
Lunes 12 de mayo de 2008
EL LOBBY DEL Hotel Miramar en Sao Tomé sería el escenario perfecto para un thriller de espías. Es el mejor de la ciudad, lo que no significa mucho, pero su lobby con aire acondicionado se ha convertido en un importante lugar de encuentro para todos los que tienen algún tipo de negocio en esta curiosa isla: oportunistas y sus asistentes, representantes de gobiernos extranjeros y organizaciones internacionales, y una cantidad de personajes turbios. Aquí se congrega gente buena y gente mala, pero distinguir a unos de otros no es fácil.
Están los efectivos de la Marina de Estados Unidos, que caminan por el lobby cada mañana rumbo al bus que los lleva todos los días a construir una estación de radar (como todos saben). Dos mujeres y un hombre trabajando en silencio en sus laptops: son miembros de una delegación del Banco Mundial que se reunirán con ministros del Gobierno. Luego están los hombres en camiseta, de quienes la gente dice que son de la CIA, aunque no sea necesariamente cierto. Los rumores son un lugar común.
Las islas de Sao Tomé y Príncipe conforman un solo país soberano, con una población de 160 mil habitantes. Hasta hace unos pocos años la única reivindicación a la fama de las islas eran estampillas con Marilyn Monroe, fraudulentas líneas hot sexuales y un producto de exportación clave: el cacao. Eso fue hasta que se descubrió petróleo bajo el subsuelo de la costa marítima del país. Podía ser una bendición o una maldición para esta pequeña nación; y parece que ha enloquecido a todos.
En el mapa del mundo, Sao Tomé y Príncipe son dos puntos apenas distinguibles en el Golfo de Guinea, casi exactamente en la línea del Ecuador, a 200 kilómetros de la costa de Gabón. La nación es pacífica, democrática y desesperadamente pobre. Sus habitantes sobreviven con la ayuda externa y préstamos internacionales. Aparte de una pequeña cosecha de cacao, el país carece de productos relevantes.
Los saotomesinos apenas podían creer su suerte cuando estudios sísmicos realizados en los '90 revelaron enormes reservas por 11 mil millones de barriles de petróleo justo frente a sus costas. ¡Eran ricos! Podían de pronto soñar en convertirse en una especie de Brunei africano, una rica y pequeña nación donde la gente podía vivir vidas despreocupadas. ¡El maná cayendo del cielo! Entonces, se interesó el resto del mundo. Empresas de Estados Unidos, China, Noruega y Canadá enviaron equipos a las islas y los gobiernos extranjeros (en especial Estados Unidos y el gran vecino de Sao Tomé, Nigeria) empezaron a demostrar interés.
Una riqueza en recursos naturales no siempre es buena para un país pobre. Se conoce como la "paradoja de la abundancia" y proliferan ejemplos desafortunados en el vecindario inmediato de Sao Tomé. Uno es Nigeria, un productor mayor de petróleo regido por el régimen corrupto del Presidente Olusegun Obasanjo desde 2007. Luego está Guinea Ecuatorial, cuyo brutal dictador Teodoro Obiang Nguema mantiene a su pueblo en la pobreza; y Gabón, donde la clase alta ha despilfarrado casi por completo la riqueza petrolera del país; y por supuesto Angola, que todavía sufre los efectos de su larga guerra civil. Cuando el Presidente de Sao Tomé, Fradique Melo de Menezes asumió el cargo en 2001, prometió que mantendría a su país libre de esos problemas.
Fradique es un hombre bajo y fornido, de gran mostacho. Un mercader de cacao que trata a todo el mundo por su nombre de pila. Impresionó a la comunidad internacional cuando habló de usar la riqueza petrolera para ayudar a su país. Con la colaboración del famoso experto estadounidense Jeffrey Sachs desarrolló una ley petrolera que debe ser la mejor de su tipo en el mundo: todos los ingresos petroleros tienen que ser depositados directamente en una cuenta del Banco Federal de Reserva en Nueva York. Sólo una pequeña parte del dinero puede integrarse al presupuesto nacional y el control sobre el petróleo corresponde a una comisión de saotomesinos de todo el espectro político.
