
Domingo 11 de mayo de 2008
o fueron muy consoladoras las palabras del sacerdote José García Patiño para quienes escucharon atentos su homilía. Era la misa con que la comunidad de la Universidad Santo Tomás despedía a su fundador, el empresario Gerardo Rocha, muerto el lunes en la Clínica Indisa. "Qué necesidad tiene hoy día el mundo de hombres fuertes como él, hombres que reparten como la llama sin apagarse, que sin disminuir la propia enciende la del prójimo". Nadie sabe si tanta semejanza con la realidad haya servido para expiar un asesinato cometido poco más de 73 días atrás en El Quisco, cuando el iracundo y enloquecido empresario asesinó con una carga eléctrica al supuesto ex amante de su mujer, para luego quemarlo, resultando él mismo herido de muerte por una inesperada explosión.
Puede ser eso lo que lleva a Verónica Espinoza Nawrath (34) a calificar como un "accidente" los sucesos que impulsaron a Rocha a matar a un viejo amigo de ella y su familia, Fernando Oliva.
Tras la muerte de quien fuera su pareja durante los últimos 10 años, padre de sus tres hijos, la mujer ha deambulado entre los desaires de la ex esposa (legalmente lo sigue siendo), Karla Haart, y los comentarios familiares que la culpan de ser la causa de toda la tragedia.
La actitud de la ex cónyuge dista mucho de la de los hijos que ella tuvo con el fundador de la UST. Durante la misa fúnebre, realizada en un convento en Pirque, Karla Rocha Haart fue la única de esa familia que se acercó a Verónica para darle el saludo de la paz.
Gabriel Rocha Haart, quien había llegado al país sólo horas antes proveniente de Emiratos Árabes (donde es piloto de una aerolínea), también hizo un pequeño gesto. Se acercó a ella y le reafirmó el compromiso que había adquirido con su padre mucho antes de morir: velar por el bienestar de sus tres hermanos.
Hasta la fecha, Verónica Espinoza no había dicho una sola palabra desde el crimen de Oliva. Hoy las cosas son distintas. Mientras los abogados de cada familia mantienen conversaciones, ella ha intentado seguir una rutina diaria para sobrellevar su duelo. Antes de dejar a uno los niños en el colegio, da instrucciones precisas para el cuidado de la casa. Luego, su día se reparte entre el gimnasio, la universidad donde cursa un magíster en sicología y su consulta particular. Sólo una camiseta "que aún conserva tu olor" la consuela cada noche al dormirse.
LA CARTA
Después del largo silencio público, le tomó menos de 48 horas preparar sus primeras letras donde recuerda el idilio lleno de amor y odio, de cariño y violencia; los momentos previos y posteriores al crimen y la esperanza de la recuperación que nunca llegó. Pero tal vez lo más consistente sea su deseo de que la obra que dejó su pareja no sea traspasada a manos ajenas de las que actualmente manejan la UST.
Cuando La Nación Domingo le consultó sobre el tema, sus primeras palabras
después de tanto silencio fueron claras: "Quiero que los sueños de Gerardo continúen como él quería, tal cual, sin modificación. Seguir adelante integrando lo comercial, a través de un sentido más humano y solidario. Educar y trascender en ese tema, como él quería, desde el nivel preescolar hacia adelante, educación continua hasta posgrado y doctorado, con una metafísica de vida, integrando los conceptos básicos para tener una vida plena e íntegra".
En momentos en que Larraín Vial sondea el mercado para un eventual traspaso o venta de la propiedad de la UST apoyado por la ex esposa legal de Rocha, que ha manifestado su interés en transar la entidad, el sonido de las palabras de Verónica Espinoza parece crecer: "Yo no quiero vender".
LOS 10 AÑOS
Verónica Espinoza también preparó una carta de cinco carillas donde resume su vida con Gerardo Rocha. Se encarga de destacar una notable coincidencia, ya que, según dice, "me acuerdo que fue el 20 de febrero de 1998, a las 11:30 horas, y como siempre me hiciste esperar 'sólo 15 minutos', decías tú, comenzamos nuestra relación de forma ilegal para muchos, pero incontrolable para nosotros; lo tratamos de evitar, pero el amor nos ganó".
Curiosamente, fue un 21 de febrero el día que Gerardo Rocha elegiría para eliminar a Fernando Oliva diez años más tarde.
No deja de llamar su atención que Rocha invitara a su mujer y sus tres hijos a la playa. Amigos de la familia aclaran que el empresario no acostumbraba a visitar el litoral central. Siempre prefirió destinos más exclusivos
"Me mostraste el mundo, junto a nuestros hijos, lugares exóticos y países maravillosos, como Bhután, Tailandia, India, China, Sri Lanka; anduvimos en elefante, acampamos en el desierto del Sahara, fuimos de safari y alojamos en un templo budista", recalca la mujer.
Las crisis producto de los celos de Rocha se habían desatado en agosto del año pasado, cuando el hombre se enteró de que Verónica Espinoza había visitado a un tarotista. El dueño de la UST vio en eso una amenaza, lo que lo llevó en ese momento a contratar los servicios del dueño de La Casa del Espía, Dante Yutronic, para revisar los correos electrónicos e interceptar las comunicaciones telefónicas tanto de ella como de su hermana (ver recuadro).
"Siempre decías que querías saber todo de mí, desde lo que sentía, lo que hice durante el día, con quién conversé y con quién no, y desde el primer día te lo conté todo, y a ti te encantaba esa sinceridad y franqueza con que te decía las cosas; decías que nadie te trataba así. Sólo algo doloroso me guardé, que sólo lo pude sacar en terapia, eso te obsesionó y te pusiste distante. No sé qué pasó, pero nuestro amor se veía empañado con nubarrones, con las grabaciones que escuchabas todas las noches, y las discusiones", recuerda Verónica.
