutos en mi celular, barajo la misma posibilidad.

El final del viaje

Un marino me informa, como queriendo armar conversa, que viajamos a 13 nudos y que, como el viaje es de cinco horas, pronto llegaremos a Castro.

Llevamos más de un mes navegando y ya queremos volver a nuestras casas señala este uniformado oriundo de Valparaíso . Pero al parecer no vamos a poder, porque tendremos que cargar agua, provisiones y volver a Chaitén por si acaso.

Intento quedarme callado, pero como es mi costumbre no puedo y le cuento la historia del volcán Thera, ubicado en el Mediterráneo y que destruyó hace 3.500 años toda una civilización de un paraguazo: la erupción más potente que se haya visto jamás. El marino me queda mirando fijamente y luego advierte:

No creo que esta historia sea la que deban escuchar estas personas en estos momentos.

Y para aminorar los efectos de mis palabras, dice en voz alta: ¡Estamos llegando!

Afortunadamente la señal de los celulares reaparece y ese "estamos llegando" se convierte en algo real. Todos hablan con sus familiares o amigos. Otros ven las noticias y lo que les espera: a Consuelo Saavedra, con aspecto deslavado, entrevistando a los albergados.

El buque madre de submarinos Almirante Merino posee varios pisos, si así puede decirse en lenguaje marino, así es que descendemos un piso y nos ponemos los chalecos salvavidas para luego meternos con nuestros respectivos equipajes en las lanchas.

Tras unos minutos atraco en el muelle de Castro. Nunca había estado acá y me parece patética la impresión que me llevo: todo un pueblo mirando cómo los últimos evacuados de Chaitén pisan tierra. Una funcionaria de Gobierno me pregunta mi nombre, mi RUT, mi celular.

Al enfrentar a la gente apostada en el muelle, a los vehículos de emergencia y a la prensa local, paso colado. De hecho, cuando intento tomar un colectivo, el chofer repone indignado:

Chissst. ¡Esto es para los que vinieron en el buque!

Tengo ganas de decirle que yo también viajé con ellos, pero la rabia y el cansancio me consumen. Ya veré. Tal vez una camioneta del MOP me lleve a un hotel cerquita de la Plaza de Armas. Y tal vez mañana viaje a Puerto Montt y escriba esto. LND

 

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