Sao Tomé sería un modelo ejemplar para el mundo. Pero la comisión aún no existe y nadie ha visto los contratos con las compañías petroleras, que se suponían públicos.
Cuando el Presidente Fradique de Menezes (en la foto) llegó al poder hace más de seis años, impresionó tanto a los expertos como al Presidente estadounidense, George W. Bush. The New Yorker escribió: "¿Quién necesita a Arabia Saudita cuando se tiene a Sao Tomé?". Cuando Bush se reunió en septiembre de 2002 con diez jefes de Estado africanos, hasta dejó de jugar con su lápiz mientras Fradique hablaba, en un excelente inglés. En su discurso, Fradique señaló la importancia de las fuentes alternativas de petróleo fuera del volátil Medio Oriente. Su país, dijo, se ubica en una "locación estratégica en la región petrolera más importante del mundo: en el mar frente a la costa occidental de África". Fue una movida astuta de parte de Fradique, porque el petróleo de esta región vuelve locos a los estadounidenses. Importan actualmente 13% de su petróleo del África subsahariana, cifra que se espera aumente a 25% en unos pocos años. El petróleo africano es apreciado por su bajo contenido sulfuroso y sus reservas marítimas que permiten embarcarlo sin poner pie en el suelo de un país.
Tomé Vera Cruz fue primer ministro de Sao Tomé hasta febrero de 2007. Durante su mandato, el país cayó en una severa crisis económica. El precio de un kilo de arroz subió en cinco veces. La comida es escasa y en su mayoría importada. Aunque la electricidad sólo está disponible 12 horas al día, la empresa eléctrica estatal subió sus tarifas en 68%. Una unidad policial de elite se rebeló recientemente, ocupó el cuartel de la policía y tomó como rehén al jefe del cuerpo. Muchos culpan por los problemas de Sao Tomé al petróleo. "Desconfiamos unos de otros", dice Tomé Vera Cruz. "Mucha gente dejó de trabajar y esperan por el petróleo".
Hay un dicho en Sao Tomé: "Para hacerse rico, todo lo que hay que hacer es ser ministro durante 24 horas". Por ejemplo, el ministro de Recursos Naturales. Se llama Manuel de Deus Lima y todo el mundo en Sao Tomé conoce su historia. Trabajando para el Banco Central del país, hizo un acuerdo con una empresa de Liechstenstein para hacer una medalla conmemorativa del milenio. La trampa estuvo en que una parte de las ganancias fue directamente a él. Fue condenado a dos años en libertad condicional, lo que no le impidió ser nombrado ministro.
Pero los problemas no son solamente domésticos. La historia de Sao Tomé y Príncipe es una larga crónica de intervención extranjera. Cuando los portugueses las descubrieron en el siglo XV, estaban deshabitadas. Trajeron entonces esclavos del continente africano para enviarlos a América. Los esclavos plantaron caña de azúcar y más tarde café y cacao. Nada cambió mucho (durante siglos) hasta que en Lisboa un golpe militar derrocó a la dictadura en 1974. Los portugueses concedieron con velocidad la independencia a sus últimas colonias, incluyendo Sao Tomé y Príncipe, donde 100 mil personas se encontraron de pronto con una nación propia. Treinta y tres años más tarde, siguen cuesta arriba. Pese a los 600 millones de dólares en ayuda que ha recibido el país desde su independencia, el nivel de vida sigue cayendo. De acuerdo al Banco Mundial, más de 50% de la población es considerada "pobre".
ERHC es la empresa formada por el emprendedor sudafricano Christian Hellinger. Por cinco millones de dólares firmó un contrato con el Gobierno de Sao Tomé en 1997, así adquirió los derechos exclusivos para comercializar y explotar todas las reservas petroleras del país durante los siguientes 25 años. La ONG Global Witness lo calificó como "uno de los peores acuerdos de todos los tiempos". El Gobierno firmó acuerdos con otras empresas, incluyendo ExxonMobil, pero aparentemente fueron igual de malos. El Presidente Fradique renegoció algunos de los acuerdos, pero ERHC, ahora en manos nigerianas, mantiene su participación en las concesiones y en los nuevos yacimientos.
