Inicio » Opinión

  Yo te llamo

  Hace cinco meses salgo con F y sólo en contadas ocasiones y para cuestiones muy puntuales me ha llamado por teléfono. Habitualmente me envía mensajes de texto del tipo "Hola".

Lunes 12 de mayo de 2008

"No nos llames, nosotros lo llamaremos" era hasta algún tiempo la famosa frase con que Hollywood rechazaba una oferta laboral o una idea para una película. Debo confesar que jamás he escuchado esta frase. En vez de ella, he escuchado otras, tal vez más chilenas, como: "No te preocupes, yo te llamo", que por lo general es pronunciada por un conocido, un compañero de trabajo e incluso un amigo o una novia. Y como es de imaginar, el llamado nunca se produce, lo que a la postre genera preocupación, que era lo que pretendía evitar la primera parte de la expresión.

Hace un tiempo le reproché esta actitud a un amigo, pero éste, impertérrito, contestó: "Para qué te iba a llamar, si no tenía nada que decirte". Repliqué que perfectamente podía haberme llamado para eso, pero él insistió en su actitud: "No estoy para andar perdiendo el tiempo en esas cosas". Pensé en ese momento que el único que había perdido el tiempo al llamarlo había sido yo y que debía aprender y no hacer caso a este tipo de expresiones.

Los otros dos amigos que tengo tienen un comportamiento similar. Uno, que es escritor y guionista de "Huaquimán y Tolosa", sólo me llama cuando está muy borracho para decirme: "León, León, tú sabís que te quiero, ¿cierto?, ¿cierto?". Luego continúa con una invitación al bar de mala muerte en donde se encuentra, pero como casi siempre es un poquito tarde termino rechazando la oferta. El otro es caso aparte, ya que me telefonea justo cuando va saliendo, ni un minuto antes ni uno después. En realidad no sé por qué lo hace.

Si con los amigos tengo suficiente, con las mujeres será distinto, pensarán ustedes, pero no. Hace cinco meses salgo con F y sólo en contadas ocasiones y para cuestiones muy puntuales me ha llamado por teléfono. Habitualmente me envía mensajes de texto del tipo: "Hola", "Todo bien" o "¿Qué tal?". Mensajes escuetos que se alargan interminablemente respuesta tras respuesta. En verdad preferiría poder escribirle abiertamente: "Yo te llamo". Sin embargo, ella trabaja en cine y conoce el significado de la expresión.

Pero esto sigue. La semana pasada viajé a Chaitén. Antes de irme, F se reunió conmigo en un café y, con los ojos llorosos, me pidió que no fuera, que tenía un mal presentimiento. Lo curioso fue que los días en que estuve en el sur jamás telefoneó, y eso que estaba preocupada. Tuve que mantenerla al tanto yo de mis movimientos: que salí de Chaitén, que voy llegando a Castro, que estoy en Puerto Montt, que las cervezas de medio son tan caras como un whisky, que adelanté el vuelo de regreso.

Sé perfectamente que no llamar o usar expresiones confusas o equívocas no constituye ni falta de cariño ni de preocupación, pero cuando éstas son tan persistentes en el tiempo uno quisiera que alguna vez al otro lado de la línea escuchara algo como: "Hola, ¿estás bien?" o "Te quiero, ¿lo sabes, cierto?" o incluso "Yo creo que el libro estará para dentro de un mes". ¿Será mucho pedir?

 

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.