Vinieron las depresiones, las sobredosis, las promesas incumplidas. Durante diciembre se produjo la última gran pelea, donde, aparte de golpes, se arrojaban cosas entre ellos frente a los niños, que observaban llorosos.
Luego de meses de intentos de suicidio y violencia, Rocha ofreció una tregua y su genio se calmó. Febrero parecía ser el mes más tranquilo después de los últimos meses. "Nos fuimos de vacaciones. Pasamos, gracias a tu hermano Gabriel, unos lindos días de playa y sol. La noche del 20 de febrero discutimos y te fuiste; a los dos minutos volviste y me pediste perdón. Me pediste que saliéramos a caminar, nos sentamos a la luz de la luna y las estrellas, te dije cuánto te necesitaba y tú me dijiste que te volvía el alma al cuerpo cuando me escuchabas decir eso; me dijiste que siempre íbamos a estar juntos, me estiraste tu mano y me pediste la mía; 'prometido'. No paraste de hablar, estábamos felices, que de ahora en adelante íbamos a ser totalmente felices, que ibas a hacer un tratamiento siquiátrico más efectivo".
VÍSPERA DEL CRIMEN
Lo que siguió a eso concuerda con las investigaciones realizadas por la Fiscalía de San Antonio, ya que, según se estableció por el tráfico de llamadas del celular de Rocha, después de asesinar a Oliva y resultar gravemente herido, producto de quemaduras provocadas por la explosión, éste intentó comunicarse con su mujer, antes de ser internado en la Clínica Reñaca.
"Ese día te despediste con un beso largo, largo, y me dijiste que volvías como tantas otras veces, en que ibas y siempre volvías. Me acosté con la cata esperándote que llegarás; siempre intentaste comunicarte conmigo desde que estuviste en el auto, yo tenía mi celular apagado, sólo al final pude hablar con Marcelo (tu fiel admirador y servidor, que hacía todo lo que tú le pidieras, sin cuestionar nada, igual que Myriam); fue él quién me dijo que estabas en la Clínica Reñaca y que tú le dijiste que me fuera rápido para allá, que tomara en el hotel un taxi que conociera el camino, porque era complicado llegar (como siempre, diste la instrucción completa).
Así llegaron los últimos momentos de absoluta conciencia de Rocha, mientras era atendido por el servicio de urgencia en Viña del Mar y se descubría el horrendo crimen que había dejado a su espalda esa misma noche en El Quisco.
"Te alcancé a ver antes de todas las operaciones que vendrían, y ahí estuvimos mirándonos fijamente, me dijiste que me amabas y que te perdonara. No entendía qué estaba pasando, ni menos cuando me despertaron los detectives, era una pesadilla, una película que no lograba asimilar, como las que te gustaban a ti con detectives, policías, pruebas, etc. Lo demás todo el mundo lo sabe".
Mientras los meses previos al crimen eran los peores en los 10 años que duró la historia entre Verónica Espinoza y Gerardo Rocha, la mujer también padecía de otros males. A las depresiones, los intentos de suicidio se sumó un tumor en uno de sus ovarios, que debió tratar silenciosamente.
"Una semana antes de irnos de vacaciones me diagnosticaron un tumor en el ovario derecho, y tú estuviste siempre a mi lado desde que fuimos al doctor a ver si era mejor operar, así lo hicimos, hasta que salí de la clínica, te quedabas a dormir conmigo en ese sillón que se partía en dos, como lo hiciste también cuando nacieron cada uno de nuestros hijos".
Verónica termina su carta agradeciendo el haber conocido y compartir su vida con Rocha: "Siempre nos dijiste, especialmente a los niños, los hombres no son ni buenos ni malos, a veces son buenos y otras veces son malos, así es la conflictiva humana (sic), Dios nos hizo así", concluye.
No hay testamento
Según Larraín Vial, el patrimonio de Gerardo Rocha llega a cerca de 100 millones de dólares. Muchos ojos están pendientes de esa fortuna. Verónica Espinoza ha depositado toda su confianza en el abogado Luis Hermosilla para "ver todas las situaciones que tienen que ver con asegurar el futuro de los hijos de Gerardo y ella. La idea no es pelear, sino resguardar el derecho de los niños", asegura una fuente cercana a la familia.
Pero Hermosilla, que es un experto en derecho penal, hizo entrar en el ruedo a un especialista en derecho de familia: Darío Calderón. Será éste, entonces, el encargado de asegurar que al momento de que se pida la posesión efectiva se reconozca el legítimo derecho de los tres hijos que tuvo con Verónica Espinoza. LND confirmó que Gerardo Rocha no dejó testamento.
Pese a que su hijo mayor, Gabriel, tiene un poder que lo convierte en administrador de su patrimonio, éste sólo tiene validez hasta que se inicie el trámite de posesión efectiva en el Servicio de Registro Civil.
Según la ley que regula este tema (19.903), la posesión efectiva de la herencia "es una resolución de los tribunales de justicia o del Servicio de Registro Civil e Identificación que declara herederos (de bienes, derechos y obligaciones) a quienes acreditan el vínculo de parentesco o de matrimonio con la persona fallecida".
De esta forma existen seis personas que cumplen con los requisitos para exigir su parte: Karla Haart, ex esposa legal de Rocha, más los cinco hijos.
Karla y Gabriel Rocha Haart, además de los tres hijos que Rocha tuvo con Verónica Espinoza, se reparten por partes el 50% de la fortuna. Cada hijo, de esta forma, podría hacerse acreedor de un patrimonio valorado en cerca de 10 millones de dólares. No hay plazos. ¿Quién será el primero? LND