El segundo problema de Sao Tomé siempre fue su poderoso vecino Nigeria, que cuestionó la frontera marítima entre los dos países e impuso a Sao Tomé un acuerdo para una "Zona de desarrollo conjunto", por el cual 40% de los ingresos por la producción petrolera irían a Sao Tomé y 60% a Nigeria. Cuando los dos países licitaron las primeras licencias de perforación en 2003 y 2004, las cosas no anduvieron según lo previsto por los saotomesinos. La mayoría de las grandes compañías se abstuvieron, excepto con el sector más prometedor de la zona petrolera, conocido como Bloque 1.
Un consorcio entre Chevron y ExxonMobil se aseguró las licencias de perforación por un precio de 123 millones de dólares. Fue, sin embargo, un gran día para Sao Tomé. Su participación de 40% (49 millones de dólares) equivalía aproximadamente al presupuesto anual del país. Pero Nigeria retuvo el dinero, obligando así a Sao Tomé a conceder licencias a algunas pequeñas empresas en la siguiente ronda de licitaciones: compañías de propiedad de empresarios nigerianos estrechamente vinculados a los políticos de ese país.
La historia de Sao Tomé y su petróleo es una historia de malos acuerdos en un país que no conoce el negocio petrolero. Si alguien lo conoce es Patrice Trovoada, el rico hijo del primer Presidente democráticamente electo, Miguel Trovoada. Ha estado involucrado en casi todos los acuerdos. Niega toda culpa. Insiste en que todo lo que ha hecho ha sido intentar rescatar lo que otros enredaron. Fue ministro de Relaciones Exteriores de Fradique y luego su asesor petrolero. Fradique lo despidió, asegurando que los Trovoada consideraban al Estado su propiedad privada. Patrice se convirtió en su enemigo.
Hoy es Primer ministro del país. "Mi padre y yo elegimos a Fradique como Presidente", dice. "Pero uno siempre puede equivocarse". Patrice Trovoada circula en un Hummer junto con sus guardaespaldas. Se convirtió al Islam, tiene una empresa constructora en Houston, Texas, y nadie sabe cómo hizo su dinero. Rechaza las acusaciones de estar implicado en narcotráfico. Dice que quiere restablecer las cosas en Sao Tomé, donde los políticos dejaron de pensar en nada más desde que escucharon sobre el petróleo. Gastan dinero a raudales, dice. "¿Qué pasa si no hay petróleo?". Agrega que la corrupción es parte de la tradición de la isla, así como la compra de votos. Dice que él y Fradique lo hacen.
Las primeras perforaciones de prueba fueron una decepción. Chevron encontró petróleo a una profundidad de mil 700 metros, pero en cantidades tan pequeñas y de tan mala calidad que no era "comercialmente viable". La búsqueda de petróleo no siempre lleva a resultados claros. Unos datos sísmicos prometedores no garantizan que haya tanto petróleo como el esperado. Encontrar petróleo nuevo se ha hecho más difícil. Las empresas están perforando cada vez más hondo y, a medida que aumenta el precio del petróleo, perforar se hace más caro. Los chinos están actualmente perforando en el Bloque 2, mientras que los estadounidenses lo hacen en el Bloque 3. Hadas, una firma suizo-canadiense, está convencida de la existencia de petróleo y compró derechos de explotación en los cuatro bloques.
¿Y qué pasa con Fradique? Hace rato que dejó de hablar sobre sus ambiciosas metas. Se dice que sus relaciones con el equipo de Sachs se enfriaron. Ahora casi nadie cree que Sao Tomé vaya a ser un ejemplo para el mundo. El pescador Joaquín Sacramento arregla su bote en la playa de Sao Joao dos Angolares, dos horas al sur de la capital.
El verdadero tema en Sao Tomé tiene que ver realmente con él: si personas como Sacramento se beneficiarán alguna vez en algo del petróleo. Sacramento no tiene respuestas. "Somos pescadores", dice. "Alguien tiene que pescar. El petróleo es para los políticos". Él sabe de mar y muy poco de petróleo. Ha escuchado que el mar se pone rojo cuando las compañías perforan y duda de que eso le haga bien a los peces. "El océano es azul", dice. "Están acostumbrados a eso".