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  Situación alimentaria mundial: un desafío de solidaridad

  La conferencia de Santiago es una inmejorable oportunidad para que los países de la región podamos intercambiar aprendizajes, especialmente a partir de lo que hemos sido capaces de hacer en Chile para erradicar la desnutrición infantil.

Lunes 12 de mayo de 2008

EL MUNDO SE está enfrentando al enorme desafío de encontrar soluciones rápidas y adecuadas ante el alza sostenida experimentada por los precios de los alimentos que constituyen la canasta básica de las familias. Creemos que este desafío se encuentra íntimamente asociado con la capacidad que tengan los países más ricos y de mediano desarrollo de apoyar con recursos financieros, tecnologías y conocimientos en un marco de solidaridad, a fin de que el mundo tenga un mejor estado nutricional y de bienestar.

Tanto los países más desarrollados como las agencias humanitarias internacionales han advertido que esta situación podría traducirse en un profundo retroceso en los avances que se han registrado en los distintos países en la superación de la pobreza, de la hambruna y de la desnutrición infantil. Esto se hace muy evidente, por ejemplo, en el continente africano.

Cerca de 100 millones de personas en el mundo no tienen suficientes recursos ni siquiera para adquirir una canasta básica de alimentos. Basta recordar la cantidad de personas que vive con menos de un dólar por día que, sumado al importante incremento en el valor de los productos alimentarios en el mercado mundial -la FAO ha señalado que en el último año el valor de la importación de cereales de los países más pobres ha aumentado en 56%- nos muestra un panorama bastante urgente de abordar y que atenta contra los derechos humanos básicos de las personas. Esto no nos puede dejar indiferentes.

Por otra parte, 189 estados hemos suscrito en 2000 la Declaración del Milenio de Naciones Unidas, que estableció ocho objetivos. La situación alimentaria actual pone en duda el logro de uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en torno a reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de la población que consume una cantidad insuficiente de alimentos y el porcentaje de niños menores de cinco años que presentan malnutrición.

Sin embargo, este complejo escenario alimentario es una oportunidad para que los gobiernos renovemos nuestro compromiso y redoblemos los esfuerzos por luchar contra la pobreza, la hambruna y la desnutrición en el mundo, poniendo a disposición experiencias de políticas y acciones exitosas y efectivas para prevenir situaciones en que los principales afectados son nuestros niños y niñas.

El 5 y 6 de mayo se celebró en Santiago la conferencia regional Hacia la erradicación de la desnutrición infantil en América Latina y El Caribe, organizada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Gobierno de Chile.

Nuestro país se ha transformado en un ejemplo a nivel regional en políticas y resultados de erradicación de la desnutrición infantil. Uno de los aspectos que considero indispensable destacar de este proceso es el consenso técnico y político que supo alcanzar nuestro país a partir de los '40, independiente de los ciclos económicos o de los gobiernos de turno. En el fondo, fuimos capaces de ponernos de acuerdo para construir políticas a favor de nuestros niños y niñas con una mirada de largo plazo, tal como lo seguimos haciendo hoy con iniciativas como el Sistema de Protección a la Infancia Chile Crece Contigo.

La experiencia chilena ha demostrado que la continuidad en el tiempo de los programas, la integralidad de las intervenciones y contar con un sistema se seguimiento ha sido fundamental para lograr los resultados que en la actualidad tenemos. Las áreas donde se ha focalizado la acción y los programas del Estado han sido las siguientes: salud, nutrición, educación y saneamiento ambiental.

La conferencia de Santiago es una inmejorable oportunidad para que los países de la región podamos intercambiar aprendizajes, especialmente a partir de lo que hemos sido capaces de hacer en Chile para erradicar la desnutrición infantil. Actualmente, la población infantil afectada por desnutrición se ubica en torno a 0,3%, mientras que aquella con algún nivel de riesgo y, por tanto, con un acompañamiento del sistema de salud, llega a 2,5%.

El escenario relativo a la situación de la alimentación a nivel mundial debe motivarnos a delinear una estrategia basada en un principio superior y común referido al desarrollo y la sustentabilidad de la humanidad; y para ello es necesario que los países y gobiernos apoyemos a la población más pobre del mundo, en especial aquélla más vulnerable a los efectos de estos ciclos económicos, que ciertamente son los niños, niñas y adolescentes.

Tenemos que seguir avanzando. Debemos actuar ya.

 

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